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Adolfo Garcé
La desconfianza en los partidos
Por Adolfo Garcé
20 de agosto de 2013
Acaba de presentarse el informe El Parlamento bajo la lupa,en el marco de un convenio entre el Poder Legislativo y el Instituto de Ciencia Política de la Udelar
 

Acaba de presentarse el informe El Parlamento bajo la lupa, redactado por Daniel Chasquetti, Juan Andrés Moraes y Daniel Buquet, en el marco de un convenio entre el Poder Legislativo y el Instituto de Ciencia Política (FCS-Udelar). El trabajo tiene tres partes bien distintas. En la primera se estudia la actividad del Parlamento (en materia de legislación y fiscalización). En la segunda se pone el foco sobre la función de representación. En la tercera se presenta información sobre la imagen pública del Parlamento.

El informe contiene mucha información de alto valor. Durante los primeros cuatro años de este gobierno se presentaron 1.243 proyectos, de los cuales 527 se convirtieron en leyes. El Ejecutivo sigue teniendo una fuerte influencia sobre el proceso legislativo: el 76% de las leyes sancionadas fueron propuestas por el Ejecutivo. El Parlamento modificó el 36% de las leyes sancionadas (31% de las iniciadas por el Ejecutivo y 53% de las presentadas por los propios legisladores). Hubo 23 llamados a sala de ministros (los tres más convocados fueron los de Relaciones Exteriores, de Interior y de Economía y Finanzas). También se registraron 22 llamados a ministros en régimen de comisión general. Los parlamentarios presentaron 2.055 pedidos de informes, de los cuales 61% fueron contestados. Esta tasa de respuesta es similar al de la legislatura anterior y sensiblemente superior a las de la década anterior (1995-2004). Hay mucho para discutir sobre esta información. Pero no se puede negar que el Parlamento trabaja. Legisla y fiscaliza.

Me quiero detener en uno de los datos del estudio: solamente uno de cada cinco ciudadanos (21%) manifiesta confiar en los partidos políticos uruguayos. Como puede verse en el gráfico, este porcentaje es menor al nivel de confianza obtenido por sindicalistas (26%) y empresarios (26%). También es inferior al de los tres poderes: Judicial (33%), Ejecutivo (38%) y Legislativo (41%). También es inferior al del “cuarto poder”: la ciudadanía confía mucho más en los medios de comunicación (56%) que en los partidos políticos.

El bajo nivel de confianza en los partidos ya había sido señalado en otros estudios. El informe Lapop 2012 reporta que el porcentaje de personas que confían en los partidos políticos uruguayos es de 41,8%.1 Utilizando una metodología diferente Equipos-Mori encontró resultados inferiores, y muy similares a los presentados por Buquet. Según los datos de Equipos-Mori solamente el 24% de los encuestados en tres sondeos realizados durante el año 2012 dijo confiar “mucho” o “bastante” en los partidos. El nivel de confianza en los partidos de acuerdo a este sondeo es menor que en la Iglesia (33%), las organizaciones sociales (41%) y los medios de comunicación (42%). Con un agravante: que el nivel de confianza en los partidos es todavía más bajo entre los jóvenes: solamente el 17% de los encuestados mayores de 18 pero menores de 29 años manifestó confiar “mucho” o “bastante” en los partidos.2

Hay buenas razones para seguir diciendo que todo va muy bien en nuestro sistema democrático. Nadie puede discutir que la transición, hace tres décadas, condujo a una democracia estable. Más tarde nuestras instituciones fueron capaces de procesar, sin ningún tipo de problemas, la alternancia entre colorados y blancos, primero y, más tarde, la transformación del FA de pertinaz desafiante en partido de gobierno. Nuestra democracia atravesó, hace 10 años, sin turbulencias significativas, la peor crisis económica y social desde de los tiempos del crack del 29. Uruguay encabeza sistemáticamente los estudios sobre calidad de la democracia en América Latina e integra la elite de las democracias plenas del mundo. Los presidentes electos durante estas décadas han gozado de respeto en el resto del mundo. El mismo José Mujica, contra todo pronóstico, se ha convertido en un actor político global y ha cosechado numerosos reconocimientos internacionales.

Sin embargo, aunque nos cueste admitirlo, y nos cueste todavía más explicarlo, la relación de los uruguayos con la democracia está en problemas. No hay malestar con la democracia. Hay malestar en democracia. No me asombran ni me preocupan tanto el nivel de desconfianza en el Ejecutivo y el Legislativo. Al fin de cuentas, obviamente, estos datos están sesgados por la simpatía política (y cerca de la mitad de los ciudadanos no votó ni ese Parlamento ni ese Ejecutivo). Sí es muy preocupante en cambio que solamente uno de cada tres confíe en el Poder Judicial. Es un problema serio.

Pero el dato sobre la desconfianza en los partidos es demasiado chocante. Con este número a la vista, dicho sea de paso, es más fácil entender por qué sigue cayendo el número de votantes en las primarias, o por qué irrumpen con tanta fuerza algunos nuevos liderazgos en los dos partidos más votados (FA y PN). La conexión entre los partidos y la gente está fallando. Es hora de tomarse en serio este problema.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruuguay)

 
Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.