Artículos / Opinión
Patricio Navia

La ruta de Frei

Ya proclamado candidato de la Concertación, Eduardo Frei todavía tiene la tarea de convencer que lo suyo no es sólo un intento desesperado de su coalición por mantener el poder en Chile.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
12 de mayo de 2009
 

El hecho de que Eduardo Frei Ruiz-Tagle tenga una razonable chance de ser el primer chileno en ser reelecto Presidente desde Arturo Alessandri en 1932, demuestra que en política las campañas y las coyunturas importan, y que la tenacidad y la perseverancia a veces rinden frutos. Porque ha puesto una razonable cuota de incertidumbre a lo que hasta hace poco parecía una victoria segura para Piñera, el despegue de Frei es la noticia política más importante en Chile en estos últimos seis meses.

Pese a haber realizado un gobierno bastante exitoso (5,5% de crecimiento promedio anual y 6,2% de inflación) Frei quedó marcado por la recesión de su último año de gobierno. La crisis asiática -agudizada por una errática respuesta de La Moneda, que falló en la coordinación con el Banco Central y en demostrar liderazgo- dejó en la memoria colectiva un amargo recuerdo de un sexenio que tuvo más luces que sombras. Pero los problemas de Frei no fueron sólo económicos. Comenzaron bastante antes de la crisis asiática. Ya en 1997, Frei tenía sólo un 33,3% de aprobación (y un rechazo de 37%). El estilo privilegiado por Frei, de un presidente ausente que empoderaba a sus ministros, pero que no estaba constantemente ante las cámaras, le pasó la cuenta. Su incapacidad para comunicar, para dialogar y presentar sus iniciativas activamente ante el país, le restaron popularidad. Cuando las cosas iban bien, los chilenos no asociaron el éxito con Frei. Cuando las cosas empezaron a andar mal, todos culparon al presidente.

La percepción de presidente ausente se evidenció en la infundada creencia de que Frei se la pasaba viajando. Aunque no realizó más viajes internacionales que Ricardo Lagos, Frei dejó esa impresión por su estilo gerencial de liderazgo. La Concertación también entró en el callejón de una crisis política de la que no ha podido salir hasta hoy. El alto nivel de abstención y la elevada tasa de votos nulos en las parlamentarias de 1997 justificadamente generaron preocupación en el oficialismo. Los chilenos habían perdido ese idílico primer amor con el proyecto de transición a la democracia.

Cuando las rencillas internas reemplazaron al discurso de unidad, cuando las peleas por controlar los aparatos de partido ocuparon el espacio que antes tenía Pinochet y los temores a una regresión autoritaria, la Concertación descendió de la épica transicional a la vulgar normalidad política. Frei estaba al mando cuando la Concertación dio el inevitable paso hacia el realismo de las razones de Estado. Adicional, y equivocadamente, el gobierno de Frei intentó acallar la deliberación en la coalición oficial. Los autocomplacientes y los autoflagelantes vieron frustrados desde La Moneda sus intentos por debatir el futuro de la coalición. El arresto de Pinochet en Londres en octubre de 1998 y la recesión de 1999 pusieron fin a un sexenio que empezó mucho mejor de como terminó.

Si bien ocupó inmediatamente un escaño vitalicio en el Senado, a Frei le costó sacarse de encima el recuerdo de un gobierno que terminó mal. Sus aspiraciones presidenciales se complicaron por la mala evaluación que de él tenía la gente. En la encuesta del CEP de julio de 2004, un 54,4% señalaba que "en ningún caso" votaría por Frei para presidente. Esa encuesta catapultó a Soledad Alvear como la abanderada mejor posicionada de su partido. Después de un difícil enfrentamiento con Adolfo Zaldívar, Alvear fue proclamada candidata DC a comienzos de 2005. Ante la creciente popularidad de Michelle Bachelet, Alvear abandonó la carrera antes de las primarias, permitiendo que Bachelet se consagrara como candidata concertacionista a mediados de 2005. Frei se concentró en la elección senatorial en Valdivia, donde alcanzó un decepcionante segundo lugar con un 35,9%. Su compañero de fórmula, un desconocido candidato radical, obtuvo un 16% de los votos. Frei quedó dos puntos por debajo del RN Andrés Allamand, que corría sólo en la Alianza.

Pero, contrario de lo que normalmente ocurre con políticos derrotados, Frei pareció transformarse positivamente en la adversidad. En el Senado, demostró independencia y sentido común. Cuando estimó conveniente, criticó duramente al gobierno. Pero con igual soltura esgrimió fuertes defensas a Bachelet.

Sus críticas al Transantiago y al ministro de Hacienda fueron duras, pero leales. Utilizando mucho sentido común y pragmatismo -aunque posiblemente una mala selección de términos y conceptos- Frei llamó a "nacionalizar" el Transantiago a mediados de 2007. El presidente que más había privatizado sugería pragmáticamente que el Estado se hiciera cargo del sistema de transportes hasta que se arreglara y pudiera ser privatizado. Aunque su idea hubiera generado más apoyo si hubiera hablado de intervención temporal o salvataje, Frei dejó en claro que a la hora de diseñar e implementar políticas públicas, su norte era siempre el pragmatismo.

A comienzos de 2008, cuando sus aspiraciones presidenciales eran evidentes, Frei aparecía detrás de Lagos, Insulza y Alvear en las encuestas y en las apuestas. Pero a medida que los favoritos fueron cayendo o dejando la carrera, la persistencia de Frei rindió frutos. Pero su crecimiento se debió más que nada a que los favoritos fueron cayendo, no a un sorpresivo aumento en su popularidad.

Ya proclamado candidato de la Concertación, Frei todavía tiene la tarea de convencer que lo suyo no es sólo un intento desesperado de su coalición por mantener el poder. Si bien las encuestas lo ubican en un promisorio segundo lugar, se hace complicado que un ex presidente bien conocido en el país pueda raspar la olla para subir su intención de voto. Aunque ha demostrado que puede sorprender con propuestas y declaraciones, Frei también se ha visto forzado a tener que defender y explicar el legado de su sexenio.

Aunque está mucho más extrovertido, sigue siendo Frei, un hombre más bien parco, con dificultades para comunicar claramente sus ideas y poco telegénico. Como líder de una coalición agotada y más preocupada de mantener granjerías y privilegios que de realizar propuestas que entusiasmen al país, Frei no es el candidato más adecuado para enviar una señal de renovación.

Para la Concertación, Frei es lo que hay. Para la gente, Frei deberá mostrarse como un candidato que sin tener todas las luces que desplega con exceso Piñera, posee muchos menos pasivos que las evidentes debilidades y conflictos de intereses que sus propios aliados reconocen en el candidato de la Alianza. Ya que la Concertación se esforzará en resaltar las debilidades de Piñera -porque además resulta difícil intentar presentar a Frei como un candidato de cambio, renovación y nuevas energías- esta campaña presidencial tendrá muchos elementos negativos y de descalificaciones.

Ya proclamado candidato presidencial de la Concertación, con un gobierno políticamente más entusiasta que efectivo, con una situación económica difícil, que convertirá a La Moneda en la principal promotora del empleo en 2009, Frei inicia una difícil campaña. Pero como el avión presidencial de la Concertación ha presentado problemas técnicos y la tripulación parece cansada y carente de ideas, el piloto sabe que buena parte de su suerte depende de que el helicóptero de Piñera no se eleve tanto. Así, el éxito del despegue de Frei tiene tanto que ver con su propia capacidad para convocar apoyos como con la habilidad de la Concertación para lograr un aterrizaje forzoso de un Piñera cuya campaña despegó -no sin problemas propios- hace ya bastante tiempo.

Fuente: Revista Poder, mayo de 2009.

 

 
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
Twitter: @patricionavia