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Apostando a que Piñera tropiece
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
21 de julio de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) Hasta ahora casi todos los rivales del ex Presidente parecen más interesados en lograr que tropiece, que en tenderle trampas y ponerle obstáculos para entorpecer su camino a La Moneda. Pero considerando que él ha sido candidato presidencial ya dos veces antes —y en otras dos ocasiones intentó serlo sin éxito—, resulta difícil creer que esa estrategia tenga alguna posibilidad de éxito.
 
 

(El Líbero) Dada  la ventaja que lleva Sebastián Piñera en las encuestas, la poca actividad de campaña que están desplegando sus rivales sugiere que el inmovilismo es la estrategia dominante entre quienes constituyen el principal obstáculo para que el ex Presidente retorne al poder. Como si pusieran todas sus fichas en apostar a que Piñera va a tropezar, o a que el voto anti-Piñera es lo suficientemente alto como para que un maniquí lo derrote en segunda vuelta, sus principales contendores están más preocupados de pelearse entre ellos que de montar una campaña que logre la hazaña de robarle la victoria en la segunda vuelta presidencial.

Alejandro Guillier, el candidato de los partidos de izquierda de la Nueva Mayoría, ha perdido un par de meses impulsando una campaña de recolección de firmas innecesaria y contraproducente. Innecesaria, porque Guillier podría haber sido candidato por alguno de los tres partidos que ya lo han proclamado. Contraproducente, porque ha debido pedir a esos mismos partidos de los que parece avergonzarse que le reúnan las firmas que él requiere para ser inscrito como candidato independiente. Guillier, que en su trayectoria profesional y política nunca se caracterizó por ser el más esforzado ni el más trabajador, ha perdido valiosos meses en recolectar las firmas y no ha sido capaz de armar un comando de campaña que funcione, ni tampoco una estructura territorial que pueda movilizar al votante de izquierda y a aquellos que no quieren ver a Piñera de regreso en La Moneda.

La pobre planificación de Guillier combina con su poca preocupación por los detalles. Además de las numerosas declaraciones desafortunadas (desde anunciar que, si Lagos era candidato, él se abstendría de competir, hasta el llamado a hacer asados en vez de votar el día de las primarias) —errores no forzados difíciles de entender en alguien que es un comunicador profesional—, Guillier pareció ni siquiera haber revisado la propuesta de programa de gobierno que elaboró su equipo. El documento sugería revertir la política del Banco Central respecto a la flotación del dólar para adoptar mecanismos de bandas de precio para la divisa estadounidense. O bien no lo revisó lo suficientemente bien como para advertir esa propuesta que, presumiblemente va contra sus posturas, o bien Guillier fue incapaz de defender su cambio de posición cuando arreciaron las críticas contra la idea de terminar con la flotación del dólar.

En todas estas instancias, él ha demostrado pocas habilidades como candidato presidencial. No por nada, desde que llegó a su peak en enero de 2017, la candidatura ha sido incapaz de seguir creciendo.  Aunque Guillier aparece como competitivo contra Piñera en segunda vuelta, ese presumible apoyo a su figura dice más del alto rechazo que tiene el ex Mandatario que de alguna fortaleza hasta ahora desconocida del periodista.

Por su parte, Beatriz Sánchez, la candidata del refundador Frente Amplio, ha decidido apretar el acelerador en su búsqueda de los votos más izquierdistas. Con un discurso en el que las señales de descontento e insatisfacción superan con creces los mensajes de esperanza y optimismo, ella parece destinada a convertirse en el Grinch que arruinó la fiesta que debe ser una contienda democrática.  Porque Sánchez ha centrado su discurso en subrayar todo lo que está mal en Chile hoy, su mensaje parece resumirse en que todo está mal en Chile. Ese mensaje pesimista, además, no está acompañado de recetas de cómo ella pretende solucionar el problema. Al más puro estilo de pitufo gruñón, Sánchez le habla a un electorado enrabiado que, o bien ya es el voto cautivo de la izquierda extrema o simplemente no irá a votar. En vez de ir a capturar a los votantes moderados, Sánchez ha preferido hablarle a esa construcción idealista, pero equivocada, de que los que marchan en la calle hablan por las grandes mayorías de Chile.

Las candidaturas alternativas de la senadora DC Carolina Goic y de Marco Enriquez-Ominami luchan por hacerse viables. Pero en esa lucha, solo ME-O ha salido a golpear con fuerza a Piñera —aspirando a rivalizar con el mismo candidato contra el que, en 2009, obtuvo un 20% de los votos en primera vuelta—, mientras que Goic parece determinada a competir con Guillier por los votos leales de la centroizquierda.

Con todo, hasta ahora casi todos los rivales de Piñera parecen más interesados en lograr que el ex Presidente tropiece, que en tenderle trampas y ponerle obstáculos para entorpecer su camino a La Moneda. Pero considerando que él ha sido candidato presidencial ya dos veces antes —y en otras dos ocasiones intentó serlo sin éxito—, resulta difícil creer que la estrategia de esperar que tropiece tenga alguna posibilidad de éxito. Mientras Guillier y Sánchez sigan enfrascados en estrategias equivocadas, el vuelo de Piñera a La Moneda seguirá anticipándose como despejado y tranquilo.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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