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Adolfo Garcé
¿El pacto sagrado en entredicho?
Por Adolfo Garcé
8 de agosto de 2013
(El Observador) La mayoría de los ciudadanos uruguayos piensan que nuestros políticos no se esfuerzan en honrar sus compromisos electorales. Esto, sin embargo, no es correcto como puede comprobar cualquiera que repase la política uruguaya de las últimas tres décadas. ¿De dónde brota este desajuste entre realidades y percepciones?
 

(El Observador) Las democracias modernas se apoyan en un pacto sagrado entre los representantes y los representados: una vez electos, los gobernantes están obligados a cumplir las promesas realizadas durante las campañas electorales. Desde mi punto de vista, esta noción, absolutamente básica, forma parte del bagaje conceptual de la elite política uruguaya desde 1985 en adelante. Sin embargo, un sondeo reciente de la consultora Opción revela que prevalece en nuestra ciudadanía una visión demasiado sombría.

Veamos esos números. A los encuestados se les formuló la pregunta siguiente: “En general, ¿usted piensa que los políticos uruguayos se esfuerzan por cumplir sus promesas electorales o piensa que no lo hacen? Los resultados son preocupantes: una clara mayoría de los entrevistados contestó que no (55%). El dato es impactante porque la pregunta apunta a medir solamente “el esfuerzo” y no el cumplimiento cabal de las promesas. De acuerdo a este sondeo, cuyo trabajo de campo fue realizado en junio de este año, para la mayoría de los ciudadanos los gobernantes ni siquiera se molestan en intentar cumplir con los compromisos asumidos públicamente ante los electores.

El análisis desagregado según voto anterior agrega información relevante. Las percepciones más críticas prevalecen entre quienes no apoyaron al Frente Amplio en octubre de 2009. El 66% de quienes votaron por Lacalle, el 56% de quienes lo hicieron por Bordaberry y el 69% de los votantes de Mieres expresaron que los políticos uruguayos no se esfuerzan por cumplir con sus promesas electorales. La tendencia cambia entre quienes manifiestan haber votado a Mujica: prevalecen las opiniones positivas sobre las negativas. Sin embargo, para mi gusto, es sorprendentemente alto el porcentaje de electores frenteamplistas que piensan que los políticos no se esfuerzan por cumplir sus promesas: 46%.

Desde luego, así como una golondrina no hace verano, no alcanza con una medición para sacar conclusiones definitivas. En este mismo espacio, sobre la base de la información generada por el proyecto Barómetro de las Américas, he dicho que la democracia uruguaya presenta algunos de los mejores números de la región en términos de su respaldo en la ciudadanía. Sin embargo, una encuesta reciente de Cifra publicó otro dato preocupante que es perfectamente consistente con la información de Opción a la que he venido haciendo referencia: el 64% de los uruguayos no confía en los partidos políticos.* Dicho de otra forma: hay buenas razones para pensar que existen cortocircuitos significativos en nuestros sistemas de representación.

Quiero ser enfático en este punto. Creo que está fuera de discusión que los políticos uruguayos después de la restauración de la democracia hacen un gran esfuerzo, primero, por elaborar programas de gobierno bien pensados, y, segundo, por cumplirlos cuando son electos. Durante su primera presidencia, Sanguinetti cumplió con su promesa principal, y concretó “el cambio en paz”. Lacalle llevó lo más lejos que pudo su compromiso de impulsar la liberalización de la economía uruguaya. Durante su segundo mandato, Sanguinetti impulsó las reformas de segunda generación contenidas en el programa de gobierno acordado con Batalla, entre ellas, la de la educación y la de la seguridad social. La presidencia de Batlle estuvo signada, como todos recordamos, por el shock externo negativo más intenso en décadas. El margen de maniobra de la política doméstica se restringió sobremanera. Cuando pasó el temporal, Vázquez, desde la presidencia, llevó adelante buena parte de las políticas anunciadas en su plataforma electoral, entre las que cabe mencionar la implantación del IRPF y la reforma de la salud. No logró, en cambio, concretar el TLC con EEUU que no formaba parte de su guion original.

No cabe duda que Mujica ha tenido más problemas que Vázquez para cumplir los compromisos asumidos ante los ciudadanos. Sin embargo, no creo que sea correcto decir que no se ha esforzado. En particular, como he señalado otras veces, en materia de política económica, ha intentado conciliar las dos promesas contradictorias que hizo para ser electo, primero candidato por el FA y, más tarde, presidente: “giro a la izquierda” (2008) y “más de lo mismo” (2009). También se esforzó notoriamente en cumplir con la más sonada de sus promesas: “educación, educación, educación”. Es evidente que los resultados obtenidos en este tema están escandalosamente por debajo de las expectativas generadas.

Recapitulo brevemente. La mayoría de los ciudadanos piensan que nuestros políticos no se esfuerzan en honrar sus compromisos electorales. Esto, sin embargo, no es correcto como puede comprobar cualquiera que repase la política uruguaya de las últimas tres décadas. ¿De dónde brota este desajuste entre realidades y percepciones? ¿Será que los ciudadanos, en general, no distinguen entre intenciones y realizaciones? ¿Será un efecto negativo de la proverbial virulencia de la competencia política? En todo caso, está claro que debemos estar más atentos a la evolución de estos indicadores.

* Ver: http://www.cifra.com.uy/novedades.php?idNoticia=200

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

 
Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.