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Artículos / Opinión
Gabriel C. Salvia
La diplomacia parlamentaria y la política exterior en derechos humanos
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
9 de diciembre de 2017
(Perfil) Los legisladores pueden presentar proyectos de declaración que condenen en países dictatoriales casos de violaciones de derechos humanos y solicitar pronunciamientos de sus respectivos gobiernos en los organismos intergubernamentales; denuncien los procesos electorales que no son libres, justos y transparentes en regímenes autocráticos; y reconozcan la labor e iniciativas de activistas democráticos en riesgo.
 

(Perfil) La experiencia de activistas de derechos humanos en las dictaduras militares del Cono Sur, en Sudáfrica y en los regímenes comunistas de Europa Central y del Este, reconoce como un factor fundamental de apoyo moral en esos períodos de represión y persecución política, a la solidaridad democrática recibida desde el exterior. Por ende, Argentina, Chile y Uruguay están obligados moralmente a asumir un liderazgo regional e internacional en la promoción y defensa de los Derechos Humanos.

Pero su accionar no tiene que ser exclusivo de los gobiernos y sus respectivas cancillerías, pues existen varios factores que limitan la implementación de una política exterior activa en derechos humanos, principalmente las cuestiones económicas, es decir el carácter prioritario que le asigna cada país a exportar sus productos y atraer inversiones del extranjero. En consecuencia, necesita complementarse con el accionar de la diplomacia parlamentaria.

El Poder Legislativo Nacional es independiente del Ejecutivo, por lo menos en sistemas republicanos como los de Argentina, Chile y Uruguay, y por tal motivo los parlamentarios tienen la capacidad política de hacer aquello que los gobiernos no pueden, en especial por temor a represalias comerciales.

Por ejemplo, los diputados y senadores nacionales pueden: presentar proyectos de declaración que condenen en países dictatoriales casos de violaciones de derechos humanos y solicitar pronunciamientos de sus respectivos gobiernos en los organismos intergubernamentales; denunciar los procesos electorales que no son libres, justos y transparentes en regímenes autocráticos; y reconocer la labor e iniciativas de activistas democráticos en riesgo.

Obviamente, las cancillerías y embajadas de las dictaduras podrán transmitir sus quejas, pero la respuesta diplomática del Gobierno será siempre que se trata de iniciativas de representantes de un poder independiente, y que además tanto Argentina, Chile como Uruguay no presentaron reservas cuando se adoptó la “Declaración Universal sobre la Democracia” por parte de la Unión Interparlamentaria Mundial en 1997.

Dicha declaración, en su capítulo sobre “La dimensión internacional de la democracia” (artículo 27), expresa lo que tiene que ser la guía para la diplomacia parlamentaria comprometida internacionalmente con los derechos humanos: “Una democracia debe defender los principios democráticos en las relaciones internacionales. En ese sentido, las democracias deben abstenerse de toda conducta no democrática, expresar su solidaridad con los gobiernos democráticos y los actores no estatales, como son las organizaciones no gubernamentales que trabajan en favor de la democracia y los derechos humanos, y extender su solidaridad a todas las víctimas de violaciones de derechos humanos en manos de regímenes no democráticos”.

Al cumplirse este 10 de diciembre de 2017 sesenta y nueve años de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, resulta oportuno desde países democráticos que vivieron dictaduras, aportar iniciativas para avanzar internacionalmente en el ideal de libertad, paz y solidaridad.

Fuente: Diario Perfil (Buenos Aires, Argentina)

Twitter: @GabrielSalvia
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

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