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Andrés Cañizález

El periodismo como linterna del mundo

Fundadora de un centro de atención a las mujeres víctimas de la violencia y sus hijos (CIAM), Cacho molestó al poder económico y político del sureste mexicano con sus denuncias sobre las redes de pornografía infantil y tráfico de menores. Hizo denuncias y periodismo de investigación, tanto en la prensa local de Cancún, donde vive por dos décadas, como en la televisión. Condensó su trabajo sobre el tema en el libro “Los demonios del Edén”, editado en 2005 por Grijalbo Mondadori.

Por Andrés Cañizález
Twitter: @infocracia
10 de junio de 2008
 

“Creo en el papel del periodismo como linterna del mundo, como un derecho de la sociedad para saber y entender. Los derechos humanos no se negocian”. La frase, en realidad, es una suerte de credo vital de la periodista mexicana Lydia Cacho, quien el 3 de mayo, fue premiada por la UNESCO al celebrarse el día mundial de la libertad de expresión. Este premio lleva el nombre de Guillermo Cano, un verdadero héroe de la defensa de la libertad de prensa. El poder colombiano del narcotráfico no sólo acabó con su periódico, El Espectador, sino con su propia vida. Antes que Lydia Cacho, el premio se le otorgó a la periodista rusa Anna Politkovskaya, pero ni ese reconocimiento internacional le salvó la vida. Es importante retener ambos precedentes, para entender quién es Lydia Cacho y por qué fue premiada este año por la UNESCO.

Al otorgarle el premio, el presidente del jurado, Joe Thloloe, aseguró que quedaron impresionados por el coraje demostrado por la periodista mexicana, pues sigue denunciando la corrupción política, el crimen organizado y la violencia, haciendo frente a amenazas de muerte, ataques contra su vida y batallas legales. “Para mi, un periodista o una periodista que conoce el ambiente antagónico en el que se mueve y continúa cumpliendo el deber de mantener informados a sus lectores, oyentes o telespectadores sobre la sociedad en la que viven, merece reconocimiento por su contribución a la libertad de prensa en el mundo. Lydia Cacho es una persona así”, comentó Thloloe, ombudsman del Consejo de la Prensa de Sudáfrica.

Fundadora de un centro de atención a las mujeres víctimas de la violencia y sus hijos (CIAM), Cacho molestó al poder económico y político del sureste mexicano con sus denuncias sobre las redes de pornografía infantil y tráfico de menores. Hizo denuncias y periodismo de investigación, tanto en la prensa local de Cancún, donde vive por dos décadas, como en la televisión. Condensó su trabajo sobre el tema en el libro “Los demonios del Edén”, editado en 2005 por Grijalbo Mondadori. La propia periodista narró en el suplemento dominical de El País de España, el pasado 11 de mayo, cómo comenzó su involucramiento en el tema, que pasó de ser el tema de una cobertura periodística para convertirse en una bandera a favor de los derechos humanos, especialmente de niñas y niños. El primer contacto que tuvo con la temática fue en noviembre de 2003, cuando recibió una llamada de una madre angustiada: la amiga de su hijita tenía algo terrible que contar. El hilo comienza con la decisión de una niña de 13 años, quien había sido llevada a conocer a un señor muy bueno. Tras sufrir una serie de abusos, Emma tuvo la valentía de grabar a su violador. Esas imágenes colocaron la lupa sobre el poderoso empresario de origen libanés Jean Saccar Kuri, quien estaba detrás de una extensa red de pederastia en el Caribe mexicano.

De acuerdo con Cacho, le fue imposible soltarle la mano a esa niña y al resto de víctimas. No podía dejarles en la indefensión, cuando habían decidido sobreponerse al dolor, al escarnio y dar una pelea, a todas luces desigual, para enfrentar a la red de violación y prostitución. En la medida en que Cacho asumió este caso como una bandera se convirtió en el blanco de diversas acciones: fue puesta en prisión por difamación e injuria, detenida ilegalmente durante unas 20 horas y sometida a torturas, ataques de diverso calibre contra sus vehículos (incluido uno de la policía federal que le custodiaba). Sin embargo, lo más grave es la alianza tejida del gobierno local con la red pederasta. Sin embargo, las denuncias de Cacho prosperaron en la justicia. En esa misma medida, la labor periodística fue clave para que la sociedad supiera, para que los ciudadanos de México conocieran ese lado oscuro.

Lejos de amedrentarse, Cacho después de 2005 puso el ojo crítico en el otro extremo geográfico de México: Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos y tristemente conocida como la capital de los feminicidios. Hoy, según comentó en entrevistas con motivo del premio, trabaja en una investigación para demostrar las redes existentes en el tráfico de mujeres y niñas en el mundo.

Una larga cruzada

"Una mañana de abril de 2004, una pequeña de 11 años me tomó de las manos y con el rostro desencajado inquirió: ¿Verdad que tú no vas a dejar que nos hagan más daño?. La respuesta que le di cambió mi vida. Para aquella época me quedaba claro que se trataba no sólo de los delitos de un viejo vicioso, sino también de una poderosa red de poder. Intuía que la única manera de proteger lo que quedaba de esas niñas y niños de vida truncada era insistir en que las autoridades llevaran ante los tribunales y eventualmente a la cárcel a los culpables. Sabía que sería una cruzada larga y accidentada, y que incluso entrañaba el riesgo de perder la vida. Escribí entonces el libro que ayudaría a que el líder de la red terminara en prisión. Ese mismo libro desató la furia de sus cómplices, y por ellos fui torturada durante más de 20 horas, encarcelada y perseguida.

Mi historia, que no es sino la extensión de la historia de las niñas victimizadas, es la misma que la de cientos de periodistas que todos los días padecen en el anonimato los golpes e ignominias". Lydia Cacho
 
Andrés Cañizález es profesor de la Universidad Católica Andrés Bello acanizal@ucab.edu.ve
Este artículo fue originalmente publicado en el matutino Tal Cual (Pág. 23, 4.06.2008), de Venezuela.

 

 
Acerca del autor
Andrés Cañizález
Andrés Cañizález
Investigador Titular de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB, Venezuela) y profesor del postgrado en Comunicación Social de dicha universidad. Coordinador de extensión de la UCAB en el Estado Lara. Directivo de la Asociación Civil Medianálisis y Consejero Académico de CADAL. Escribe regularmente en los diarios venezolanos El Nacional, El Impulso, El Tiempo, La Verdad, El Carabobeño y en el portal El Estímulo.
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