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Hugo Machín Fajardo
Periodismo mata indiferencia sindical
Por Hugo Machín Fajardo
Twitter: @MachinFajardo
8 de enero de 2019
Con la llegada de gobiernos de izquierda al poder a principios del siglo XXI diferentes sindicatos dejaron de practicar la solidaridad con los colegas perseguidos en ciertos países. Es fácilmente verificable visitando los sitios web de las agrupaciones sindicales de Argentina, Bolivia, Brasil o Uruguay, por mencionar países con extensas tradiciones sindicales.
 

"El trabajador aislado es instrumento de fines ajenos; el trabajador asociado, es dueño y señor de su destino", escribió Rodó hace más de cien años. Desde entonces ha cambiado el mundo del trabajo, aunque en Latinoamérica todavía puede verificarse la muerte por agotamiento a causa de las condiciones laborales en el sector sucroalcoholero de Ribeirão Preto y región (SP). Es lo que analiza la brasileña Cândida da Costa, doctora en Ciencias Sociales, en su trabajo de postdoctorado para la Universidad de Brasilia.

En el periodismo, según el país que analicemos, las muertes mayoritariamente sobrevienen por homicidio. Unos 94 colegas han sido asesinados en el mundo en 2018 por enemigos de la Libertad de Expresión, de los cuales 27, en Latinoamérica. Se suma a esta cifra trágica el daño en la salud de miles de periodistas por desempeñar su labor en condiciones de extrema peligrosidad, o de amenaza constante.

Los sindicatos de periodistas latinoamericanos del Siglo XX, como el que dirigí hace años, la Asociación de la Prensa Uruguaya-Sindicato de Trabajadores de la Comunicación Social (APU-STCS), y las federaciones sindicales que agrupan a los mismos, se caracterizaron por aunar la defensa de las condiciones del trabajador de prensa a la solidaridad para con los colegas en riesgo en otros países y a la formación profesional. No estuvieron exentos de la influencia de la Guerra Fría es cierto, y se ideologizaron partidariamente al punto de en ocasiones desnaturalizar sus funciones primigenias. No obstante, cumplían un importante papel de denuncia y solidaridad respecto a los regímenes de fuerza que asolaron el continente con la consabida represión al Derecho a la Información de las respectivas ciudadanías.

El cambio. Con la llegada de gobiernos de izquierda al poder a principios del siglo XXI, eso cambió en Latinoamérica. Diferentes sindicatos dejaron de practicar la solidaridad con los colegas perseguidos en ciertos países. Es fácilmente verificable visitando los sitios web de las agrupaciones sindicales de Argentina, Bolivia, Brasil o Uruguay, por mencionar países con extensas tradiciones sindicales. En algún casos, dirigentes de esos gremios se postularon a diputaciones por el PT brasileño. Se perdió la independencia de clase tan defendida años antes, para adherir a fines partidarios coyunturales. Ocurre lo mismo con las federaciones que nuclean a los sindicatos latinoamericanos de prensa. Ingrese quien quiera constatarlo a los sitios de la Federación de Periodistas de América Latina (Fepalc) o de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Escasamente se encontrará alguna denuncia sobre la situación de los periodistas cubanos, nicaragüenses o venezolanos. Muy poco ante la dramática realidad que sufren los periodistas de esos países. “Es momento de cambiar el tono de informar y dar ahora un grito a la comunidad internacional para que entienda lo que se está viviendo en Nicaragua!", expresó el colega nicaragüense Aníbal Toruño, en un seminario digital realizado el 12 de diciembre de 2018 por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

La no gubernamental Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), denuncia acciones de espionaje contra periodistas que acuden a su sede en Managua. Téngase en cuenta que organismos humanitarios de ese país cuentan hasta 545 muertos y 674 presos políticos desde el estallido social contra Ortega el 18 de abril pasado. El Gobierno reconoce 199 víctimas mortales y 273 reos, a los que tilda de terroristas, golpistas o delincuentes comunes.

En Venezuela se han verificado 536 violaciones a la libertad de expresión entre enero y noviembre de 2018, de acuerdo al portal Espacio Público: “Cada vez que se golpea a un periodista se golpea a la sociedad y a la posibilidad de acceder a información”, sostiene el director de esa ONG, Carlos Correa.

Cuando dejó de editarse en papel el periódico El Nacional, de Caracas, el secretario general del sindicato de periodistas de Venezuela (SNTP), Marco Ruiz Silvera, denunció el 14 de diciembre de 2018, que el 60% de los medios de comunicación del país desparecieron bajo el gobierno chavista.

Cubanos. Otra situación de periodistas a quienes se les niega la solidaridad sindical es a  los colegas cubanos. La isla de los Castro sigue siendo no solo el país peor calificado de América Latina, sino que es “un calvario para la prensa independiente”, según Reporteros Sin Fronteras (RSF).

No es la primera vez que escribo sobre esto. En 2019 ingreso a mis 49 años de oficio periodístico. No sé si lo completaré, nadie puede asegurar que vivirá mañana. De pronto recuerdo, después de muchos años, mientras escribo esto, a uno de mis torturadores del centro clandestino La Tablada en diciembre de 1981 asegurándome que mis manos quedarían tan destrozadas que nunca más volvería a escribir. Pero siempre recordaré que la solidaridad de periodistas de otros países nos salvó la vida a tantos uruguayos. Eso no se puede ni se debe olvidar.

Los ejemplos latinoamericanos de periodistas ultimados por informar en los setenta y ochenta son múltiples y suponen un rastro de sangre que recorre la región al sur del Río Bravo hasta la Patagonia. Van desde Vladimir Herzog, asesinado en la tortura por los militares brasileños en 1975; pasan por Rodolfo Walsh, creador de la agencia Ancla bajo el terrorismo de Estado de Videla en Argentina de 1976, -un periodista que si bien compatibilizó su oficio con el de integrante de la guerrilla montonera, innegablemente reaccionó contra la censura impuesta por una dictadura-; y llegan hasta José Pepe Carrasco, a quien entrevisté en Santiago bajo la dictadura pinochetista en 1986, acribillado cuatro meses después  por la represalia del dictador milagrosamente ileso de la emboscada del Cajón del Maipo.

Integra esa nómina de colegas Edmundo Rovira, ex secretario de redacción de El País de Montevideo, muerto en prisión en 1980 en la cárcel política que era entonces el Penal de Libertad.

Forman, junto a decenas más, la galería heroica del periodismo regional. Pero es frustrante que hayan quedado como memoria pasiva en lugar de ser estímulo para mantener alerta la denuncia y la solidaridad con los colegas que hoy son perseguidos, encarcelados, torturados en cárceles políticas.

Pero, ¿saben qué? El irrenunciable papel que esos sindicatos de periodistas han dejado de lado, ha sido tomado, robustecido y multiplicado por numerosas entidades dedicadas a la defensa de la Libertad de Expresión y a la formación de periodistas[i]. Algunas son muy conocidas, como la mencionada RSF, o el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), que propició el pasado lunes 7 de enero de 2019, que 244 periodistas internacionales de Argentina a Estados Unidos, Francia a Eslovenia, Australia a Zambia, firmaran una carta dirigida al presidente de Nicaragua expresando su preocupación por el creciente deterioro de la libertad de prensa en ese país.

La buena noticia es que, como se verifica en la física, todo espacio vacío tiende de forma natural a ser llenado. Numerosas organizaciones desarrollan una importante labor de información, contralor, y verificación del estado del Derecho a la Información de la ciudadanía, función dejada de lado por ciertas dirigencias sindicales del periodismo.



[i] Articulo 19 (México y Centroamérica); Artigo 19 (Brasil); Asociación Mundial de Radios Comunitarias América Latina y el Caribe (AMARC ALC); Asociación Nacional de la Prensa; Asociación por los Derechos Civiles (ADC); Associação Brasileira de Jornalismo Investigativo; Association of Caribbean Media Workers; www.aplpcuba.org; Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública; Centro Nacional de Comunicación Social; Comité por la Libre Expresión; https://twitter.com/pro_prensa; https://www.connectas.org/; Derechos Digitales; Espacio Público; Foro de Periodismo Argentino; Fundación Karisma; Fundación para la Libertad de Prensa; Fundamedios - Fundación Andina para la Observación y el Estudio de Medios; Instituto de Prensa y Libertad de Expresión - IPLEX; Instituto Prensa y Sociedad;Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela; Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia - OBSERVACOM; Observatorio Latinoamericano para la Libertad de Expresión; Trinidad and Tobago's Publishers and Broadcasters Association

Twitter: @MachinFajardo
Acerca del autor
Hugo Machín Fajardo
Hugo Machín Fajardo
Periodista desde 1969, una forzada interrupción entre 1973 -1985, no le impidió ejercer el periodismo clandestino. Secuestrado en 1981 por la dictadura uruguaya, permaneció desaparecido y torturado hasta 1982, en que fue recluido en el Penal de Libertad hasta 1985. Ex -docente de periodismo en Universidad ORT, de Montevideo. Ex vicepresidente de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU). Jurado del Premio Periodismo para la Tolerancia, 2004, de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) /Unión Europea. Coordinó "Periodismo e Infancia-2005". Integró diversas redacciones periodísticas de medios y agencias de noticias en Montevideo, Uruguay. Actualmente se desempeña como free -lance.
Twitter: @MachinFajardo