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Artículos / Opinión
Francisco Belaunde Matossian
Aferrarse al poder
Por Francisco Belaunde Matossian
17 de febrero de 2018
A estas alturas, todo indica que Assad ha logrado salvar su trono, pero, ahora, no solo está sentado sobre un montón de ruinas y de cadáveres; a Kim Jong Un no le importa que la población de su país sufra escasez e incluso hambruna; y Nicolás Maduro sigue su libreto aunque ello implique empujar a centenares de miles de sus compatriotas a emigrar.
 

Este no es un artículo de política interna. Me refiero específicamente a los casos de los sátrapas Bashar al Assad, de Siria, Kim Jong Un, de Corea del Norte, y Nicolás Maduro, de Venezuela.   

El primero, en vez de renunciar tras el inicio de las masivas protestas pacíficas en su contra, en marzo de 2011, prefirió reprimir a los manifestantes a sangre y fuego, desencadenando así la guerra civil que todavía no termina; el país ha quedado devastado, con un saldo, hasta ahora, de alrededor de 400,000 muertos, seis millones de refugiados en el exterior y entre seis y ocho millones de desplazados internos, entre otras consecuencias catastróficas. Sin duda, a estas alturas, todo indica que Assad ha logrado salvar su trono, pero, ahora, no solo está sentado sobre un montón de ruinas y de cadáveres, sino que, además, tiene que compartir el poder con sus salvadores rusos e iraníes, que tienen su propia agenda; a ellos se añaden los turcos y los norteamericanos que también tienen presencia militar en el territorio sirio para sus propios fines, y los israelíes, cuyos aviones intervienen repetidamente en el marco de su conflicto con Irán y el movimiento libanés chiita Hezbollah. Es decir, el carnicero de Damasco ya no preside un país independiente.

Por su parte, el mandamás de Pyongyang gasta miles de millones de dólares en desarrollar un arsenal nuclear cuyo único fin es permitirle conservar el poder. No le importa que la población de su país sufra escasez e incluso hambruna, las que podrían ser superadas con esos fondos. Tampoco que, debido a su pretensión, Corea del Norte enfrente duras sanciones económicas, y se encuentre ante la posibilidad de una guerra que la destruiría.

Finalmente, en Venezuela, Nicolás Maduro y sus cómplices Cabello, Padrino y El Aissami, entre otros, siguen imperturbablemente su libreto destinado a asegurarles la permanencia al mando del país, aunque ello implique arruinarlo y empujar a centenares de miles de sus compatriotas a emigrar, generando un problema de dimensiones regionales que se agrava cada vez más y con consecuencias imprevisibles.

Por supuesto, la lista de locos por el poder no acaba aquí, pues varios otros también hacen de las suyas en diversas otras partes del mundo.

• Artículo publicado en el diario La República el 16 de febrero de 2018