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Camden Luxford

La Guerra contra las Drogas: Un debate que teníamos más que pendiente

(Análisis Latino) Los dos informes que aquí se analizan fueron elaborados por personas capacitadas y ambos apelan a las estadísticas de agencias acreditadas e investigaciones publicadas en reconocidas revistas especializadas.

Por Camden Luxford
10 de agosto de 2012
 

(Análisis Latino) En junio de este año el presidente uruguayo, José Mujica, propuso el establecimiento de un monopolio estatal en la distribución de marihuana en su país. Aunque haya sido la propuesta más osada hasta la fecha para lidiar con el problema de las drogas en América Latina, Mujica era solo uno más de una sorprendente cascada de presidentes en ejercicio que han salido en contra de una política antidroga impuesta por los Estados Unidos hace cuatro décadas.

Otto Pérez Molina, de Guatemala; Juan Manuel Santos, de Colombia; Laura Chinchilla, de Costa Rica… hasta Felipe Calderón de México, en sus momentos más frustrantes, se ha referido a la necesidad de buscar soluciones de mercado, si el consumo de drogas en su vecino norteño no se puede controlar. Junto con los ex presidentes Gaviria de Colombia, Zedillo de México y Cardoso de Brazil (quienes impulsaron la formación de la Comisión Global de las Políticas de las Drogas) estos políticos han contribuido al lanzamiento de un serio debate sobre el éxito (o no) de la llamada “Guerra contra las Drogas”, por primera vez desde que ésta se libró durante los años 1970s. De modo que es buena hora para analizar el Informe Mundial sobre las Drogas 2012 publicado por la Oficina de las Naciones Unidas para el Control de las Drogas y la Prevención del Crimen (de aquí en adelante el Informe ODC), junto con el seminal Informe de la Comisión Global de las Políticas de las Drogas (el Informe CGPD) del año pasado.

El consumo de las drogas en América Latina y el mundo

Los dos informes descansan sobre un base de estadísticas que nadie discute. En 2003, el mercado total de las drogas ilegales sumaba alrededor de US$320 mil millones, el 0.9% del PBI mundial. De este total, algunos US$85 mil millones fueron generados por el mercado de cocaína.

Se estima que hay 230 millones de consumidores de drogas en el mundo (definidos como los que han usado drogas por lo menos una vez en el último año), que suma al 5% de la población mundial. De ellos, unos 27 millones (10.8% del total de los consumidores) son consumidores problemáticos.

Aproximadamente una de cada cien muertes se atribuyen al uso de drogas ilegales y las tasas de enfermedad entre los consumidores de drogas inyectables son altísimas: el VIH (20%), Hepatitis C (46.7%) y Hepatitis B (14.6%). De hecho, América Latina es la región del mundo con la más alta prevalencia del VIH entre dicha clase de consumidor: el 29%. Sin embargo, la tasa de mortalidad relacionada con la droga en esta región se encuentra por debajo de la tasa global: aproximadamente uno en cada doscientas muertes se atribuye a las drogas ilegales, lo cual tradujo en entre 3.800 y 9.700 muertes por esta causa en el año 2010.

Sin embargo, el Informe ODB señala que esta menor tasa de mortalidad es gracias a la menor cantidad de consumidores de drogas en esta región – 10-13 millones de personas (el 3.2-4.2% de la población, por debajo del promedio mundial de 5%). Esto es preocupante, porque como el Informe ODB reconoce, la línea entre los países de producción y los de consumo se está borrando. El mercado de consumo en los países en desarrollo está creciendo, acicateado por el aumento de ingresos disponibles, la rápida urbanización, la debilitación de estructuras sociales tradicionales, la globalización y la desigualdad. Parece inevitable que la tasa de mortalidad crecerá al lado de la tasa de consumo.

El uso de las drogas ilegales es especialmente alto entre los jóvenes, y los muy jóvenes en algunos países de América Latina presentan alarmantes tasas de experimentación con ellas: en Argentina, entre adolescentes de 15 a 16 años, el 2% ha usado éxtasis, el 2,9% la cocaína, y el 2% ha usado las anfetaminas. En Chile, el 4.9% de los jóvenes del mismo edad han usado la cocaína, el 1.6% éxtasis y el 1.9% las anfetaminas. En Colombia, de los jóvenes de 12 a 17 años, el 2.8% ha probado la éxtasis, el 1.7% la cocaína y el 3.2% las anfetaminas.

Entre los adultos, el uso de la cocaína en la región es por arriba de la tasa global (lo cual se encuentra en el 0.3-0.4%): el 0.7% en América del Sur, el 0.5% en América Central y el 0.7% en el Caribe. El uso de las anfetaminas también se posiciona por arriba del promedio mundial de 0.3-1.2%, especialmente en El Salvador (el 3.3%), Belice (el 1.3%), Costa Rica (el 1.3%) y Panamá (1.2%).

Y ahora, ¿qué?

Si bien nadie discute el tamaño del problema, ni sus repercusiones socio-económicas, es aquí que las similitudes entre los dos informes terminan. Para el informe ODB, la estabilidad de las tasas de consumo durante los cinco años hasta incluyendo al 2010 demuestra una guerra exitosamente librada. Sin la implementación mundial y multilateral de políticas de control de las drogas, se argumenta, las tasas de consumo serían mucho más altas, por dos motivos principales.

Primero, se plantea la existencia de un efecto de contención basado en la edad, o sea, las tasas de consumo de las drogas son más altas entre los jóvenes que entre los mayores, que supuestamente indica que los jóvenes experimentan, pero al madurar son menos dispuestos a incurrir en delito y respetan más la ley. Este argumento se respalda en el hecho de que el uso del tabaco no demuestra similares menguas según la edad, y se supone que, al levantar las leyes y despenalizar las drogas ilegales, este temor de delinquir entre los mayores ya no existiría, y seguirían el consumo de la droga comenzado de joven.

Segundo, se señala que las tasas de consumo de las drogas ilegales son menores que las “drogas” legales, tales como el alcohol y el tabaco. Según el Informe ODB, el número de personas que han usado el tabaco en el mes anterior (el 25% de la población de 15 años para arriba) es diez veces mayor que el de personas que han usado drogas ilegales en el mes anterior (el 2.5%). El uso anual del alcohol es el 42%, mientras que el de las drogas ilegales es sólo el 5%.

Son argumentos convincentes, pero existen otras hipótesis que no se examinan en el Informe ODB. Tal vez los jóvenes son atraídos por la ilegalidad, la emoción de lo prohibido, y, al despenalizar, en vez de subir las tasas de uso entre los mayores bajarían las tasas de uso entre los jóvenes. Puede que los adultos mayores dejen las drogas de lado no por el temor de la ley sino por su eventual retiro de la vida nocturna y el inicio de una vida llena de las responsabilidades de trabajo y/o familia.

La falta de pruebas

El problema es que nos faltan oportunidades para analizar el impacto de distintas políticas de las drogas. Sin embargo, el informe CGPD presenta varios estudios que sugieren que la despenalización de ciertas drogas en Portugal, Ámsterdam, algunos estados de los Estados Unidos y el estado de Australia del Oeste no ha llevado a un consumo mayor que lo que sería sin dicho cambio de política.

Es más, de todos los estudios que examinaron el impacto de políticas policiales de “mano dura” y restricción total, el 91% concluyeron que la mayor fuerza lleva a un aumento en la violencia asociada con el mercado de las drogas.

Y es justo esta la gran preocupación para los presidentes latinoamericanos. Como ya se sabe muy bien, la violencia en América Latina se está yendo del control, aunque el Informe ODB es algo agnóstico sobre el tema: “parecería que, en algunos países de América Central y el Caribe, las tasas altas de homicidio son, en parte, relacionadas al crimen organizado y los conflictos relacionados a los flujos del tráfico de cocaína y los mercados de la cocaína”.

Parecería, sí. El informe CGPD nos trae una metáfora apta, la de una “carrera de armamentos” entre los gobiernos y los traficantes. La producción de coca en Colombia fue abatida de forma impresionante, sólo para que los productores de Bolivia y Perú tuvieran más trabajo (véase la Table 12 del Informe ODB, abajo). Nuevas rutas entre América del Sur y Europa pasan por África Occidental, donde un naciente mercado se está desarrollando en el ámbito acogedor de corrupción, desigualdad y mala gobernanza. El creciente uso de contenedores para transportar la droga ha llevado a una mengua en las incautaciones de la misma que llegue a Europa. Hay una creciente producción de drogas sintéticas que todavía no están sujetas a controles internacionales, a causa de los esfuerzos internacionales en reducir la oferta de drogas basadas en plantas. Es impresionante la innovación del sector criminal en sus esfuerzos para satisfacer la demanda.

Como todas las carreras de armamentos, ésta nos está saliendo cara. El Informe CGPD no llama a la despenalización automática e indiscriminada, sino a la apertura de un diálogo sobre las formas en que pensamos y trabajamos sobre el problema global de las drogas. “En una época de austeridad fiscal, ya no podemos darnos el lujo de mantener las inversiones multimillonarias que tienen un valor simbólico”.

El Informe CGPD nos recuerda que la efectiva elaboración de políticas necesita una clara articulación de los objetivos. Convención Única sobre Estupefacientes de 1961 dejó en claro que el objetivo era una mejora en “la salud y el bienestar públicos”. Así que, para los autores del Informe CGDP, sus pares de la ODC han errado en hacer hincapié en el proceso – las incautaciones, las detenciones, las hectáreas de coca eliminadas – en vez de los resultados de salud y bienestar.

Por ejemplo, aunque hasta el Informe ODC reconoce que “el tratamiento y rehabilitación de los consumidores de drogas ilegales es más efectivo que el castigo”, se estima que en el 2010 nada más que el 20% de los consumidores problemáticos recibieron tratamiento.

¿Qué nos espera?

Según el Informe ODC, la tasa de 5% de la población del mundo probablemente no variará en el futuro, resultando en números absolutos de consumidores de drogas mayores según vaya creciendo la población del mundo. Se calcula que los mercados de drogas en los países en desarrollo – justo los países con menos recursos para lidiar con este problema – vayan aumentando.

Para los analistas de la ODC, esto es lo mejor que se puede esperar, ya que al cambiar las políticas antidrogas actualmente existentes, se vería un aumento en la tasa de consumidores. Para los analistas de la CGDP, esta previsión futura hace necesario un gran cambio en nuestra forma de pensar. No podemos tratar a este vasto número de consumidores, sólo el 10% de los cuales tienen un problema con las drogas, como si fueran criminales comunes. No podemos seguir invirtiendo billones de dólares en políticas equivocadas que llevan a más violencia y corrupción. Este punto de vista descansa en la convicción de que, al despenalizar el uso de las drogas, las tasas de consumo no estallarán.

Los dos informes son elaborados por personas capacitadas y ambos apelan a las estadísticas de agencias acreditadas e investigaciones publicadas en reconocidas revistas especializadas. Tal vez esto, más que nada, indique que un debate mucho más vívido e interesante exista en la literatura que lo que había, hasta hace poco, en el discurso político. Los líderes latinoamericanos están impulsando una discusión que hace mucho teníamos pendiente.

Camden Luxford es Coordinadora Editorial de www.analisislatino.com