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Artículos / Opinión
Adolfo Garcé
Mirando la elección presidencial de Chile con un ojo en Uruguay
Por Adolfo Garcé
21 de diciembre de 2017
(El Observador) En el balotaje termina ganando el que logra coordinar mejor sus apoyos. El FA tiene una ventaja extraordinaria: los partidos de oposición siguen dispersos. Recae sobre el Partido Nacional y su principal referente público, el senador Luis Lacalle Pou, la delicada responsabilidad de acertar en la conformación de la oferta del bloque opositor.
 

(El Observador) Finalmente el ex presidente chileno Sebastián Piñera se impuso con mucho margen sobre el candidato oficialista Alejandro Guillier. Este resultado, que hace algunos meses era el más esperado, terminó sorprendiendo porque en la primera vuelta de la elección presidencial el líder de la derecha obtuvo menos apoyo del esperado. Sin pretender ser demasiado original, paso a compartir algunas reacciones con un ojo puesto, como es habitual, en la competencia política en Uruguay.

En primer lugar, el resultado lleva agua al molino de quienes argumentan que una "ola de derecha" viene sacudiendo la política latinoamericana. El triunfo de Mauricio Macri en Argentina, el de Pedro Kuczynski en Perú, la sustitución de Dilma Rousseff por Michel Temer en Brasil, son algunos de los antecedentes más recientes y notorios de esta nueva tendencia regional que vendría a tener en la victoria de Piñera, una confirmación adicional. Cada país es un mundo. Pero en todos estos casos, en mayor o menor medida, conviven dos tipos de malestares. Por un lado, problemas económicos: las economías o dejaron de crecer o muestran muy poco dinamismo. Por el otro, problemas políticos: la credibilidad de los elencos gobernantes resultó severamente erosionada por denuncias de corrupción. En Chile, en concreto, la baja tasa de crecimiento económico parece haber ocupado un lugar más importante que las denuncias de corrupción en el debate electoral. Corolario 1: cuando se generaliza la percepción que la economía está en problemas, aumenta la propensión de los electores a apoyar la promesa de maximizar el crecimiento explicitada por la derecha.

En segundo lugar, en el caso chileno jugó un papel determinante el miedo. Para recuperar terreno e imponerse en el balotaje, Piñera puso mucho énfasis en argumentar que un triunfo de Guillier generaría un escenario de mucha incertidumbre. El propio Guillier, por querer captar los votos de izquierda recogidos en la primera vuelta por el Frente Amplio, al enviar señales a este tipo de electores parece haber atemorizado a los ciudadanos centristas. El discurso del candidato oficialista terminó siendo más radical de lo que la mayoría de los chilenos está dispuesta a apoyar. Pero, a mi juicio, circuló otro miedo, tan o más decisivo que el anterior. Los chilenos esperan que quien ejerza la presidencia trasmita la impresión de conocer los asuntos de Estado. No quieren presidentes "populistas" sino verdaderos "estadistas". No quieren improvisados sino líderes solventes. Guillier despertaba simpatía pero no inspiraba confianza. Piñera le sacó mucha ventaja a su rival desde este punto de vista. Corolario 2: a la hora de decidir el voto para presidente, la ciudadanía maximiza la seguridad.

En tercer lugar, es obvio que la derecha logró coordinar mucho mejor que la izquierda. La derecha eligió a su candidato en una elección primaria. La izquierda no. La derecha dio señales claras de unidad. La izquierda, el novel Frente Amplio, mientras tanto, no disimuló su reticencia ante el proyecto político encarnado por Guillier. Desde luego, tal como ocurre en España desde que irrumpió Podemos, es extraordinariamente difícil para el partido de izquierda que nace de un desencanto profundo ante una izquierda que considera light, terminar apoyándola. No faltaron, seguramente, electores de izquierda que prefirieron que ganara Piñera ahora para que, en un futuro cercano, pueda crecer más vigorosamente la izquierda frenteamplista. Corolario 3: el que no coordina a tiempo corre el riesgo de perder su oportunidad.

Los apuntes anteriores tienen conexiones obvias con el proceso electoral uruguayo. Una de las razones de la baja popularidad del presidente Vázquez y del histórico retroceso experimentado recientemente por el Frente Amplio en intención de voto es que la economía se frenó. Las mediciones muestran también que los temas económicos han pasado nuevamente a ser los más importantes para la ciudadanía. Sin embargo, hay señales claras de recuperación del PBI. Y es perfectamente posible que, durante el año electoral, la economía esté creciendo nuevamente a tasas importantes. La gran pregunta es hasta qué punto la ciudadanía percibirá la recuperación del dinamismo que esperan la mayoría de los expertos. Desde luego, la corrupción, que se ha convertido en tema de debate público al menos desde fines de 2015, es el otro talón de Aquiles del partido de gobierno.

Otra decisión muy difícil que tendrá que encarar el FA es la elección de su candidato a la presidencia. Los electores, si mi interpretación es correcta, también en Uruguay quieren que el presidente sea "confiable". Mirado desde este ángulo, nada mejor para el FA que una candidatura a la presidencia de Danilo Astori, que jugó un papel decisivo en el gobierno de la economía a lo largo de estos tres mandatos consecutivos. Pero, al mismo tiempo, y por eso mismo, es decir, por haber tenido sobre sus hombros una parte clave de la gestión, despierta mucha resistencia según las mediciones que se conocen. Daniel Martínez, en ese sentido, tiene ventajas competitivas respecto a Astori. Pero la gran pregunta que deberán responder los frenteamplistas es hasta qué punto el líder emergente inspira tanta seguridad como jefe de gobierno como el actual Ministro de Economía.

Finalmente, en el balotaje termina ganando el que logra coordinar mejor sus apoyos. El FA tiene una ventaja extraordinaria: los partidos de oposición siguen dispersos. Recae sobre el Partido Nacional y su principal referente público, el senador Luis Lacalle Pou, la delicada responsabilidad de acertar en la conformación de la oferta del bloque opositor.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.
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