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Artículos / Opinión
Marcos Novaro
El acto de Moyano: la única virtud fue la brevedad
Por Marcos Novaro
22 de febrero de 2018
(TN) Los seis oradores de la convocatoria, incluido el líder camionero, concentraron sus discursos en media hora y hablaron antes de lo previsto.
 

(TN) Un acto en varios sentidos deslucido, cuya única virtud fue la brevedad de los oradores, como si los propios organizadores hubieran querido que el mal trago pasara lo más rápido posible. La asistencia fue muy por debajo de lo esperado. Los ánimos, aún peor: no había entusiasmo ni afectio societatis entre los asistentes, muchos de los cuales empezaron a irse cuando todavía los oradores desgranaban sus pocas ideas.

El mensaje estuvo entre lo repetitivo y lo desajustado. “Si lo tocan a Moyano te paramos el país”, cantaron los asistentes, y el propio Hugo hizo reiteradas referencias a su situación judicial (“no tengo ninguna imputación por corrupción, por ahora”, sic) aunque el frontispicio del palco rezaba “Unidad en defensa de los trabajadores” y todos los discursos refirieron a la unidad y el ajuste, queriendo mostrar que su preocupaciones eran desinteresadas.

Pero era inútil, lo que resultó evidente fue que Moyano logró con su movida dividir al sindicalismo como hace tiempo no estaba y debilitar a las expresiones de oposición en general. Detrás suyo, es claro después de esta jornada, ni unos ni otros tienen mucho futuro.

El sindicalismo ya lo sabía. Por eso se han acelerado los tiempos de una recomposición de la conducción de la CGT. Puede que lo que resulte sea igualmente una CGT dividida, pero entre los gordos, los independientes, barrionuevistas y sindicatos del transporte tienen suficiente masa crítica para presentarse como la facción por lejos más grande y con mayor capacidad de presión. Liberados del yugo que sobre ellos ejerció Moyano desde el comienzo del kirchnerismo esperan tener un futuro próspero negociando con el gobierno y evadiendo el celo investigativo de los jueces.

En cuanto a la oposición política, no podía saber que las cosas saldrían tan mal. Aunque los peronistas moderados, e incluso parte del kirchnerismo que intenta serlo, se venían preparando también para un mal resultado. Recordemos que no sólo el PJ nacional, sino también el porteño, que responde al portero Santa María, anunciaron a voz en cuello que no se plegaban a la concentración. Los gobernadores incluso adelantaron en estos días que avalan para sus paritarias de este año el 15% que propone Macri como pauta. Y varios de ellos sumaron críticas bien precisas a la convocatoria: Moyano se cortó solo, defiende sus exclusivos intereses y no es de fiar hasta que no aclare su situación en la Justicia.

Sólo el kirchnerismo de paladar negro, el que reúne a La Cámpora y algunos intendentes del conurbano, más las CTAs y los movimientos sociales enfrentados con el gobierno, los que orienta Juan Grabois, se movilizaron a pleno. Pero no pudieron compensar las ausencias, sus números también estuvieron bastante por debajo de las reunidos en épocas de mayor entusiasmo, ni pudieron evitar por tanto dar la impresión de que sumaban sus falencias a las del líder camionero, en vez de complementar y potenciar sus recursos con los suyos. Un rejunte de los que van quedando fuera del mapa por más ruidoso que sea tiene difícil disimular que es un pegoteo de ocasión. Y eso es lo que se respiró en la calle durante el acto.

¿Moyano aleccionará y se moderará? En parte al menos todavía puede hacerlo, y seguramente los que en su organización se preocupan más por los intereses perdurables de los camioneros se inclinarán por esta opción. En vez de oponerse a todo, ¿no les conviene reabrir negociaciones con el gobierno por ejemplo respecto a los costos de fletes, al saneamiento de su obra social y a empresas en problemas como OCA y el Correo Argentino?

Para otro lado presionará seguramente Pablo Moyano, que aunque jefe operativo del sindicato viene actuando en todo esto más bien como impulsor de la politización del conflicto, tanto en su cariz judicial como en el frente gremial. Puede que insista en abrazarse con Máximo Kirchner y en conformar una corriente federal de gremios combativos con lo poco que han juntado en esta pelea, las dos CTA, bancarios, algún gremio suelto más. Pero deberá convencer a su padre y al resto de la familia. Facundo ya avisó que no es de ese parecer: se mostró entre indiferente y despectivo ante la presencia de Máximo cerca del palco, dando a entender que no le interesa colaborar con su hermano mayor en un entendimiento con ese sector.

Así las cosas, se confirma que al menos en esta pelea el gobierno lleva las de ganar. Y que por más disgusto que haya en la sociedad con la conjunción de precios nuevos y salarios viejos, con los pifies del oficialismo y otras malas noticias que enturbiaron el verano, el horno no está para marchas, porque pocos creen que haya otras opciones mejores a la mano.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)


Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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