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Patricio Navia
Prediciendo la elección presidencial en Chile
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
7 de marzo de 2009
Nueve meses antes de la elección presidencial, los politólogos no podemos anticipar quién será el ganador, pero sí podemos identificar cuáles son los factores o variables que incidirán en esa definición.
 

Los politólogos no podemos anticipar quién ganará la presidencial, pero sí podemos identificar los factores o variables que incidirán en esa definición.

En su capacidad predictiva, la ciencia política se parece a la sismología y a la meteorología. Somos mucho mejores prediciendo qué variables influirán en el proceso electoral que anticipando quién será el próximo presidente.

Los meteorólogos saben cuándo se tienden a producir precipitaciones, y los sismólogos conocen a la perfección las regiones donde son más probables los terremotos. Pero ni los primeros nos pueden decir cuándo golpeará la próxima tormenta ni los segundos pueden anticipar el próximo terremoto. Nueve meses antes de la elección presidencial, los politólogos no podemos anticipar quién será el ganador, pero sí podemos identificar cuáles son los factores o variables que incidirán en esa definición.

Una forma de entender las variables que influyen en una elección es imaginando un cuadrado. Cada uno de los lados corresponde a una familia de variables. Aunque podemos saber desde ya qué candidatos aparecen con más fortalezas en cada uno de los lados del cuadrado, las estrategias de campaña y los inesperados eventos políticos determinarán qué lado pesará más en los votantes. Por eso, si bien los candidatos intentarán resaltar sus fortalezas y enfatizar las debilidades de sus rivales, los imprevistos -igual como ocurre con la sismología y la meteorología- contribuirán con esa inevitable cuota de incertidumbre que nos imposibilita hoy a predecir con certeza al ganador.

Los cuatro lados del cuadrado electoral están definidos por la economía, el gobierno saliente, la cultura política del país y los candidatos. Hoy, dos de los lados del cuadrado parecen favorecer a Piñera, otro beneficia a Frei y un cuarto dependerá tanto de eventos ajenos a los candidatos como de las campañas.

La economía siempre influye en las elecciones. Pero no todos los fenómenos económicos afectan de igual forma. La inflación alta casi siempre perjudica al gobierno, igual que el desempleo. Pero cuando las crisis son producidas por fenómenos externos, el gobierno puede convertir su respuesta a la crisis en un activo electoral. Por eso, el alto desempleo que se anticipa para 2009 no necesariamente favorece a Piñera. Si es encasillado como empresario, Piñera puede ser castigado por el alto desempleo. De ahí que la Concertación posiblemente insista en que el desempleo no es provocado por la crisis, sino por los empresarios. A su vez, el paquete de medidas del gobierno constituye una oportunidad inmejorable para la Concertación. Si lo usa bien, puede transformar la crisis en una plataforma ganadora. La advertencia de Frei a mediados de 2007 -cuando arreciaba la crisis del Transantiago y el senador pedía su estatización- ahora parece mostrarle un norte al gobierno. La Concertación no está dispuesta a dejarle US$20.000 millones a la Alianza.

Ahora que llegaron los años de las vacas flacas, la Concertación puede abrir la billetera con el mismo argumento de responsabilidad fiscal que usó para acumular el superávit. Andrés Velasco ha pasado de ser el ministro tacaño a convertirse en el visionario que ahorró responsablemente y que gasta ahora que más se necesita. Por eso, aunque en principio una situación económica desfavorable es un pasivo para el gobierno, Piñera carga con el pesado lastre de ser empresario y la Concertación tiene la billetera llena para gastar mucho sin ser acusada de irresponsabilidad fiscal.

El segundo lado del cuadro es el desempeño del gobierno saliente. Sus 20 años en el poder no ayudan a la Concertación. La gente está agotada de ver los mismos nombres y apellidos. La falta de renovación en la elite gobernante constituye un pasivo costoso. Pero la popularidad de Bachelet, con sus celebrados éxitos e inconfundibles fracasos, es un activo para la coalición de gobierno. Después del desastre del Transantiago y la incapacidad para forjar un acuerdo para una gran reforma educacional, Bachelet se ganó el cariño de los chilenos. A los ojos de la elite, puede no ser una buena presidenta. Pero es querida por la gente. A diferencia de Lagos, cuya aprobación entre la gente de más ingresos era superior a su aprobación entre los pobres, Bachelet tiene mejor aprobación entre los más pobres. Mientras menos gusta en la elite, Bachelet más "la lleva" con el pueblo. Si Lagos hablaba de ella, Bachelet se ganó el corazón de la señora Juanita. Michelle es la presidenta del pueblo y cualquier campaña presidencial que busque golpearla pagará costos con los chilenos de menos ingresos, que vale la pena recordar, constituyen una mayoría.

Normalmente, 20 años en el gobierno pesan más que el cariño por una persona. Por eso, Piñera tendría la ventaja ante un electorado agotado con la Concertación. Pero así como no sabíamos qué efecto iba a tener una popular mujer como candidata en 2005, tampoco podemos anticipar el efecto que tendrá una presidenta saliente querida por los chilenos. Si Bachelet se la juega por Frei, Piñera habrá querido haberse sumado al ahora visionario Lavín que tempranamente se declaró bacheletista-aliancista.

El tercer lado del cuadrado es la cultura política. Aquí la Concertación tiene ventaja. Desde 1988, producto de la unión de la izquierda y centro, la Concertación ha sido mayoría cultural en Chile. En el peor de los años y con el peor candidato, la Concertación siempre tiene un piso más alto que la Alianza. Por eso que Lavín en 1999 y Piñera ahora se han esforzado en subrayar sus credenciales de centro. Piñera debe insistir en sus posturas moderadas, tolerantes y pluralistas (abandonando su preferencia por adornar todo con tres adjetivos). Su discurso humanista cristiano es atractivo y amenaza creíblemente el predominio electoral de la Concertación. Si bien necesita a la UDI para penetrar los sectores más populares, mientras más fotos con los jerarcas UDI se tome, más difícil será para Piñera socavar la fortaleza de la Concertación con el electorado moderado.

El cuarto lado del cuadrado es el que más puede cambiar. La campaña importa, porque ahí se construyen los mensajes y se miden los candidatos. Piñera parece mejor candidato. Tiene experiencia inmediata haciendo campaña, se comunica mejor en televisión y tiene enorme disponibilidad de recursos. Frei en cambio debe intentar que la campaña sea mucho más sobre temores que sobre esperanzas. Ya que su discurso de futuro es menos elaborado y convincente, Frei debe buscar convertir la campaña en un debate técnico más que de frases hechas. Frei necesita que la elección sea vista como un momento para escoger a un piloto para navegar aguas turbulentas. Mientras Frei es un buen piloto que no se distraerá, Piñera pudiera ser uno que quiera lucirse demasiado.

Frei necesita que los chilenos escojan a un oncólogo, no a un cirujano plástico. Si bien Piñera parece mejor preparado para ser candidato y para armar una campaña bien orquestada, la historia está llena de candidatos que cometieron grandes y costosos errores.

A nueve meses de la elección, sobran los agoreros que se atreven a predecir ganadores. Pero así como también se puede anticipar que el 11 de diciembre hará calor, esas predicciones son sólo educadas y sofisticadas adivinanzas.

Por lo pronto podemos saber sobre qué ejes se decidirá el resultado electoral y a partir de eso concluir, modestamente, que Piñera parte con ventaja, pero que la Concertación está en una sorprendente buena posición para ganar por quinta vez consecutiva.

Fuente: Revista Poder, marzo 2009

 

 
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Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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