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Héctor E. Schamis

De la casa blanca a la Casa Blanca

(El País/España) Peña Nieto acaba de colocar las relaciones de México con Estados Unidos en un incierto impasse. Y por si no fuera suficiente, también ha producido una soberana crisis en su propio gabinete, con renuncias que comienzan a salir a la luz.

Por Héctor E. Schamis
Twitter: @hectorschamis
5 de septiembre de 2016
 

(El País/España) México nunca ha sido un país fácil de gobernar. Hoy, sin embargo, algunos persistentes problemas hacen esa tarea especialmente difícil. Un crecimiento letárgico, el peso en devaluación, la tragedia de derechos humanos y una corrupción que corroe la credibilidad del gobierno alcanzarían para explicar las encuestas de opinión, las más bajas que se recuerden a dos años de concluir el sexenio.

A lo cual debe agregarse el propio Peña Nieto, un presidente que exhibe una cierta negación de los problemas, una tendencia a escaparse de ellos—literal y figurativamente—y a menudo usando la escena internacional a tal efecto. Reiteradamente, al hacerlo crea otros problemas y, peor, comunica insensibilidad. Nada es más perjudicial para un presidente que la falta de empatía, sobre todo cuando se trata de medir su imagen.

En 2014 luego de las desapariciones de los normalistas viajó a China, en lugar de viajar a Iguala. La fuga del Chapo Guzmán lo sorprendió casi empacando la maleta para viajar a Francia; y a París partió nomás. En la Asamblea General de Naciones Unidos de 2015, inmediatamente después del informe sobre Ayotzinapa elaborado por los expertos convocados por la CIDH, usó el estrado para prevenir al mundo acerca de las supuestas amenazas del populismo.

Ello cuando el mundo esperaba algo sobre los crímenes y fosas colectivas que quedan sin explicación. Similar desconexión es la que se vio esta semana y que produjo un masivo repudio en vastos grupos de la sociedad: Peña Nieto se encontró con Trump, el candidato cuyo discurso electoral está basado en denigrar a los mexicanos.

Pero no tan solo se encontró con él, sino que lo recibió en Los Pinos, con el protocolo y la escenografía que son habituales cuando el jefe de Estado mexicano recibe a…otro jefe de Estado, nada menos. Ello es enormemente problemático para las relaciones de México con Estados Unidos, recibiendo a un candidato, a tan solo 70 días de la elección, virtualmente en visita de Estado.

No es difícil imaginar el ceño de la otra candidata, quien además lidera las encuestas, al informarse del encuentro. Es que si la intención de Peña Nieto era confrontar con Trump, pues resulta que lo constituyó en presidente solo con esa foto con el mármol verde característico de los actos oficiales en Los Pinos detrás. Sobre esa pared está situado el gigantesco escudo de la unión y debajo de éste, se ve a Donald Trump. No hay mensaje más poderoso—y, para tantos, más ofensivo—que esa imagen.

Fue un encuentro que viola demasiadas reglas no escritas, las que cuentan. Ningún candidato estadounidense visitó a un presidente mexicano antes, ni viceversa. Si bien se ha hecho costumbre para los candidatos americanos viajar al exterior durante la campaña—para sacarse fotos con tropas en Irak, como Obama en 2008, o en campos de refugiados en Jordania, como Ben Carson en 2015—ninguno ha sido recibido por un jefe de Estado o de gobierno, y menos en la residencia oficial. Y cuando un candidato de otra nación fue recibido por el presidente en Estados Unidos, ellos eran al mismo tiempo jefes de gobierno, como cuando Obama recibió a la canciller Angela Merkel en 2009 y Clinton hizo lo propio con el primer ministro Shimon Peres en 1996.

Muchos analistas han argumentado que el objetivo del encuentro fue levantar una cortina de humo para disimular los escándalos de corrupción. Si Peña Nieto buscaba escapar del problema de la casa blanca, el mas simbólico de todos, lo hizo inmiscuyéndose en otra Casa Blanca, esa que lleva mayúsculas y está situada en 1600 Pennsylvania Avenue, NW Washington DC.

Es probable ahora que la puerta de esa otra casa no se abra para él por un buen tiempo. Es que Peña Nieto acaba de colocar las relaciones de México con Estados Unidos en un incierto impasse. Y por si no fuera suficiente, también ha producido una soberana crisis en su propio gabinete, con renuncias que comienzan a salir a la luz.

Todo ello a consecuencia de su primer encuentro con el presidente Donald Trump.

Fuente: El País (Madrid, España)

 
Acerca del autor
Héctor E. Schamis
Héctor E. Schamis
Héctor Schamis es profesor en el Centro de Estudios Latinoamericanos y en el programa “Democracy & Governance” de la Universidad de Georgetown. Previamente enseñó en las universidades de Brown y Cornell. Dr. Schamis fue becario del Woodrow Wilson Center en Washington DC, e investigador visitante en la Universidad de Cambridge y en la Universidad Centroeuropea en Budapest. Es autor de "Re-Forming the State: The Politics of Privatization in Latin America and Europe" (2002) y de diversos artículos y ensayos sobre autoritarismo, populismo, democratización y la economía política del tipo de cambio en América Latina. Además de la docencia y la investigación, ha trabajado en el diseño e implementación de programas y talleres sobre corrupción, estrategias de privatización y administración electoral en nuevas democracias, en colaboración con gobiernos, donantes, universidades y agencias internacionales. Ha publicado notas en "La Nación"y "Clarín" (ambos periódicos de Buenos Aires). Regularmente escribe en "El Pais" (Madrid) y comenta en Club de Prensa de NTN24, canal de noticias de Bogotá. Nacido en Argentina, obtuvo su Ph.D. en ciencia política en la Universidad de Columbia.
Twitter: @hectorschamis