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Adolfo Garcé
La política en tiempo de vacas flacas
Por Adolfo Garcé
24 de diciembre de 2015
(El Observador) Si el FA pretende seguir en el poder tendrá que fabricar más sueños y mostrar otra energía. Si se limita a administrar burocráticamente la crisis y a frustrar las expectativas que él mismo sembró, no hará más que cavar su propia tumba electoral. Mientras estuvo en la oposición, al no poder administrar recursos desde el Estado, hacía política con gestos y palabras. Ahora, cuando escasean los recursos, no tiene más remedio que volver a los discursos.
 

(El Observador) El veredicto del 2015 es rotundo e inapelable: el Frente Amplio ha sido sentenciado por los dioses a gobernar con viento en contra. Queda a juicio del lector determinar si merecía o no este castigo. En todo caso es evidente que para un partido de izquierda, orientado genéticamente a la redistribución, se trata de un reto muy difícil. Es fácil sobrevivir en el poder con viento a favor. Cuando la economía crece las urnas tienden a llenarse de sonrientes votos oficialistas. Con viento en contra, con el motor de la economía amagando apagarse, el FA precisa nuevos argumentos. No alcanza con la economía. Precisa hacer política.

El FA precisa hacer política, en primer lugar, para operar sobre las expectativas. Me inclino a pensar que, en última instancia, los bajos niveles de aprobación de la gestión del gobierno en curso tienen que ver con el desajuste escandaloso entre las expectativas que tenía la mayoría de la población en el 2014 y el balde de agua fría recibido desde el propio gobierno en el 2015. El FA ganó la elección el año pasado sin avisarle a la sociedad que se venían tiempos difíciles. No solo no avisó: subió todavía más la vara de las promesas. El discurso cambió, de golpe, cuando empezó a elaborar el presupuesto. Recién ahí se escuchó hablar desde el oficialismo de cautela y prudencia. El FA tiene que justificar este cambio. Tiene que hablarle de frente a la ciudadanía y explicar por qué pasó del “vamos bien” al “no se puede”. Si se equivocó es mejor que se disculpe. Es lo que corresponde desde el punto de vista moral, pero también es lo mejor en términos de costo-beneficio.

En segundo lugar, el FA precisa hacer política en el sentido de optar por uno de los dos modelos que conviven en tensión en su seno. La diversidad ideológica le ha permitido convertirse, poco a poco, en el partido más grande del Uruguay. Pero, luego de una década en el gobierno y en tiempo de vacas flacas, las diferencias internas han pasado a ser disfuncionales. Todo el 2015 es una clara demostración de esto. Pero el problema va más allá de las sonoras disputas públicas entre fracciones. Es mucho más serio. El FA tiene que elegir un rumbo. O va por el camino que proponen los desarrollistas (más Estado, más protección comercial, más redistribución del ingreso) o va por el camino de los neoinstitucionalistas (más apertura comercial, más cuidado de la macroeconomía, menos presión sobre el sector privado). Tienen que decidirse. El empate no sirve. En concreto, si siguen optando por darle el gobierno de la economía a los astoristas es preferible que los dejen ejecutar su libreto a que les pongan palos en la rueda.

En tercer lugar, el FA precisa hacer política para concretar reformas postergadas y anheladas por la opinión pública. Sus votantes podrían llegar a aceptar que no queda margen en el nuevo entorno económico regional e internacional para seguir redistribuyendo como durante los dos primeros gobiernos. Pero no creo que acepten ninguna frustración adicional. En concreto, por ejemplo, no creo que el FA pueda retener el poder si no demuestra un compromiso más serio con el problema educativo. Pudo, y debió, ocuparse a fondo de este tema cuando tenía plata en la caja y a Fernando Filgueira en el MEC. Ahora es más difícil pero no es imposible. Si no lo hace, si se limita a cambios en el margen, corre el riesgo de ser castigado severamente, esta vez no por los dioses, sino por las familias. En especial, por las familias más pobres, que son las que padecen las consecuencias del statu quo en materia de educación.

En cuarto lugar, cuando el empuje de la economía se debilita, tiene que aparecer el motor del liderazgo político. En Uruguay no gobiernan las personas sino los partidos. Pero los líderes de los partidos, obviamente, tienen un papel muy importante para jugar. Tabaré Vázquez tuvo tiempo hasta para ir a pescar durante su primera presidencia. Sospecho que si no quiere entregarle la banda presidencial a algún líder blanco o colorado dentro de muy pocos años va a tener que prodigarse mucho más. Durante su primer mandato pudo darse el lujo de hablar poco con la ciudadanía y de no tender puentes hacia la oposición. Los hechos decían más que las palabras. Había crecimiento económico y reformas ambiciosas. Todo junto. Ya no. En el nuevo entorno está condenado a salir de su palacio y a superarse a sí mismo.

Lo dicho se resume en una frase. Si el FA pretende seguir en el poder tendrá que fabricar más sueños y mostrar otra energía. Si se limita a administrar burocráticamente la crisis y a frustrar las expectativas que él mismo sembró, no hará más que cavar su propia tumba electoral. Mientras estuvo en la oposición, al no poder administrar recursos desde el Estado, hacía política con gestos y palabras. Ahora, cuando escasean los recursos, no tiene más remedio que volver a los discursos.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

 
Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.