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Adolfo Garcé
Tan igual, tan distinto
Por Adolfo Garcé
15 de octubre de 2014
(El Observador) Más allá de las encuestas, no es fácil identificar las tendencias predominantes en el electorado. ¿Qué prevalece en la sociedad? ¿La demanda de renovación (como pareció después del 1º de junio) o la de continuidad (como sugieren algunas encuestas)? ¿Qué pesará más importante en la decisión de los electores? ¿Una década de progreso económico o el cansancio con elite en el poder?
 

Hacía 20 años que no llegábamos a la elección nacional con tantas preguntas

(El Observador) Cuál es el rasgo más característico del ciclo electoral cuyo desenlace se viene aproximando tan rápidamente? Mi respuesta es sencilla: la incertidumbre. En verdad, hacía 20 años que no llegábamos a la elección nacional con tantas preguntas.

No había muchas dudas en la elección de 2009. El favoritismo del FA derivaba tanto de su propia fortaleza como de las debilidades de la oposición. El partido de gobierno llegó bien a la elección gracias a la combinación entre una gestión exitosa (durante la presidencia de Vázquez) y una fórmula carismática (Mujica-Astori). La oposición, en cambio, padeció la última parte de la elección. La virulenta campaña contra el expresidente Luis Alberto Lacalle rápidamente melló la credibilidad del candidato nacionalista.

En la elección anterior, octubre de 2004, el favoritismo del FA fue todavía más abrumador. Había que tener mucha imaginación para suponer que la izquierda no ganaría después de la debacle económica, social y política de la presidencia de Jorge Batlle. Mientras tanto, la izquierda siguió moderándose en el plano programático y Vázquez llevó a cabo una campaña electoral sin errores.

Tampoco había habido mucha incertidumbre cinco años antes, en 1999. La coalición liderada por Julio María Sanguinetti logró bajar la inflación a un solo dígito y avanzar en reformas estructurales en distintas áreas, particularmente en seguridad social y educación. Jorge Batlle, con el apoyo de Luis Hierro, sacó amplio partido de su bien ganada fama de hombre auténtico y frontal, y ganó cómodamente el balotaje frente a Vázquez.

Hay que remontarse veinte años para encontrar una elección con un resultado tan abierto como el de este año. En 1994, gracias a la creación del Encuentro Progresista, Tabaré Vázquez se convirtió en candidato a la presidencia. En esa elección, le tocó a él aportar “aire fresco”, juventud, sorpresa, emoción. En ese momento causó el mismo efecto que, durante este año, generó Luis Lacalle Pou. Arañó la presidencia pero terminó perdiendo (Partido Colorado 32%, Partido Nacional 31%, Encuentro Progresista 30%).

La elección de 2014, a diferencia de las tres anteriores, está signada por la incertidumbre. En particular, el escenario electoral es bien distinto al de 2009. Ni el gobierno es tan exitoso ni la oposición tan débil. El gobierno arrastra problemas. Es notorio que existen fuertes demandas insatisfechas, en particular en seguridad y educación. La fórmula Vázquez-Sendic es menos carismática que el binomio Mujica-Astori. El “factor Vázquez”, dicho sea de paso, terminó siendo mucho menos decisivo de lo que yo mismo suponía que podía ser. La inclusión de Sendic aportó paz en la interna, pero no parece haber tenido un impacto significativo en términos de conexión entre la fórmula y las expectativas del público. Las redes sociales siguen llevando agua para el molino de la reelección del FA. El video casero de María “Clasemedia” es original, pero no ha habido nada tan impactante hasta la fecha como el “banderazo” de la elección pasada. La publicidad ayuda pero tampoco entusiasma: las imágenes de Mujica y Astori en el avión (prometiendo “un país de primera”) causaron un impacto muy superior a las de Vázquez y Sendic en el ómnibus recorriendo el país (argumentando que “Uruguay no se detiene”).

La oposición llega mucho mejor que hace cinco años. El PN, como es obvio, gracias al liderazgo de Lacalle Pou (y al compromiso de Jorge Larrañaga con su partido y su sector), llega renovado e ilusionado. El candidato nacionalista ha sido sometido, desde el 1º de junio, a pruebas muy exigentes. Vázquez comparó sus propuestas con “pompas de jabón” y Sendic las consideró “retrógradas”. Bordaberry lo etiquetó como “inexperiente”. Periodistas y ciudadanos han examinado con lupa sus declaraciones para identificar inconsistencias o claudicaciones. En líneas generales, Lacalle Pou se las ingenió para salir airoso y no alejarse de su propio libreto. Aunque no logró conservar el protagonismo del primer semestre, se perfila como un rival durísimo para Vázquez.

El PC, por su parte, también está mejor que hace cinco años. Lideró durante todos estos años a la oposición en el asunto “seguridad ciudadana”, el más importante para la población, y sigue aferrando con decisión la bandera de la reforma constitucional. Bordaberry volvió a dar muestras de solvencia en el manejo de temas fundamentales.

Finalmente, el Partido Independiente también llega mejor que hace un lustro a la cita de octubre. Para empezar, tiene más visibilidad que antes. Pero, además, tiene una estrategia más nítida (está claro que busca electores de clase media y centroizquierda desencantados del FA) y una comunicación menos elitista (basta comparar el eslogan de 2014 “el voto inteligente” con el spot de “Juan Clasemedia”).

El FA llega peor y la oposición mejor que hace cinco años. En este escenario, es muy difícil definir favoritos. Reina la incertidumbre. En este entorno, y con las limitaciones inherentes a la técnica, no es sencillo para las encuestadoras aportar información decisiva.

Pero, más allá de las encuestas, no es fácil identificar las tendencias predominantes en el electorado. ¿Qué prevalece en la sociedad? ¿La demanda de renovación (como pareció después del 1º de junio) o la de continuidad (como sugieren algunas encuestas)? ¿Qué pesará más importante en la decisión de los electores? ¿Una década de progreso económico o el cansancio con elite en el poder?

Cuando se comparan las encuestas de ahora con las de hace cinco años nada parece haber cambiado demasiado. La única diferencia es que la intención de voto al FA es 2% o 3% menor que entonces. Todo parece estar igual… pero todo es muy distinto.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

 
Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.