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Aleardo F. Laría
El significado del 8N
Por Aleardo F. Laría
Twitter: @aleardol
10 de noviembre de 2012
(Diario Río Negro) En las actuales circunstancias por las que atraviesa Argentina, en un momento en que algunas instituciones están siendo sometidas a verdaderos asaltos –como lo prueba las presiones inauditas ejercidas sobre el Poder Judicial–o frente al desvío escandaloso de recursos públicos con fines partidistas; la protesta puede tener un efecto disuasorio. Es una clara advertencia que, si es leída correctamente, puede contribuir a que el gobierno tome consciencia de que ha traspasado ciertas líneas rojas.
 

(Diario Río Negro) La convocatoria al 8N tuvo una reacción más contundente que hace casi dos meses en todo el país y ha sido consecuencia de una iniciativa lanzada desde las redes sociales. Se trata de plataforma virtuales, como Facebook y Twitter, en la que ciudadanos de diversas ideologías y extracción política intercambian opiniones. Excepcionalmente, cuando se alcanza suficiente "masa crítica" alrededor de un tema o un problema, se atreven a lanzar una convocatoria al resto de los ciudadanos. Como no estamos ante un espacio homogéneo, similar al que tradicionalmente han venido representando los partidos políticos, surgen dudas acerca del significado y el alcance político que pueden llegar a tener estas convocatorias.

Desde los sectores ultrakirchneristas la primera reacción frente a una iniciativa que venía a disputar el control sobre la "plaza pública" –que desde siempre el populismo entendió como una propiedad que le pertenecía– ha sido la destemplanza. Como expresión representativa de esta mirada, podemos tomar las palabras pronunciadas por el locuaz senador Aníbal Fernández, quien, en declaraciones a Página 12, aseguró que el 8N "lo organizan sectores ligados a la extrema derecha". Se trata de un burdo intento de descalificación que ni siquiera merece ser analizado.

Cacerolazo contra Cristina Kirchner

Desde otros sectores intelectuales, que no necesariamente deben considerarse vinculados al oficialismo, ha surgido la preocupación de que estas manifestaciones, más allá de las sanas intenciones que puedan motivar a sus participantes, puedan ser instrumentadas hacia una postura más bien "antipolítica", sustentada por todos aquellos que piensan que todos los políticos "son corruptos e ineptos". Otros, con similar escepticismo, consideran que estas protestas sólo sirven para expresar la frustración y la desesperanza de cada ciudadano, pero que finalmente terminan perdiendo fuerza sin producir ningún cambio visible en la realidad económica y política.

Sin embargo, en las actuales circunstancias por las que atraviesa Argentina, en un momento en que algunas instituciones están siendo sometidas a verdaderos asaltos –como lo prueba las presiones inauditas ejercidas sobre el Poder Judicial– o ante los intentos de utilizar torticeramente la Ley de Medios para limitar o condicionar el derecho a la libre expresión de las ideas; o frente al desvío escandaloso de recursos públicos con fines partidistas; o al uso exacerbado de la propaganda oficial, la protesta puede tener un efecto disuasorio. Es una clara advertencia que, si es leída correctamente, puede contribuir a que el gobierno tome consciencia de que ha traspasado ciertas líneas rojas.

Por otra parte, frente a una debilidad constatada de los partidos políticos, esta protesta puede tener un efecto "anabolizante", como lo muestra claramente el firme compromiso de 28 senadores y 107 diputados de negarse a convalidar cualquier reforma constitucional. De igual modo, estamos asistiendo a redoblados esfuerzos por conformar dos fuertes coaliciones políticas, una de centro izquierda y otra liberal de centro, que deben considerarse como una forma de respuesta a una demanda ciudadana de unidad de la oposición.

Si nos retrotraemos a la crisis que se abrió en el 2001, es cierto que la consigna más representativa de aquellos cacerolazos era "que se vayan todos", una propuesta que no podía tener futuro, dado que es impensable una democracia sin representación. Pero en esta ocasión, como acertadamente señala Carlos Pagni, la consigna "que se vayan todos" parece transfigurada en una propuesta más propositiva: "que aparezca alguien". No debe extrañar a nadie que frente a un notable deterioro institucional y los visibles desaciertos del gobierno nacional en la gestión de asuntos muy sensibles para la economía, haya una creciente masa ciudadana dispuesta a expresar su deseo de poner límites a los excesos del poder.

Fuente: Diario Rio Negro (Argentina)

 
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Acerca del autor
Aleardo F. Laría
Aleardo F. Laría
Aleardo F. Laría es abogado y periodista.
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