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Adolfo Garcé
Vigencia y perspectivas de la astoridependencia
Por Adolfo Garcé
10 de julio de 2015
(El Observador) Durante estos primeros meses del tercer gobierno del FA el Frente Líber Seregni ha logrado dejar su huella en opciones y decisiones importantes. Pero enfrenta una coalición interna, política, sindical, social, muy poderosa. El presidente, su principal aliado, inexorablemente irá perdiendo poder. El equilibrio actual es estructuralmente inestable. En ese sentido, cobra una relevancia muy especial el trámite parlamentario del presupuesto quinquenal. No será solamente una discusión sobre asignación de recursos Además, será una gran batalla política por el poder entre las grandes corrientes que tensan, desde hace muchos años, la interna del FA.
 

(El Observador) mEn abril del año pasado escribí, en este mismo espacio, que la era de la “astoridependencia” en el Frente Amplio estaba llegando a su fin. Luego de trazar la curva de ascenso y declive del poder político del astorismo, afirmé: “Hasta ahora, a pesar de no ser (ni en 2004 ni en 2009) la fracción más votada del FA, el astorismo logró tener una influencia decisiva en las políticas públicas de los sucesivos gobiernos frenteamplistas. (…). Si mi interpretación es correcta ese tiempo está llegando a su fin. El poder político del astorismo, que disminuyó leve pero significativamente a partir de 2010, volverá a reducirse. Vázquez ya no es astoridependiente. Como nunca antes, el peso político futuro de Astori y su gente, dependerá, en esencia, del tamaño de su propia bancada parlamentaria”.1

La bancada del astorismo, tal como podía suponerse tomando nota del escándalo político generado en su momento por el caso Pluna, se redujo de modo sensible: pasó de seis a tres senadores. En verdad, ninguna otra fracción de ninguno de los partidos con representación parlamentaria sufrió una erosión tan intensa. Sin embargo, en lo que va del gobierno, el peso político del astorismo no ha disminuido respecto a la presidencia de José Mujica. Danilo Astori, titular del Ministerio de Economía y Finanzas, sigue influyendo fuertemente en decisiones fundamentales.

Repasemos algunas de las más recientes. En primer lugar, el canciller Rodolfo Nin Novoa, uno de sus aliados más importantes, no disimula su preferencia por la apertura comercial y apura el paso hacia el TISA y el Pacífico. En segundo lugar, en materia de salarios, el MEF logró imponer su criterio de cara a la próxima ronda de negociaciones tripartitas. En tercer lugar, la reciente suspensión de la construcción del ANTEL Arena, como es bien sabido, se fundamentó en un informe elaborado por el MEF respecto a cuál sería el monto total de la inversión. Es evidente que el astorismo sigue siendo muy influyente y que su peso político no ha dependido, al menos hasta ahora, del tamaño de su bancada parlamentaria.

A partir de esta constatación cabe hacerse dos preguntas. La primera es, obviamente, por qué no se verificó aquella previsión. La respuesta corta es muy sencilla: por decisión de Tabaré Vázquez. Él anunció, incluso antes de conocer el resultado de las elecciones internas en el FA que, en caso de ser electo presidente, volvería a designar a Astori como ministro de Economía, y cumplió esta promesa a pesar de la disminución del apoyo al Frente Líber Seregni en la elección parlamentaria de octubre. La respuesta larga es un poco más compleja. Acá pueden distinguirse tres posibles interpretaciones (sólo las dos primeras son excluyentes).

La primera posibilidad es que Vázquez lo apoya, lisa y llanamente, porque concuerda con él (presidente y ministro comparten preferencias en materia de política económica). La segunda es que (aunque sus preferencias no coinciden totalmente) lo nombró ministro buscando compensar el peso político del ala izquierda en el parlamento. La tercera es que no se trata de preferencias sino de cálculos. Dado que, con Astori como ministro, terminó con buena nota su primera presidencia, es perfectamente razonable que piense que, repitiendo la receta, podrá culminar con éxito su segundo mandato. Desde mi punto de vista, el apoyo del presidente Vázquez a Astori se explica por una combinación entre la segunda y la tercera de las interpretaciones anteriores.

La segunda pregunta es en qué medida el actual equilibrio es estable. La vida ha demostrado que, en este terreno, no es fácil hacer conjeturas. De todos modos, en el acierto o en el error, sigo pensando sine ira et studio que el peso del astorismo en las políticas públicas está condenado a disminuir. Cuenta, es cierto, con el apoyo del presidente. Pero tiene demasiados adversarios y no vacila en enfrentarlos a todos a la vez.

Choca con el vicepresidente en temas comerciales: la fracción liderada por Raúl Sendic (Compromiso Frenteamplista), acaba de explicitar su rechazo al TISA. Choca con el Ministerio de Trabajo en la política salarial. Y choca con la ministra de Industria, Carolina Cosse, y el Movimiento de Participación Popular (que sigue siendo el más poderoso de la interna frenteamplista) en el tema ANTEL Arena. En los tres asuntos, además, el astorismo está en curso de colisión con el PIT-CNT. Cuenta, es cierto, por ahora, con el apoyo de un presidente poderoso. Pero es bien sabido que los presidentes como Vázquez, que no tienen ni la posibilidad de ir por la reelección ni la de inclinar la balanza de la sucesión hacia su candidato favorito, pierden rápidamente influencia a medida que transcurre su mandato.

La astoridependencia todavía continúa. Durante estos primeros meses del tercer gobierno del FA el Frente Líber Seregni ha logrado dejar su huella en opciones y decisiones importantes. Pero enfrenta una coalición interna, política, sindical, social, muy poderosa. El presidente, su principal aliado, inexorablemente irá perdiendo poder. El equilibrio actual es estructuralmente inestable. En ese sentido, cobra una relevancia muy especial el trámite parlamentario del presupuesto quinquenal. No será solamente una discusión sobre asignación de recursos Además, será una gran batalla política por el poder entre las grandes corrientes que tensan, desde hace muchos años, la interna del FA.

1 Ver: Hacia el fin de la Astori-dependencia.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

 
Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.