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Carlos Fara

Evo Morales tendrá luna de miel por bastante tiempo

Por Carlos Fara
Twitter: @carlosfara
5 de mayo de 2006
 

El experimento de Evo está en marcha: el 1ro. de mayo anunció la prometida nacionalización de los hidrocarburos. Es curioso, porque una semana antes había reconocido que dicho proceso estaba “estancado” por falta de expertos que su gobierno requiere para asumir el control de la propiedad de los campos.

En estas semanas previas a sus primeros 100 días se enfrascó en una batalla contra la empresa EBX, de capitales mayormente brasileños, aduciendo que no había cumplido con la normativa ambiental boliviana, y la instó a retirarse del país. Al mismo tiempo que desplazó al jefe de su bancada en diputados por una acusación de tráfico de influencias, intervino la Policía Técnica Judicial, e hizo renunciar a un viceministro por haber tenido “oscuras relaciones con Petrobras”. También tuvo sus primeros paros y conflictos como el de los transportistas o la tensión con Santa Cruz de la Sierra.

Lo cierto es que el presidente boliviano comenzó su gestión con una muy alta popularidad, y seguramente habrá perdido algunos puntos al cumplirse los primeros 100 días, pero su luna de miel continuará por bastante tiempo. Morales es el primer presidente en esta etapa democrática que llega al poder con más del 50 % de los votos. Este dato es fundamental por dos razones: 1) por lo que implica como legitimación para gobernar; y 2) porque en ese país si nadie obtiene la mitad más uno de los sufragios, es el Congreso quien define quién será presidente, lo que dio lugar a todo tipo de componendas. De modo que al haber sido ungido por el 54 %, significa que la sociedad le extendió un crédito suficientemente grande para que gobierne sin depender de negociaciones.

Cuando alguien llega al poder con semejante aval popular, salvo que se produjese una crisis muy fuerte en el corto plazo o cometiese demasiados desatinos evidentes, es muy difícil que se desgaste rápidamente. La opinión pública quiere creer, sobre todo después de fuertes crisis. La gente no quiere decepcionarse velozmente. Siempre tiende a pensar que “hay que darle tiempo”, que “hace lo que puede” –sobre todo si lo comparan con presidentes caídos en descrédito como su antecesor Gonzalo Sánchez de Losada. Si hay situaciones que no agradan, existe una tendencia a pensar que es no es “él”, sino su entorno quien comete equivocaciones o actos de corrupción. En esos primeros tiempos, todos los ataques de la oposición producen el efecto contrario al buscado: la sociedad actúa protegiendo a su líder, aún aquellos que no lo votaron. Rechaza a los “pájaros de mal agüero”; no quiere recibir malas noticias tan pronto. En todo caso, prefiere desencantarse por sí misma.

Se debe tener en cuenta que el triunfo de Evo Morales representó al menos tres situaciones: 1) la oposición a las políticas neoliberales y el manejo de los recursos naturales; 2) la integración de los sectores indígenas a la vida política (es el primer presidente de origen indígena en la historia del país); y 3) el rechazo a la clase política que hasta ese momento había rotado en el gobierno nacional.

Por supuesto que no por eso desaparecen sus problemas. Bolivia no es Venezuela en cuanto a bondad de recursos, por lo que estará obligado a ser más conservador de lo que querría en lo macroeconómico. Disparada del dólar, inflación, o una corrida bancaria son cuestiones que deslegitiman a cualquier gobierno. Y algunos cambios estructurales llevan tiempo, por lo que le resultan imprescindibles los golpes de efecto o las confrontaciones, como la mencionada con la empresa EBX por haber violado la legislación. Con su lucha contra la corrupción,  parece estar poniendo en práctica aquella máxima atribuida en su momento al ex vicepresidente “Chacho” Alvarez: “si no podemos darles pan, por lo menos démosle presos”. Al mismo tiempo está enfrentando algo de su propia medicina: los paros y los bloqueos están siendo utilizados por varios sectores como mecanismo de presión y en actitud intransigente.

El 2 de julio Evo tendrá su primer examen electoral, ya que se eligen constituyentes para reformar la constitución, a la vez que cada departamento decidirá si aprueba la autonomía para su región. Si el MAS –partido oficialista- obtiene los dos tercios de la asamblea, cosa poco probable por el momento, el nuevo presidente podrá hacer una ley fundamental a su medida, como lo hizo Chávez ni bien asumió. Las primeras mediciones auguran un triunfo amplio del dirigente de origen aymara. Frente a él, existe una oposición muy fragmentada, y sin líderes consolidados, lo cual facilita la faena del gobierno.

Evo es mucho más pragmático de lo que se supone. Sabe que debe administrar una coyuntura compleja, por la acumulación de demandas y la inflación de expectativas sobre sus reales posibilidades de hacer cambios. Probablemente oscile entre ser Chávez y ser Lula. La nacionalización lo pone más cerca del primero, pero las limitaciones geopolíticas del país quizá lo pongan en el centro de la balanza.

 
Acerca del autor
Carlos Fara
Carlos Fara
Carlos Fara es Presidente de Carlos Fara & Asociados desde 1991 y lleva más de 30 años dedicados a la consultoría política. Especialista en Opinión Pública, Campañas Electorales y Comunicación de Gobierno. Ha recibido varios premios: entre ellos el Premio Aristóteles a la Excelencia 2010, en el Dream Team del año que se compone por los diez mejores consultores a nivel mundial en materia de campañas políticas. Ha recibido 2 veces el premio EIKON (2009 y 2012). Ha participado en 138 campañas electorales en Argentina y Latinoamérica. Es miembro de la International Association of Political Consultants (IAPC).
Twitter: @carlosfara