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Marcos González Gava
Porno para Ricardo: ¿La primera o última banda de punk del Siglo XXI?
Por Marcos González Gava
21 de julio de 2016
Musicalmente hacen un punk muy versátil, con muchos arreglos rítmicos, más bien del estilo The Ramones o The Clash, con estribillos y melodías pegadizas, guitarras distorsionadas que también tienen algo de The Pixies y del movimiento grunge, como referencias para quienes no los escucharon. El cantante, Gorki Aguila, impresiona por su fuerza escénica y su voz profunda.
 

Las tres actuaciones en Buenos Aires de la banda cubana Porno Para Ricardo (PPR) fueron una genuina expresión de protesta punk contra la opresión del régimen político implantado por la Revolución Cubana de 1959. La primera expresión de protesta fue la de tocar en vivo, ya que en su propio país lo tienen prohibido.

La banda cubana PPR visitó Buenos Aires este junio pasado, ofreciendo tres shows y una serie de entrevistas para medios locales. Se presentaron en escenarios muy disímiles: la Universidad Torcuato Di Tella; el Centro Cultural de Munro, barrial, bonaerense; y en la Fiesta Antitodo que tuvo lugar en el Uniclub (barrio de Abasto) y, ahí sí, compartiendo escenario con pares del género como la legendaria Eskorbuto (del País Vasco), Antibanda (Uruguay) y los locales Flema, Superuva y Mamushkas.

Musicalmente, PPR hace un punk muy versátil, con muchos arreglos rítmicos, más bien del estilo The Ramones o The Clash, y no tan veloz, a cargo del baterista Renay Kairus Pérez, con estribillos y melodías pegadizas, guitarras distorsionadas que también tienen algo de The Pixies y del movimiento grunge, como referencias para quienes no los escucharon. El cantante, Gorki Aguila, impresiona por su fuerza escénica y su voz profunda, dando desde la guitarra (conectada a una frondosa pedalera construida en base a una colección de distorsiones), un fuerte apoyo a Ciro Díaz, la guitarra encargada de arreglos coloridos y veloces solos, aportando virtuosismo al género. La bajista, Lía Villares, es un oasis de serenidad en el remolino energético que se vive cuando la banda entra en temperatura, aportando bases veloces y concretas.

Desde lo conceptual, la razón de ser de su repertorio es la conquista de la Libertad en la isla caribeña, y por ende, la caída del régimen Castrista, cuya opresión y presión física y mental sobre la población denuncian en todas sus canciones, especialmente sobre los disidentes, que son perseguidos abiertamente. Aunque se trata de una banda de protesta, lo hace a partir del humor y el absurdo, describiendo a la sociedad cubana en su funcionamiento tragicómico, aplicando también el liso y llano insulto y el llamamiento a la muerte de Castro, la de él y la de los suyos, dándoles para que “tengan, guarden y archiven”, como se suele decir.

No es para menos. PPR canta sobre esa opresión porque la conoce bien. Ellos mismos tienen prohibido tocar en público o congregarse detrás de su causa, la de poder pensar y obrar libremente, más allá del “deber ser” de la política dominante, del relato sin matices. La suya es una mirada desde el otro lado que pone de manifiesto la hipocresía del discurso oficial del Gobierno de ese país, y el penoso doble estándar del mundo exterior en cuanto vislumbra la gesta cubana como un faro de dignidad, pero lo hace desde el marco de sus democracias, desde la comodidad de su propio albedrío, siendo parte de Estados donde la concepción de la Libertad es muy distinta a la que se vive dentro de la Isla. Afuera existen garantías personales fuertemente enraizadas, que en Cuba en cambio son anheladas como grandes utopías. En el caso de los argentinos, PPR nos enfrenta nada menos que a nuestra propia percepción del fenómeno de la Revolución Cubana, que tiene un fuerte nexo con cuatro ideas por lo menos: el ideal de redefinición que existe en Latinoamérica respecto a su vínculo con

Estados Unidos, el rechazo ante terceros países vistos como imperialistas/colonizadores, la lucha entre comunismo, o lo popular, y el capitalismo que tiene lugar en la región y a nivel nacional, y la figura de Ernesto “Che” Guevara, por ser un paisano y por el peso que ejerció en la historia política americana y mundial su breve protagonismo, transformándose, más allá del comunismo, en una fuente de inspiración para millones, hasta elevarse como un ícono global, una marca, de la lucha popular, de la construcción de ideales o de cualquier otra cosa. Por eso, la propia percepción del tema cambia cuando son justamente los “liberados”, los beneficiados, quienes denuncian la prohibición de su música y nos gritan en la cara que, aunque la Revolución Cubana reluzca como el oro para muchos de nosotros -los Libres del Sur, las jóvenes sociedades democráticas que supimos conseguir-, como el Oro de la Libertad y la Dignidad, la verdad que nos cuenta PPR resulta justamente lo contrario, opaca, aprisionadora y denigrante.

Con la consagración de la internet y del pop como género musical global, el punk, como tantos otros géneros, ya no es popular como medio de protesta. Las redes sociales son un hervidero de denuncias, insultos, amenazas y todo atropello por parte de cualquier autoridad, puede ser publicado, compartido y puesto ante los ojos de millones de personas, generando un efecto más inmediato que cualquier canción. En países “libres” como Argentina, la censura es muy rara (y muy cara políticamente para quien la ejerce) y la música funciona más como un entretenimiento, que cuando logra cierto nivel de profundidad es banalizada por la propia naturaleza de la industria encargada de su producción y distribución. En este contexto, PPR es un “rara avis” cuyo mensaje trasciende la problemática cubana y nos invita a repensar nuestro propio status quo, a conectarnos con las emociones básicas que nos genera la injusticia social y el abuso de poder, y a despertar el ser anarquista que vive en cada uno de nosotros, que ante la inconformidad ciudadana pide un cambio rotundo y radical ya.

Un homenaje a SUMO

En todas sus presentaciones, PPR homenajeó a la banda argentina SUMO. Sienten respeto artístico por Luca Prodan y su obra; justamente él es un emblema local de la desobediencia social, reflejada en su música y en su vida. Tocaron el tema “Que me pisen”, que empieza en clave de reggae y deviene en un furioso punk, que en la versión de PPR termina repitiendo “Yo quiero que los Castro se mueran, pa’ ser libre, pa’ ser libre, pa’ ser libre”. Directo y simple.

 
Acerca del autor
Marcos González Gava
Marcos González Gava
Directorde la productora musical y sellodiscográfico “El Dojo Records”,músico y productor, manager deartistas. Licenciado en Periodismo(USAL), Máster en ComunicaciónInternacional (Chengchi University,Taiwán). Asesor en Asuntos Asiáticos (Asiamerica).