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Andrés Cañizález

Nicolás Maduro en su laberinto

El gobierno está conduciendo un país que es una suerte de olla de presión, a la cual semana a semana se le va añadiendo presión producto de hechos que golpean a todos los venezolanos por igual: inseguridad, escasez, alto costo de la vida. La vida de los venezolanos está llena de dificultades y cada vez más (al contrario de lo que ocurría con Chávez) se le adjudica una responsabilidad directa a Nicolás Maduro.

Por Andrés Cañizález
Twitter: @infocracia
27 de agosto de 2014
 

En un artículo anterior señalamos la encrucijada que vive Nicolás Maduro: ¿sigue siendo rehén del discurso y la nefasta política económica de Hugo Chávez o da paso a un nuevo modelo que permita satisfacer necesidades del pueblo y por tanto garantizar la viabilidad política del chavismo a largo plazo? Nos quedamos cortos al visualizar sólo dos opciones. Maduro ha optado por una tercera opción: no hacer nada. El inmovilismo como opción. Esa decisión o la falta de decisiones en política se pagan de la misma forma. En política vale aquello de que se es responsable por acción u omisión.

Recientemente hemos tenido dos señales claras tanto de la falta de decisión como del costo político que ello representa, especialmente cuando el gobierno está conduciendo un país que es una suerte de olla de presión, a la cual semana a semana se le va añadiendo presión producto de hechos que golpean a todos los venezolanos por igual: inseguridad, escasez, alto costo de la vida. La vida de los venezolanos está llena de dificultades y cada vez más (al contrario de lo que ocurría con Chávez) se le adjudica una responsabilidad directa a Nicolás Maduro. Estos meses de inacción también pasan factura, a fin de cuentas.

Volvamos a las señales de esta semana El lunes en la noche se anuncia con tono ceremonial que el presidente Maduro le había pedido a todo el alto gobierno (ministros y viceministros) su renuncia, que pusieran sus cargos a la orden. En cualquier otro país, con cualquier otro gobierno, tal anuncio habría dado paso a que en un lapso prudencial de 24-48 horas el jefe de Estado le anunciara al país su nuevo gabinete. Escribo un viernes en la mañana y los cambios ministeriales no se oficializan. El retardo puede ser señal de al menos dos cosas: a) no tiene Maduro el consenso necesario de los otros factores de poder en el chavismo para una movida de mata en serio; b) se está preparando un cambio de magnitudes que no serán sólo los enrroques de costumbre. Al país (y al propio gobierno) le convendría más lo segundo, pero en verdad uno cree que lo que está ocurriendo es lo primero. Maduro abre la puerta pero no da el paso, no termina de cruzar esa puerta hasta no tener un acuerdo amarrado con los diferentes factores con los que cogobierna. Eso explica la inacción de este gobierno.

La primera vez que oí a Maduro mencionar el tema de la gasolina fue en septiembre del año pasado. Asomó el asunto desde la racionalidad económica (como debe ser): en Venezuela la gasolina no sólo es regalada, sino que el Estado tiene ingentes pérdidas con la producción del combustible, ya que producirlo tiene costos infinitamente más altos, que el precio ridículo que cada venezolano paga en una estación de servicio. Desde entonces al menos en una docena de ocasiones ha asomado la posibilidad de hacer el ajuste, otra docena de veces ha retrocedido asegurando que su gobierno no tiene apuros económicos (lo cual es una mentira) y que por tanto no es una prioridad aumentar el precio de la gasolina. Así, sin tomar decisiones, se le han ido largos meses.

Otro bypass. He conocido de primera mano que algunos analistas económicos bastante liberales (nacionales y extranjeros) han sido llamados a Miraflores, que Maduro ha escuchado consejos sobre las medidas económicas urgentes que debe tomar su gobierno. Maduro le sacó provecho político al “Dakazo” para posicionar al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones municipales, pero desaprovechó ese momento (diciembre del año pasado) para hacer los ajustes económicos que reclama el país. Todo ajuste implicará un costo político, salta a la luz que Maduro quiere endosar ese costo a otros actores (comerciantes, empresarios, contrabandistas, etc), pero lo más llamativo es que finalmente no toma las medidas. Hace un mes -más o menos- se anunció el “sacudón” con bombos y platillos, el propio Maduro dijo que hara “grandes anuncios al país”. Tal sacudón no sucedió, en teoría se postergó hasta después del III Congreso del PSUV. El congreso concluyó el 28 de julio y el gobierno sigue sin tomar, como se dice popularmente, el toro por los cachos.

Otra señal reciente: Pero llegó la hora. Y para esa afirmación no sólo me baso en mis percepciones, sino que apelo a una entrevista esta semana de Oscar Schemel. Sobre Schemel y su firma Hinterlaces mucha tinta ha corrido, pero lo cierto del caso es que nadie lo ha acusado, en los últimos dos años al menos, de ser antichavista. Siendo así, creo que la opinión de Schemel puede tener eco en la acera gubernamental cuando sostiene que a Nicolás Maduro se le acabó el tiempo, que ya no puede postergar la toma de decisiones.

Maduro sigue en su laberinto, ojalá entienda que salir de éste, su laberinto en la toma de decisiones, tiene un impacto directo en la sociedad. Lo que está en juego es mucho más que su sola permanencia en el poder.

Fuente: Tal Cual Digital (Caracas, Venezuela)

 
Acerca del autor
Andrés Cañizález
Andrés Cañizález
Investigador Titular de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB, Venezuela) y profesor del postgrado en Comunicación Social de dicha universidad. Coordinador de extensión de la UCAB en el Estado Lara. Directivo de la Asociación Civil Medianálisis y Consejero Académico de CADAL. Escribe regularmente en los diarios venezolanos El Nacional, El Impulso, El Tiempo, La Verdad, El Carabobeño y en el portal El Estímulo.
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