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Patricio Navia

¿Cuándo se jodió la Concertación?

Hasta sus más acérrimos defensores reconocen que la coalición política que por más tiempo gobernó Chile y mejores resultados sociales y económicos alcanzó está venida a menos. Los resultados de la elección municipal evidencian que, aunque siga siendo la coalición más votada, estos no son sus mejores días.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
4 de noviembre de 2008
 

La otrora poderosa máquina electoral de la Concertación y su loable habilidad para liderar la transición a la democracia y conducir al país por la vía del desarrollo y la consolidación democrática se encuentran incuestionablemente debilitadas. Las acciones de la Concertación en la bolsa de valores políticos están por el piso. Hasta sus más acérrimos defensores reconocen que la coalición política que por más tiempo gobernó Chile y mejores resultados sociales y económicos alcanzó está venida a menos. Los resultados de la elección municipal evidencian que, aunque siga siendo la coalición más votada, estos no son sus mejores días.

Parafraseando el celebrado lamento reflexivo de Vargas Llosa sobre su país natal, ¿cuándo se jodió la Concertación? ¿En qué momento la coalición del arcoíris se convirtió en un conglomerado político desordenado, excluyente, gerontocrático y balcanizado? 

Desde su formación oficial antes del plebiscito de 1988, esta coalición nacida como un arcoíris de partidos, grupos y grupúsculos determinados a provocar el retorno de la democracia a través de los votos se ha impuesto en todas las elecciones celebradas en Chile. Cuatro contiendas presidenciales, cinco parlamentarias y cinco elecciones municipales-incluida la del 26 de octubre-ha convertido a la Concertación en la coalición política electoralmente más exitosa en la historia de Chile.  Pero aunque se anotó una victoria, la sensación prevalente al interior de la coalición oficial y en la opinión pública es que la Concertación languidece.

Por primera vez desde el retorno de la democracia, la Concertación sacó menos votos en alcaldes que la Alianza. Los 2,9 millones de votos que la coalición centro-izquierdista recibió en 2004 se redujeron a 2,5. Incluso los 3,1 millones de voto que logró Bachelet en 2005 ya distaban mucho de los 3,8 que alcanzó Aylwin en 1989 o de los 4,1 millones que logró Frei en 1993.

Pero el declive de la Concertación no es solo una cuestión de votos. La gente hoy parece menos satisfecha y menos identificada con la coalición de gobierno que a comienzos de la transición. En diciembre de 1994, la encuesta CEP preguntó por primera vez por la adhesión de los chilenos a las coaliciones. Un 47% se identificaba con la Concertación, un 19% con la Alianza y un 27% con ninguna. Desde entonces, la identificación con las coaliciones ha caído sistemáticamente. Ya en diciembre de 2001, la adhesión a la Concertación había caído a un 33%, mientras que un 29% se identificaba con la Alianza y un 28% no se identificaba con ninguna coalición. En la encuesta más reciente de junio de 2008, la identificación con la Concertación cayó a un 23%. Un 14% se identifica con la Alianza, un 6% con el Juntos Podemos y un 52% no se identifica con ninguna coalición.

La Concertación ha experimentado una caída sistemática desde 1994. Durante la segunda mitad de los 90, la adhesión a la Concertación se movió a la par con la aprobación presidencial. Pero durante la administración Lagos, la aprobación presidencial se despegó de la identificación con la Concertación. Esto en parte porque el diseño estratégico del gobierno de Lagos buscó separar la suerte del presidente de la de su coalición. Cuando arreciaron los escándalos de corrupción, Lagos acuñó su celebrada frase del "caiga quien caiga." La Moneda buscó salvar al capitán aunque se hundiera el barco de la coalición. De ahí que cuando Lagos logró subir su aprobación, la Concertación no logró recuperarse.

Pero los partidos políticos que la forman también comparten responsabilidad por el lamentable estado actual de la coalición. Desde que concurrieron a fundarla, los partidos siempre vieron a la Concertación como un medio para conseguir el fin de llegar al poder más que como un fin en sí misma. Los cuatro partidos que la componen siempre privilegiaron sus propios intereses individuales por sobre el bien de la coalición. Los ocasionales llamados de autoridades políticas a convertir a la Concertación en un gran partido que incluyera a los 4 existentes siempre fueron fuertemente rechazados por los propios partidos. Si bien la Concertación fue siempre más que la suma de sus partidos, los jerarcas partidistas han preferido mantener sus cuotas de poder que asumir el enorme desafío de fundar un partido incluyente, centro-izquierdista moderado y moderno, capaz de enfrentar los desafíos actuales de la democracia. En vez de aprovechar la oportunidad para innovar y construir futuro, los partidos demostraron una incomprensible aversión al riesgo. Peor aún, equivocadamente creyeron que mientras el país cambiaba y se modernizaba, el sistema político podía mantenerse incólume. 

Al final, los partidos fueron incapaces de crecer y ampliar su base de adherentes y simpatizantes. En su obstinación pequeño-partidista, ignoraron que la Concertación les brindaba una inmejorable oportunidad para crecer y renovarse. En vez de subirse a un barco más grande y poderoso, se empeñaron en pilotear ese gigantesco barco desde sus frágiles y retrógrados botes. Al final, el barco terminó por encallar y los botes se están hundiendo.

La llegada de Bachelet al poder reflejó pero también exacerbó la crisis de los partidos. Bachelet se consolidó como candidata a pesar de no ser la favorita de la elite de su partido socialista. Su popularidad en las encuestas le permitió imponerse. Los partidos aceptaron su candidatura porque era la mejor carta electoral, aunque siempre resintieron que Bachelet haya ignorado a los partidos en su campaña. Una vez en el poder, Bachelet quiso promover la participación ciudadana para corregir las falencias y limitaciones de la democracia representativa en que los partidos controlan los mecanismos de representación. Aunque correctamente diagnosticó los problemas de la democracia chilena, Bachelet no supo adoptar un tratamiento adecuado para remediar la situación.

En cambio, su discurso alertó a los partidos que todavía tenían suficiente poder para bloquear cualquier iniciativa presidencial. Por eso, Bachelet no pudo convertir su promesa de mayor participación en políticas concretas en buena medida porque los partidos exitosamente bloquearon dichas iniciativas.

Ahora que los resultados electorales evidencian la crisis partidista y reflejan su vulnerabilidad electoral, la coalición de gobierno está en un gigantesco embrollo. Confundida por eufóricos que niegan la existencia del problema-y se aferran a una poco convincente victoria en concejales en la última contienda municipal-y pesimistas que quieren tirar la toalla antes de tiempo, la Concertación debe enfrentar el desafío electoral más difícil de su historia en las condiciones socio-económicas más adversas. Aunque todos los presidenciables insistan en su compromiso de muchos años con la coalición, parece ser que se impone la idea que la crisis es tan grande que la única forma de salvar a la Concertación es poniendo todos los huevos en la canasta de un candidato cuyo liderazgo individual pueda suplir todas las falencias de una coalición que nunca recibió el cuidado que se merecía de los partidos que de ella tanto se beneficiaron. Como la gallina de los huevos de oro, la Concertación terminó siendo el principal ingrediente de una cazuela que se sirvieron los partidos oficialistas durante estos 20 años de democracia.

Fuente: Revista Poder, 07, noviembre 2008

 

 
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
Twitter: @patricionavia