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Patricio Navia

Estados Unidos y América Latina luego de Chávez

La muerte de Hugo Chávez vuelve a poner a América Latina en las noticias de EE.UU. Como no han prestado mucha atención a Latinoamérica en los últimos años, los estadounidenses aprenderán que la región se ha desarrollado económicamente, que se ha reducido la pobreza y que la democracia se ha fortalecido – con unas pocas excepciones. En la medida en que la economía de Estados Unidos retoma fuerza y se reducen sus gastos en defensa para reevaluar prioridades de relaciones exteriores, Washington debería tomar una nueva mirada hacia la América Latina post-Chávez.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
14 de marzo de 2013
 

La muerte de Hugo Chávez crea nuevas oportunidades para fortalecer las relaciones EE.UU.-América Latina. Si bien las prioridades actuales en Washington y Latinoamérica hacen que sea improbable que dichas oportunidades se materialicen, los policy makers en EE.UU. y en América Latina deberían aprovechar la oportunidad de construir relaciones más fuertes y sanas.

Como atacaba a Washington con entusiasmo, Hugo Chávez siempre tenía a EE.UU. entre sus principales preocupaciones. Con su fallecimiento, EE.UU. pierde un enemigo, pero también pierde a un aliado improbable. Ningún otro líder latinoamericano ha demostrado tanto interés en EE.UU. en años recientes como lo ha hecho Hugo Chávez. Su partida reducirá las oportunidades de que Latinoamérica y EE.UU. mantengan discusiones y debates sobre cuestiones de interés mutuo, pero también generará oportunidades para interacciones positivas (y permitirá que ambas partes dejen de lado los errores del pasado).

Chávez no era un amigo de Estados Unidos. Las relaciones entre Chávez y EE.UU. nunca fueron cordiales. Sin embargo, Washington y Caracas demostraron interés y preocupación genuinos sobre sus prioridades políticas y sus visiones ideológicas. Sólo unos pocos líderes latinoamericanos han sido capaces de atraer en los círculos estadounidenses la clase de interés que despertaba Chávez. Es cierto, Chávez muchas veces generaba el tipo de interés incorrecto. Pero sin Chávez, las cuestiones latinoamericanas corren el riesgo de caer varios puestos en la lista de prioridades de EE.UU.

El legado de Chávez era más simbólico que real en las relaciones entre EE.UU. y América Latina. A Chávez se lo culpaba erróneamente de bloquear las iniciativas de libre comercio entre Washington y Latinoamérica. El Acuerdo de Libre Comercio de las Americas (ALCA, FTAA en inglés) no se materializó en primer lugar porque Brasil y EE.UU. no hicieron las concesiones necesarias para llevar adelante las conversaciones. La guerra contra el terrorismo del Presidente Bush también quitó la atención de Estados Unidos hacia Latinoamérica.

Chávez atacó al ALCA – con su famoso discurso ALCA, ALCA, ALCArajo – y promovió su simbólico pero limitado ALBA. Pero la influencia que Chávez tenía contra el comercio con EE.UU. era limitada. En los 14 años en que fue presidente, América Central, República Dominicana, Chile, Perú y Colombia firmaron acuerdos de libre comercio con EE.UU. La retórica cargada de ideología utilizada por Chávez simplemente acumulaba apoyo entre los latinoamericanos que ya se oponían a EE.UU. El presidente venezolano no ganó ningún simpatizante en su brigada anti-estadounidense.

La lenta evolución en las relaciones EE.UU.-Latinoamérica coincidió con la administración Chávez, pero la causó el creciente desinterés de Washington hacia los sucesos que tenían lugar en América Latina. Bajo George W. Bush, si bien hubo avances en lograr acuerdos de libre comercio, la dura retórica reminiscente de la Guerra Fría, la obsesión de EE.UU. con Cuba – incluyendo el apoyo al impopular e ineficiente embargo contra la dictadura castrista – y el apoyo de Washington al golpe de estado contra Chávez en 2002, hacían difícil que los líderes latinoamericanos cooperaran con Washington en ampliar y profundizar las relaciones EE.UU.-Latinoamérica. El poco entusiasmo que EE.UU. hallaba en América Latina para la guerra en Irak también disuadió a la administración Bush de involucrarse con la región más activamente.

Bajo la administración de Obama, las cosas comenzaron bien, pero no había mucho que continuar. La visita del Presidente Obama a la región en 2011 dio magros resultados y dejó un sabor amargo. Obama vino a América Latina con poco que ofrecer y poco que pedir. Fue una visita de cortesía que reflejaba cuán pequeña se había vuelto la agenda bilateral. Es cierto, no hay grandes motivos ni conflictos para preocuparse, más allá de los heredados de la Guerra Fría, incluyendo Cuba y el tráfico de drogas. Pero hay pocos elementos en la agenda que pueden generar entusiasmo o interés. El Presidente Obama no logró incluir nuevas cuestiones en la agenda y los países latinoamericanos comenzaron a mirar hacia otro lado – especialmente Asia – en busca de nuevas oportunidades comerciales y para otras iniciativas de cooperación.

La muerte de Hugo Chávez vuelve a poner a América Latina en las noticias de EE.UU. Como no han prestado mucha atención a Latinoamérica en los últimos años, los estadounidenses aprenderán que la región se ha desarrollado económicamente, que se ha reducido la pobreza y que la democracia se ha fortalecido – con unas pocas excepciones. Abundan las oportunidades de expandir y profundizar el comercio y desarrollar otras iniciativas de cooperación que den beneficios a ambos lados de la frontera México-Estados Unidos. En la medida en que la economía de Estados Unidos retoma fuerza y se reducen sus gastos en defensa para reevaluar prioridades de relaciones exteriores, Washington debería tomar una nueva mirada hacia la América Latina post-Chávez.

Luego de un funeral que juntó a la mayoría de los presidentes de la región, América Latina está lista para avanzar e involucrarse con EE.UU. en una relación beneficiosa para ambos. En ambos lados abundan las oportunidades comerciales y los proyectos de inversión. Sin Chávez, habrá menos retórica de confrontación entre EE.UU. y Latinoamérica. Si eso lleva a menor involucramiento e interacciones más débiles, se habrá perdido la ventana de oportunidad. Sin embargo, si Latinoamérica y EE.UU. aprovechan la oportunidad y se benefician de un humor político más amigable, los próximos años pueden convertirse en un período de mayor integración comercial e iniciativas de cooperación fructíferas.

Patricio Navia es Director del Consejo Académico del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

Este artículo fue originalmente publicado en el Buenos Aires Herald, el 12 de marzo de 2013. Traducción de Hernán Alberro.


 
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
Twitter: @patricionavia