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Patricio Navia
Por qué voto por ME-O
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
9 de diciembre de 2009
Voto por Marco porque conozco sus imperfecciones y me tranquiliza saber que él también las reconoce y acepta. Creo que la Concertación tiene futuro, pero debe ser profundamente remecida para despertarla, renovarla y liberarla de una elite que se ha apropiado de sus partidos y que crecientemente se ha olvidado de la gente.
 

El 13 de diciembre, voy a votar por Marco Enríquez-Ominami. Sea cual sea el resultado de la primera vuelta, mi voto habrá ayudado a cambiar Chile para mejor. Naturalmente, me gustaría que ME-O pasara a segunda vuelta, que su candidatura siguiera provocando cambios y que sea el próximo presidente.

Pero su irrupción en la carrera presidencial ya se justifica con creces. Después de esta elección, Chile no será el mismo país. Buena parte de esos cambios se deben a su candidatura.

Soy concertacionista. Estoy con ME-O porque creo que la Concertación tiene que cambiar para enfrentar los desafíos de hoy. Marco puede liderar exitosamente ese proceso. La democracia chilena es lo suficientemente sólida como para sobrevivir a una derrota de la Concertación. Así como en 1988 era ilógico que el dictador Pinochet amenazara con el "yo o el caos", es antidemocrático que desde la Concertación adviertan sobre inestabilidad social y política en caso de ganar Piñera. No me gustan esos "nosotros o el caos". Para que la democracia funcione, debe haber al menos dos opciones razonables. La decisión no puede ser entre mi opción y el caos. Si las opciones son la Concertación o el caos, Chile no tiene democracia. Estoy con Marco porque rechazo ese chantaje moral que pretenden algunos en la Concertación. Si la Concertación ha de seguir en el poder, debe ser porque demuestra ser mejor y no porque la gente tenga temor a las alternativas.

La Concertación lo hizo muy bien en estos 20 años. Sus aciertos superan con creces sus errores. Hubo errores garrafales (entre los más recientes, la seguidilla que terminó con la renuncia de ME-O al PS y que ha inducido a tantos concertacionistas a apoyar a un candidato que corre por fuera). Pero el balance final es enormemente positivo. Chile es hoy un país mucho mejor que cuando terminó la dictadura. La alegría de la democracia y el desarrollo llegaron. Pero es evidente que hay que seguir avanzando. Falta desarrollo, más oportunidades, una cancha pareja, un mejor Estado, mejores marcos regulatorios. Mientras niños pobres sigan en escuelas que los preparan para el Baile de los que sobran, no podemos sentirnos satisfechos. Mientras haya hospitales con un servicio miserable y gente sin oportunidades, no podemos sentirnos ganadores.

Voto por Marco porque siento que la Concertación perdió esa sensación de urgencia. Después de 20 años, parece más preocupada de las excusas que de los sueños, cargada más a los tecnócratas que a los poetas. Por cierto, me identifico con los tecnócratas. En cierto modo, soy uno de ellos. Los tecnócratas son capaces de hacer realidad los sueños; no ganan elecciones ni construyen sueños de país. Los poetas son los que convocan a soñar. La Concertación se quedó sin sueños. La inclusión social, la igualdad de oportunidades, la educación de calidad para todos, acceso igualitario a la salud y una cancha pareja son sueños que se sienten más en Marco que en el candidato oficial de la Concertación. Esos sueños existen en el concertacionista, pero no en los líderes de los partidos. La candidatura de Marco refleja y simboliza esos sueños.

No estoy con Marco porque sea un candidato perfecto. No existen los candidatos perfectos. Sus debilidades son evidentes. Su mala dicción, su lado frívolo, su personalismo exacerbado, su irreflexiva personalidad, su afán por provocar y su falta de experiencia son debilidades que lo deberían hacer el más improbable de los candidatos. Pero Marco tiene una buena chance de pasar a segunda vuelta pese a que la gente conoce sus debilidades. Su fortaleza radica en su entusiasmo, en su voluntad, en su convicción de creer que es posible, en su valentía de atreverse a intentarlo, en ese sentido de urgencia. Su fortaleza es que él posee en abundancia muchas de las cosas que la Concertación perdió.

En parte, su éxito se explica porque el electorado quiere enviar un mensaje de protesta a la Concertación. Los cambios en las reglas de primarias (que devinieron en primarias truchas), la equivocada lógica de que la democracia le hace daño a la Concertación (con empujones de por medio) demostraron que la Concertación había extraviado el camino. Ni Eduardo Frei, ni los arrepentidos pre-candidatos Ricardo Lagos o José Miguel Insulza demostraron preocupación por la voluntad del pueblo concertacionista. Lagos condicionó su candidatura a no tener primarias y a influir en la lista parlamentaria.

Insulza ni siquiera se atrevió a competir. Frei guardó cómplice silencio cuando la Concertación cambió las reglas del juego para asegurarle la victoria.

Las críticas que emanan desde el comando de Marco hacia la candidatura de Frei y las que salen desde el comando de Frei hacia Marco son verdades a medias. Han sido injustas en ambas direcciones. Frei es un buen hombre. No creo que sea el más apropiado para liderar el próximo cuatrienio, pero sé que debe ser un aliado para promover reformas. Me duele cuando Marco lo critica directamente. Tampoco me gusta que desde el comando de Frei critiquen injustamente a Marco o cuando el propio Frei se niegue a reconocerlo como candidato legítimo. Al ignorarlo, Frei muestra no entender las razones que explican su irrupción.

Cuando Marco es denostado por haber sugerido privatizar parte de Codelco, sus críticos olvidan que Andrés Velasco pidió lo mismo y que el propio Frei abrió empresas públicas a capital privado. Las sanitarias, concesionadas a privados, entregan mucho dinero al fisco, pero entregarían más si fueran totalmente públicas. Claro, de haber seguido siendo públicas habría habido menos inversión y su manejo sería menos eficiente. Pero por las mismas razones que Frei abrió las sanitarias a inversiones privadas, es saludable que con Codelco se haga lo mismo. Frei no reconoce eso porque termina siendo preso de intereses creados que van contra el pragmatismo que demostró como presidente. Cuando Marco es criticado por sumar adherentes de derecha, sus críticos olvidan que para ganar hay que sumar, convocar gente nueva, aunar voluntades, ir más allá de los mismos de siempre, incluir. ¿No sería bueno acaso que Frei también sumara apoyo de una derecha liberal?

Si Marco pasa a segunda vuelta, necesitará el apoyo de Frei y de la Concertación. Pero no se podrá desoír la voz de la gente. Los líderes de los partidos concertacionistas deberán abrirse a un recambio generacional (no necesariamente de edad, pero sí de actitudes).

Si Frei logra el segundo lugar, necesitará los votos de Marco. Pero el mensaje del electorado será claro. No podrá haber negociación tras bambalinas, sino a la luz del día. Para llegar a La Moneda, Frei deberá sumar las demandas que personifica y representa Marco. Una buena parte del electorado concertacionista vota por Marco porque quiere que Frei y los partidos entiendan que hay que incluir y abrir espacios para la participación ciudadana y hay que fortalecer la democracia interna en los partidos.

Voto por Marco porque conozco sus imperfecciones y me tranquiliza saber que él también las reconoce y acepta. No me dice con soberbia que va a ser presidente, sino que humildemente pide mi voto.

Creo que la Concertación tiene futuro, pero debe ser profundamente remecida para despertarla, renovarla y liberarla de una elite que se ha apropiado de sus partidos y que crecientemente se ha olvidado de la gente. Voto por Marco porque creo que de los tres candidatos del mundo concertacionista, es el que mejor puede liderar ese cambio que necesita la Concertación.

No quiero descalificar a Frei, quien tampoco es perfecto. Quiero que Frei vote por Marco en segunda vuelta. Si Frei pasa a segunda vuelta, quisiera que Marco vote por él. Pero en ambos casos, habrá que hacer concesiones y escuchar la voz de la gente.  Los candidatos del mundo de centro-izquierda deberán acatar la voluntad popular y comportarse con la responsabilidad que sus votantes demandan. Tampoco creo que los líderes de los partidos se deban ir para la casa. Ellos tienen un rol que jugar para construir un país mejor.

Pero el liderazgo de la Concertación lo deben ejercer aquellos que gocen de auténtico apoyo popular y no sólo aquellos que hayan capturado las maquinarias de los partidos.

El 13 de diciembre voy a votar por Marco confiado en que es el mejor candidato para liderar la renovación que necesita la Concertación y el mejor para liderar a Chile. Sea cual sea el resultado, estaré satisfecho de que hice algo para ayudar a rescatar a la Concertación, para darle nueva energía. Espero que la primera vuelta lleve a Frei y Enríquez-Ominami a escuchar y acatar la voluntad del electorado de centro-izquierda, y anticipo que apoyaré al candidato de centro-izquierda que pase a segunda vuelta.

Lamento que esto haya llegado hasta diciembre cuando se pudo solucionar en primarias abiertas y vinculantes meses atrás. Pero no me arrepiento de haber apoyado un candidato que se atreve a soñar y comparte ese sentido de urgencia de saber que, pese a que hemos hecho tanto, falta todavía tanto por hacer.

 
Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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