27.5.2018
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Artículos / Opinión
Patricio Navia
Vocación de oposición minoritaria en la izquierda
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
24 de enero de 2018
(El Líbero) Después de haber estado 24 de los últimos 28 años en el poder, varios partidos de izquierda parecen crecientemente cómodos en su condición de oposición minoritaria. Los partidos de izquierda aparecen seducidos por la idea de que por fin pueden ser ideológicamente puros en su desencanto con el país que ellos mismos ayudaron a construir.
 

(El Líbero) Pese a que la mayoría de los senadores y diputados que compondrán el próximo Congreso se identifica con la izquierda, ese sector ha desarrollado una incomprensible vocación minoritaria. En vez de construir acuerdos entre radicales y moderados, la izquierda parece preferir perder el control del Congreso y dedicarse a hacer oposición desde los movimientos sociales. Si bien las protestas callejeras serán un dolor de cabeza para el gobierno de Sebastián Piñera, Chile Vamos debiera aprovechar la oportunidad y negociar con quien esté disponible para lograr el control de las mesas y la mayoría en las comisiones del Senado y de la Cámara.

El 19 de noviembre la izquierda celebró el tropiezo de Piñera en primera vuelta, pero fueron los resultados en ambas cámaras lo que más satisfacción produjo en el sector. De los 43 miembros que tendrá el Senado, 23 se identifican con fuerzas de izquierda, 19 con Chile Vamos y uno se declara independiente (Carlos Bianchi). Entre los 155 miembros de la Cámara, 83 se identifican con la izquierda y 72 con Chile Vamos.

Parecería evidente que la izquierda, por más diferencias que haya entre sus miembros, debiera ser capaz de ordenarse y dividirse el control del Senado y de la Cámara por los próximos cuatro años. Las presidencias y vicepresidencias de las corporaciones, las mayorías y la presidencia de comisiones constituyen una fuente valiosa de poder político. Dado que el Ejecutivo estará en manos de Chile Vamos, la izquierda debiera unirse para convertir al Congreso en el principal contrapeso del poder presidencial.

Sorprendentemente, las señales que ha dado el sector en las últimas semanas apuntan a que Chile Vamos todavía tiene alguna posibilidad de negociar con facciones o grupos de centro o izquierda para alcanzar el control de al menos una de las cámaras. Ya sea porque diputados del PDC o PR den su apoyo a una mesa controlada en conjunto con legisladores de Chile Vamos o porque en el Senado se produzca alguna negociación que involucre a los senadores Soria, Guillier y Bianchi —que serían suficientes para dar vuelta la mayoría a favor de Chile Vamos— hay opciones no despreciables de que el Congreso también sea controlado por la derecha en los próximos cuatro años.

Si bien ese escenario constituiría una gran noticia para Chile Vamos, la división de la izquierda en el principal espacio de influencia que puede ejercer en el próximo cuatrienio lleva a cuestionar la vocación de poder que predomina en ese sector.

Para varios en el Frente Amplio, el principal objetivo parece ser desplazar a la Nueva Mayoría como la principal fuerza opositora. En vez de unirse a la NM para defender las reformas que implementó Bachelet —fundamentalmente la gratuidad universitaria, que depende exclusivamente de una mayoría en el Congreso, en tanto se financia por glosa presupuestaria en la ley de presupuesto y no por una ley específica—, el Frente Amplio aparece más preocupado de convertirse en líder de la oposición al gobierno de Piñera.

Los partidos de la NM aparecen cada vez más divididos. A diferencia del período 2010-2014, cuando la popularidad de Bachelet cohesionó a esos partidos ideológicos distintos, esta vez no hay una fuerza que induzca a la unidad. La tentación por seguir el camino propio —que ya le costó varios escaños a la NM en noviembre— se impone incluso al momento de negociar el control de la Cámara y el Senado. En vez de cerrar filas para dividirse las únicas cuotas de poder a las que ahora tienen acceso, los partidos de izquierda parecen resignados a que algunos grupos se vayan por la libre y negocien con Chile Vamos.

Después de haber estado 24 de los últimos 28 años en el poder, varios partidos de izquierda parecen crecientemente cómodos en su condición de oposición minoritaria. Porque al ser oposición no tienen la obligación de construir mayorías para avanzar en reformas —aunque éstas no sean la materialización perfecta de sus sueños—, los partidos de izquierda aparecen seducidos por la idea de que por fin pueden ser ideológicamente puros en su desencanto con el país que ellos mismos ayudaron a construir.

Esa actitud pavimentará su camino a futuras derrotas electorales, en tanto para ganar elecciones en segunda vuelta hay que conquistar a los votantes moderados. Por cierto que Chile Vamos mira con satisfacción esa vocación de oposición minoritaria que se empieza a imponer en la izquierda. Pero tal como la falta de competencia electoral le hizo mal al país cuando la derecha se contentaba con tratar de frenar desde la oposición las reformas que querían hacer los gobiernos de la Concertación, Chile se verá adversamente afectado si la izquierda cae presa de una vocación de oposición minoritaria.

Para que la democracia funcione, se necesita que haya al menos dos grupos en competencia por el poder. Cuando la izquierda se divide entre diversas facciones que luchan por controlar quién será la oposición minoritaria, la calidad de la democracia termina pagando los costos.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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