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Patricio Navia

La Argentina y el eje del mal: la visión norteamericana sobre la expropiación de YPF

El gobierno argentino tiene que combatir los efectos negativos de una inflación creciente y la sensación de que se está gestando una nueva crisis financiera. La superficial caricatura de los acontecimientos recientes en el país, hecha por políticos y comentaristas estadounidenses, otorga a CFK una valiosa oportunidad de transformar a la nacionalización de YPF de una decisión económicamente discutible en una reivindicación de soberanía argentina y una valiente postura contra el imperialismo extranjero.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
26 de abril de 2012
 

Para los políticos de los Estados Unidos, la nacionalización de la YPF – aunque sea parcial y solamente en contra de REPSOL – ha posicionado contundentemente a la Argentina en el eje del mal, versión latina. A Cristina Kirchner (CFK), junto a los Castro en Cuba, Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, ya se la considera miembro de pleno derecho del grupo antiamericano de líderes latinoamericanos. Es una ironía que, mediante su poca profunda caracterización de la presidenta argentina como nueva Chávez, los conservadores estadounidenses le aportarán beneficios políticos adicionales en el ámbito argentino tras esta controvertida iniciativa de nacionalización.

Los norteamericanos no han prestado mucha atención a las novedades latinoamericanas. La rancia lógica de la Guerra Fría impera en todo lo que tiene que ver con Cuba y, por extensión, con el venezolano Hugo Chávez. A pesar de que durante los últimos diez años los Estados Unidos haya avanzado en acuerdos de libre comercio con países centroamericanos, la República Dominicana, Chile y Perú – y que la relación con Colombia sigue siendo estrecha – en Washington se percibe que la América latina no tiene nada de relevancia para ofrecer a EEUU. Salvo la excepción ocasional de Brasil, Washington aún ve a la región como su patio trasero, un protagonista irrelevante en lo económico y geopolítico mundial.

Prevalece en EEUU la simplificación extrema de que existen dos tipos de países en América Latina. Los buenos fomentan políticas de mercado y tienen relaciones fluidas con los EEUU. Sean gobernados por líderes izquierdistas o derechistas, esos países son moderados y pragmáticos en sus políticas. Se colocan en los puestos altos de esta lista México, Chile, Colombia y Brasil, seguidos por la mayoría de los países centroamericanos, Perú y Uruguay. El otro grupo abarca el eje del mal latinoamericano. Liderado por Cuba, Hugo Chávez y Evo Morales, el grupo también consta de Nicaragua, Ecuador y Paraguay y la recién unida Argentina.

En el muy polarizado panorama político estadounidense, a los asuntos exteriores también se los ve por medio de la lente simplificadora de “amigos” y “enemigos”. Ya que a la mayoría de las políticas exteriores relacionadas con América Latina les influye la cuestión cubana – en sí mismo un legado pendiente de la guerra fría – es muy fácil que esta dicotómica lógica se extienda por toda la zona. En vez de tomarse la molestia de comprender las complejidades de la evolución política y económica de los distintos países latinoamericanos, muchos políticos y comentaristas estadounidenses prefieren dividir en dos a la zona: el “bien” mercado-amigable y el “mal” estatista y proteccionista.  

Es lamentable que la decisión de CFK viniera inmediatamente después de la visita a la región del presidente Obama. Pues sí, de todos modos no hubo mucho interés en el viaje. De hecho, la visita atrajo más atención mediática por un escándalo de prostitución que involucraba a oficiales del servicio secreto norteamericano que por ninguna de las declaraciones surgidas de la sexta Cumbre de las Américas. La firme postura adoptada por EEUU en contra de que se volviera prioridad hemisférica al impulso diplomático argentino para reclamar su soberanía sobre las islas Malvinas no hizo más que confirmar la distancia que existe entre Washington y Buenos Aires. Por lo tanto, a la reciente decisión de CFK no cabría achacar la frialdad de relaciones bilaterales entre EEUU y un país que veinte años atrás afirmó tener “relaciones carnales” con Washington.

Sin embargo, distar en lo bilateral no debería llevar a una estrategia que no puede sino agudizar las diferencias entre ambos países. Hay buenos motivos para oponer y criticar la decisión – apresuradamente tomada por el gobierno argentino – de nacionalizar YPF. La medida no resolverá los problemas energéticos del país. Exacerbará las distorsiones de precios y llegará a dañar la productividad y competitividad. Además hará que sea mucho menos probable que la inversión extranjera directa vuelva a Argentina

No obstante, sería injusto colocar a la Argentina junto con los otros países que conforman el eje del mal latinoamericano. A diferencia de Cuba, Argentina es una democracia. A diferencia del caso venezolano, CFK lidera un partido político que existía antes y existirá después de su liderazgo. Los comicios argentinos son competitivos y la oposición – sea débil y dividida – goza de muchas más garantías que su par en Venezuela. La sociedad civil y las instituciones argentinas son más fuertes que las venezolanas.

CFK ha demostrado, en los últimos meses, un don para transformar a eventos vitales – como la prematura muerte de su esposo – en oportunidades políticas. Ha unido a los argentinos debajo de la bandera patriótica de la recuperación de las Malvinas. Ha transformado a la nacionalización de la YPF en una reivindicación de la soberanía argentina. Ahora que las voces críticas en los EEUU no perdieron tiempo en juzgarla igual que a Hugo Chávez y al gobierno autoritario cubano, CFK probablemente apelará a la reafirmación de la soberanía de la patria y la crítica del imperialismo norteamericano. En América latina es casi insuperable la oportunidad de ganar puntos políticos baratos mediante la movilización de sentimientos nacionalistas en contra de críticas exageradas e inexactas procedentes de EEUU.

El gobierno argentino tiene que combatir los efectos negativos de una inflación creciente y la sensación de que se está gestando una nueva crisis financiera. La superficial caricatura de los acontecimientos recientes en el país, hecha por políticos y comentaristas estadounidenses, otorga a CFK una valiosa oportunidad de transformar a la nacionalización de YPF de una decisión económicamente discutible en una reivindicación de soberanía argentina y una valiente postura contra el imperialismo extranjero.

Patricio Navia es columnista del Buenos Aires Herald, profesor en la New York University y miembro del Consejo Académico de CADAL.

Este artículo fue originalmente publicado en el Buenos Aires Herald.

Traducido por Camden Luxford.

 

 
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
Twitter: @patricionavia