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Jorge Olivera Castillo

Reforma migratoria cubana: Salida a tomar el sol

(Cubanet) El hecho de haber sido condenado a 18 años de privación de libertad, en 2003, por ser director de una agencia de prensa independiente, constituye un obstáculo inamovible que me impide salir del país, incluso con boleto de retorno, al menos que mis carceleros me concedan un permiso especial, el indulto o la amnistía. Es probable que mi rechazo al destierro y exilio definitivo sea una de las razones por las cuales truncan ahora mis anhelos de visitar otras naciones.

Por Jorge Olivera Castillo
Twitter: @jorolicas
14 de junio de 2013
 

LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org -Nadie lo dude: los mandamases criollos mantienen la llave de los cerrojos y nos lo recuerdan cada vez que quieren. Que exista un filón para escabullirse hacia el exterior y regresar, sin necesidad de un permiso especial para cada viaje, no es suficiente para decir que existe una política de puertas abiertas.

La medida pudiera ser meramente simbólica. Aunque hasta ahora a una treintena de opositores e integrantes de la sociedad civil alternativa se le haya permitido viajar y regresar, eso no quiere decir que podamos confiar en la honestidad y permanencia de la nueva política.

Habría que esperar por el desarrollo de una política que apenas comienza. No se debe olvidar que la nueva ley migratoria contiene acápites que establecen las condiciones para beneficiarse de la supuesta apertura.

Según algunos ambiguos párrafos del decreto “aperturista”, cualquier ciudadano podría ser privado de su derecho a salir temporalmente de país. Basta que así lo decidan la oficialidad del Ministerio del Interior o los políticos que mantienen el poder real.

Y hablo con conocimiento de causa. En esa lista negra figura mi nombre, junto al de muchos otros profesionales y disidentes que quizás ni estén enterados de su inclusión. En mi caso, lo supe el pasado 3 de mayo, cuando pregunté en una de las oficinas del Departamento de Inmigración y Extranjería sobre la posibilidad de salir al exterior en los próximos meses.

El hecho de haber sido condenado a 18 años de privación de libertad, en 2003, por ser director de una agencia de prensa independiente, constituye un obstáculo inamovible que me impide salir del país, incluso con boleto de retorno, al menos que mis carceleros me concedan un permiso especial, el indulto o la amnistía.

Mi excarcelación bajo una Licencia Extrapenal, por motivos de salud, el 6 de diciembre de 2004, tras cumplir 20 meses y 18 días de encierro, revela las oscuras intenciones del régimen. Técnicamente, no soy un hombre libre, aunque esté en la calle, soy un rehén que puede ser devuelto a la prisión si lo determinan los dueños absolutos de la nación.

Es probable que mi rechazo al destierro y exilio definitivo, el 12 de octubre de 2010, sea una de las razones por las cuales truncan ahora mis anhelos de visitar otras naciones y cumplir con la invitación del Departamento de Literatura de la Universidad de Harvard, como escritor invitado.

La apertura de Cuba al mundo es aún marginal. Sigue faltando voluntad política, dinamismo y transparencia, tres factores esenciales para medir la autenticidad de lo que se insiste en definir como parte de un proceso de transición ¿hacia la democracia?

Sería absurdo pensar que el gobierno ha dado estos pasos a la ligera. Tras varios años de estudio, por fin eliminó la llamada tarjeta blanca, el documento sin el que ningún cubano podía traspasar legalmente las fronteras nacionales de esta isla que sirve de prisión a once millones de personas; pero no hay atisbos de concesiones que desmonten el modelo totalitario de gobierno.

El socialismo a la cubana sigue tratando de engañar a la opinión pública. Creernos el cuento de la “apertura migratoria” sería un acto de ingenuidad, o mala fe. Los “gorilas” verde olivo no son tontos y calcularon bien pérdidas y ganancias de la movida.

Los “viajes” son solo la voz del carcelero que, en las prisiones, anuncia el horario de salir a tomar el sol.

oliverajorge75@yahoo.com