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Patricio Navia

El bluff de Correa y el dilema de Insulza

Ahora que se ha descubierto que su postura era un bluff, el presidente ecuatoriano Correa está en una posición difícil. A menos que se le facilite una salida digna y se minimice su costo político, se corre el riesgo que Correa no tenga otra salida sino apoyar el discurso belicista y confrontacional de Chávez. Eso sería, además de peligroso, inconveniente para la paz y estabilidad de la región. Por su parte la OEA se ve obligada a intervenir justo cuando Insulza preferiría estar preparando su candidatura presidencial en Chile, debiendo demostrar que su única prioridad es solucionar el conflicto entre los países andinos.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
4 de marzo de 2008
 

El presidente ecuatoriano Rafael Correa quiso aprovechar la ilegal entrada a territorio ecuatoriano por parte de las fuerzas armadas colombianas para victimizarse ante la comunidad internacional, fortalecer su popularidad en Ecuador y debilitar la reputación internacional de Álvaro Uribe. Pero como en una mala jugada de póker, el gobierno de Uribe no le creyó el bluff­ cuya traducción literal es fanfarroneo­ y Correa he terminado duramente golpeado por el desarrollo de los eventos recientes.

En protesta por la invasión de territorio, Correa expulsó al embajador de Colombia y demandó el involucramiento de la comunidad internacional.

Enarbolando la bandera nacionalista, fustigó al presidente Uribe y rechazó la matanza de guerrilleros de las FARC en territorio ecuatoriano. Después que el ministro de relaciones exteriores de Colombia Fernando Araújo públicamente ofreciera disculpas a Ecuador, Correa respondió con una dura declaración por cadena nacional de televisión el domingo por la noche. Con un discurso firme, aunque menos histriónico que la intervención del presidente Chávez, Correa tomó una línea similar a la de Chávez. Aunque no anunció movilización de tropas, sí tuvo palabras muy duras para su par colombiano.

Después del discurso de Correa, el gobierno colombiano dejó en evidencia el bluff de Correa.

Antes de ser abatido, el líder guerrillero y portavoz de las FARC, alias Raúl Reyes, había tenido una reunión secreta con Gustavo Larrea, el Ministro de Seguridad de Ecuador. Aparentemente mandatado por Correa, Larrea había ofrecido remover de la zona fronteriza a militares ecuatorianos hostiles a las FARC, presumiblemente para que éstas pudieran cruzar ocasionalmente la frontera para refugiarse en Ecuador.

Adicionalmente, Larrea le habría pedido al líder de las FARC crear espacio para que el presidente Correa se involucrara en la negociación para la liberación de los rehenes. Incluso se señaló el nombre de un rehén que pudiera ser entregado al presidente Correa. Aparentemente, Correa comparte el objetivo del presidente Chávez de otorgar reconocimiento oficial a las FARC como ente beligerante. El ministro Larrea habría ofrecido protección al liderazgo de las FARC para que se trasladaran hasta Quito para tener una reunión secreta con el presidente ecuatoriano.

Las conversaciones secretas entre el gobierno de Correa y las FARC violan los acuerdos internacionales. Si Colombia erró al ingresar a territorio ecuatoriano, el gobierno de Correa premeditadamente permitió que las FARC se refugiaran en su territorio. De hecho, uno de los secuestrados de las FARC liberados recientemente había declarado que, durante su cautiverio, había sido trasladado temporalmente a Ecuador. Al no informar a Colombia de sus encuentros con las FARC, el gobierno de Correa también incumplió compromisos, violó normas internacionales y, de facto, tomó partido en el conflicto interno colombiano. Aunque la acción de Colombia no se justifica, las faltas de Ecuador, denunciadas por el gobierno colombiano en base a la evidencia encontrada en unos computadores que llevaba consigo el guerrillero Raúl Reyes al momento de ser abatido, son mucho más graves. Es más, el enojo de Correa explicitado en su cadena nacional de televisión del domingo por la noche ante la invasión de territorio realizada por las tropas de Colombia ahora parece incluso hipócrita ante la evidencia de ingresos ilegales regulares a Ecuador por parte de las FARC en meses recientes.

Antes de las revelaciones sobre los contactos del gobierno de Correa con las FARC, el rechazo a las disculpas del gobierno colombiano expresadas personalmente por el presidente Correa parecería entendible, aunque es inconducente a calmar los ánimos. Correa parecía seguir la misma línea de denunciar a Uribe y escalar el conflicto asumida por el presidente Chávez. Pero en el caso de Correa, su postura parecía más justificada, ya que, después de todo, el territorio de su país había sido invadido por tropas de un país vecino.  Pero las más recientes revelaciones sobre el encuentro del ministro Larrea con el líder de las FARC dejan a Correa en un muy mal pie en su país y ante la comunidad internacional.

Inicialmente, el gobierno colombiano dio a entender que la captura se había realizado en territorio colombiano. De haber aceptado esa tesis, el gobierno de Ecuador habría podido negociar con su par colombiano para evitar que se hicieran públicos los documentos que informaban sobre el encuentro secreto entre el Ministro Gustavo Larrea, y el líder guerrillero.

Pero el gobierno ecuatoriano decidió denunciar la invasión de su territorio por tropas colombianas.

Aunque no fue tan lejos como el presidente Chávez, que guardó un minuto de silencio por el guerrillero abatido, el presidente Correa sí habló de "una masacre" contra guerrilleros "casi todos en ropa de dormir" y que se habían hallado cadáveres con "tiros en la espalda."  Después de acusar al presidente Uribe de "mentirle a Ecuador y al mundo," Correa dijo no poder confiar en el gobierno de Colombia. Aunque también denunció las acciones y métodos de las FARC, dijo no aceptar que "a pretexto de lo que ellos [el gobierno de Colombia] llaman terrorismo, se implanten doctrinas y prácticas inaceptables de irrespeto a la soberanía de los estados."

Ante la dura postura de Correa que abiertamente rechazó el gesto conciliador, el gobierno colombiano decidió endurecer también su discurso.

Al hacer públicos los documentos sobre el encuentro y los diálogos del gobierno de Correa con las FARC, el gobierno de Uribe busca poner a su par ecuatoriano a la defensiva. Por eso, luego de haber ofrecido disculpas públicas por ingresar a territorio ecuatoriano, el gobierno colombiano ha decidido no escalar el conflicto ­y por lo tanto no enviará tropas a las fronteras con Venezuela y con Ecuador­ y en cambio centrarse en su lucha contra las FARC. Al insistir adicionalmente en la condición de pueblos hermanos con Venezuela y Ecuador­ y denunciar a la vez las relaciones entre los gobiernos de esos países con las FARC­ el gobierno colombiano busca debilitar el apoyo al discurso belicista del mandatario venezolano. Si en Venezuela la oposición lograr articular una postura unida y popular a favor de la paz, Chávez terminará también debilitado.

Ahora que se ha descubierto que su postura era un bluff, el presidente Correa está en una posición difícil. A menos que se le facilite una salida digna y se minimice su costo político, se corre el riesgo que Correa no tenga otra salida sino apoyar el discurso belicista y confrontacional de Chávez. Eso sería, además de peligroso, inconveniente para la paz y estabilidad de la región.

El dilema de Insulza

Ahora que la OEA se ve obligada a intervenir para poner paños fríos al conflicto de las FARC que involucra también a Ecuador y Venezuela, su Secretario General José Miguel Insulza se enfrenta a su desafío más difícil en el momento más inconveniente. Justo cuando preferiría estar preparando su candidatura presidencial, Insulza debe demostrar que su única prioridad es solucionar el conflicto. Afortunadamente para él, mientras más demuestre su disposición a dejar de lado su propio interés presidencial para abocarse al conflicto trilateral, más posibilidades tiene de llegar a La Moneda.

En Washington, la crítica recurrente a Insulza ha sido que piensa más en la presidencia de Chile que en los desafíos de la OEA. Ya que quisiera estar en Santiago en marzo de 2010, sus obligaciones de la OEA inevitablemente tienen un horizonte menos extendido. La crisis trilateral actual lo obligará a mostrar donde está su corazón. Si se involucra en la crisis, acallará a los críticos. Si la crisis se extiende por demasiados meses, Insulza tendrá que renunciar a sus aspiraciones presidenciales. Pero a menos que envíe señales de compromiso absoluto y permanente con la solución del conflicto, la suya no podrá ser una intervención exitosa.

Con razón, muchos reclaman por la debilidad de la OEA para promover adecuadamente la democracia, contribuir al fortalecimiento de las instituciones y avanzar el combate a la pobreza.  En tiempos de paz, por ineficiencias propias y porque los países miembros así lo prefieren, la OEA nunca ha tenido un papel preponderante. Pero la situación cambia cuando hay conflictos. La creciente tensión trilateral obliga a la OEA a involucrarse. Precisamente porque muchos dudan de su capacidad, la participación de la OEA debe ser eficiente y decidida. El liderazgo de la organización, personificado en Insulza, debe dejar en claro que se juega su prestigio. El fracaso no es una opción aceptable.

Para poder tener éxito en este desafío, Insulza debe tener dedicación exclusiva, tome el tiempo que tome. Si fracasa, Insulza, la OEA y los tres países involucrados serán perdedores. Si el conflicto se extiende demasiado, Insulza deberá renunciar a su opción presidencial en Chile. Pero si logra salir airoso y se alcanza una solución duradera y permanente antes de en Chile se definan las candidaturas presidenciales, entonces Insulza habrá contribuido a la paz regional y, de paso, tendrá una inmejorable plataforma para sus aspiraciones presidenciales en Chile.

Fuentes: Infolatam http://www.infolatam.com/entrada/el_bluff_de_correa-7290.html y Diario La Tercera.

 

 
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
Twitter: @patricionavia