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Patricio Navia

Andrés Velasco: Improbable héroe

Después de ser criticado por la Concertación por no gastar, ahora Velasco parece tener la llave para la victoria en diciembre. Si gasta bien -tanto en la acepción política como técnica de la palabra- Velasco puede convertirse en el facilitador de una victoria de la Concertación.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
13 de abril de 2009
 

Después de sufrir por tres años ataques de legisladores oficialistas, el ministro de Hacienda de Chile, Andrés Velasco, se ha convertido en pieza clave para el éxito electoral de la Concertación. Porque el renacer del gobierno se debe al sólido manejo económico y porque la suerte de la Concertación en las parlamentarias y presidenciales de diciembre depende en parte de la habilidad del gobierno para gastar adecuadamente los recursos para enfrentar la crisis, Velasco tiene las llaves para una quinta victoria presidencial de la Concertación. En tanto entienda que su tarea es hacer que otros brillen, coronará con éxito su desempeño ministerial. Si en cambio cae en la tentación de hacer una carrera política desde Hacienda, Velasco perderá buena parte del poder que ha acumulado.

Desde que se convirtió en el primer titular de Hacienda sin militancia política, Velasco ha sido blanco favorito para las críticas de parlamentarios oficialistas ansiosos de aumentar el gasto. La Presidenta Bachelet, que le demostró más confianza que la que sus predecesores brindaron a sus ministros de Hacienda, involuntariamente alimentó esas críticas. Cuando confidenció que regularmente le preguntaba por qué no se podía gastar más, Bachelet insinuó que ella quería gastar, pero su ministro no la dejaba.

La debilidad del equipo político afectó negativamente a Velasco. Si Hacienda siempre debe jugar defensivamente para cuidar la plata, la ausencia de buenos operadores políticos en La Moneda dejó a Bachelet sin ofensiva en sus primeros dos años. Además de cuidar la plata, Velasco ocasionalmente también intentó avanzar la agenda legislativa. Bachelet lo apoyaba, pero también alimentaba las posturas opuestas de Osvaldo Andrade, que desde el Ministerio del Trabajo torpedeaba constantemente el discurso y las iniciativas de Hacienda. Durante sus dos primeros años, Bachelet jugó a dos bandas. Por un lado insistía en defender a Velasco, alienando a parlamentarios concertacionistas, y por otro, alimentaba las posturas más estatistas de Andrade.

Las protestas estudiantiles de 2007 obligaron a Bachelet a realizar un cambio de gabinete. La entrada de Belisario Velasco en reemplazo de Andrés Zaldívar en Interior trajo más manejo político. Pero Bachelet pronto se distanció de su jefe de gabinete. La implementación del Transantiago produjo un quiebre irreparable entre los dos Velasco. Belisario insistía en que Hacienda era culpable. Andrés se deslindó de responsabilidad. El segundo cambio de gabinete, con el ingreso de Viera-Gallo en Presidencia, calmó las aguas. Pero Andrés Velasco seguía en posición compleja. Podía manejar Hacienda con férrea disciplina fiscal, pero la Presidenta mantenía su ambigüedad entre las dos almas de la Concertación.

Velasco también contribuyó a granjearse enemigos. La forma en que frenó el proyecto del puente de Chiloé y cómo le cortó el financiamiento a Ferrocarriles del Estado en 2006, le trajo innecesarios enemigos. Sus relaciones con parlamentarios oficialistas eran reconocidamente malas.

Velasco no sólo cuidaba la disciplina fiscal, lo hacía causando daño innecesario a parlamentarios que, irresponsable pero comprensiblemente, querían fortalecer sus propias bases de apoyo y asegurar un triunfo personal y de la Concertación en 2009.

La puesta en marcha del Transantiago le costó caro a Velasco. Las quejas arrecieron y sus excesivamente numerosos adversarios se unieron para buscar tumbarlo. Desde los nostálgicos de un Estado empresario hasta los fiscalmente irresponsables, desde los socialistas dogmáticamente anti-neoliberales hasta los DC de inexpugnables posturas estatistas, Velasco se convirtió en el secuestrador que tenía prisionera a una presidenta que parecía querer gastar más e irse a la izquierda. Ante los clamores oficialistas por un velasquicidio, Bachelet optó por sacrificar algunos aliados del influyente ministro. Pero Velasco logró recuperar poder hasta forzar la salida de Belisario Velasco de Interior.

Las cosas empezaron a mejorar en 2008. Después de un 2006 y 2007 de complejas y equivocas decisiones -como llevar el conflicto de Codelco a tribunales, cuando debió haber sido zanjado por decisión presidencial- Velasco comenzó a cosechar los frutos de su férrea disciplina fiscal. Si en 2007 debió resistir las críticas de parlamentarios oficialistas por no ceder en las presiones de gasto -incluidas las ya memorables palabras del senador Frei advirtiendo de la posibilidad de entregar US$20.000 millones a la derecha en el próximo gobierno- la crisis internacional en 2008 convirtió a Velasco en el visionario que guardó en los años de las vacas gordas para poder gastar en los años de necesidades.

Después de ser criticado por la Concertación por no gastar, ahora Velasco parece tener la llave para la victoria en diciembre. Si gasta bien -tanto en la acepción política como técnica de la palabra- Velasco puede convertirse en el facilitador de una victoria de la Concertación. Cuando reclamaba que no quería dejarle US$ 20.000 millones a la derecha, Frei no recibió respuesta de Velasco. El ministro ahora sonríe. Los miles de millones de dólares del fondo soberano que se incorporarán al gasto fiscal en 2009 le ayudarán a Frei a tener una oportunidad para derrotar a Piñera. Mejor aún, Velasco podrá alegar -correctamente- que la misma política de recia disciplina fiscal que permitió ahorrar en los buenos años ahora obliga a gastar. En eso consisten las políticas contracíclicas.

Después de ser capaz de sobrevivir a su travesía por el desierto, ahora Velasco debe evitar caer en la tentación de sentirse victorioso antes de tiempo. Dos de sus tres predecesores intentaron saltar desde Hacienda a carreras políticas electorales. Ambos fracasaron. Velasco no debería cometer el mismo error. Su difícil relación con los parlamentarios también debiera mejorar. Es mucho más fácil llegar a acuerdos cuando hay dinero para gastar frente a apremiantes urgencias que cuando hay que ahorrar pese a evidentes necesidades.

Los evangelios cuentan una parábola de diez vírgenes que esperaban la llegada del novio para el inicio de la fiesta de bodas. Cinco de ellas eran prudentes y llevaron aceite extra para sus lámparas. Las otras cinco necias no tenían aceite de reserva. La demora del novio consumió el aceite de sus lámparas y sólo aquellas prudentes que tenían extra pudieron entrar a la fiesta. Pero así como en la parábola bíblica la fiesta de bodas es para otros, Velasco debe entender que el suyo es el mismo rol de las vírgenes de la parábola: alegrar la fiesta para que otros puedan gozar.

Mientras menos se preocupe de los dividendos políticos que podrá comenzar a cosechar personalmente después que se termine el gobierno, mejor equipado estará Velasco para hacer frente al vendaval que se avecina. El gobierno ha demostrado estar en firme control del timón fiscal. Pero la crisis se viene fuerte. Si Velasco empieza a actuar condicionado por las preocupaciones sobre su propia carrera política futura, tomará decisiones que afectarán negativamente tanto al gobierno de Bachelet como al desempeño electoral de la Concertación. Peor aún, afectará negativamente también el enorme capital político que construyó a la par del gigantesco superávit fiscal que hoy lo convierte en el político más poderoso de Chile.

Fuente: Revista Poder

 

 

 
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
Twitter: @patricionavia