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Raúl Ferro

Los desafíos de PPK

Pese a la baja popularidad del presidente anterior, Ollanta Humala, y a las críticas a su capacidad de gestión, PPK y el Perú enfrentan una transición sin contratiempos. A diferencia de otros gobernantes en la región, como Mauricio Macri o Michel Temer, no necesita tomar complejas medidas correctivas en sus primeros meses de gobierno.

Por Raúl Ferro
2 de septiembre de 2016
 

El nuevo presidente peruano tiene una tarea difícil por delante. Más allá de mantener las altas tasas de crecimiento económico que ha mostrado Perú en los últimos años --5,9% anual en promedio entre 2006 y 2015-- Pedro Pablo Kuczynski (PPK) debe encabezar importantes reformas para hacer sustentable en el tiempo el crecimiento de la economía y transformarla en fuente de riqueza para toda la sociedad peruana.

Si bien su perfil de tecnócrata no se condecía con el de estadista que Perú requiere, las primeras señales dadas en su discurso de investidura el 28 de julio pasado dan paso a un optimismo moderado. En él apuntó a transformaciones críticas: alcanzar un sistema educativo inclusivo y de calidad en el mediano plazo, reformar profundamente el sistema judicial y de seguridad y avanzar en la formalización de la economía. Y resaltó la importancia del Estado en estos procesos, con una visión pragmática que no dejó de sorprender a muchos que ven en PPK a un banquero de inversión adalid del capitalismo.

Los desafíos que deberá enfrentar para el desarrollo de estas transformaciones son enormes, comenzando por su minoría legislativa y pasando por los poderosos grupos de interés que prefieren mantener el status quo.

En este sentido, ¿qué se puede esperar del gobierno de PPK en el ámbito de la economía y los negocios?

En primer lugar, cabe resaltar el nuevo impulso que planea dar a la construcción de obras de infraestructura. Perú ha avanzado mucho en este aspecto en los últimos años en buena medida bajo modelos de asociación público-privada que han funcionado bien. La tarea, de todas formas, es aún enorme. La apuesta es correcta. Las inversiones en infraestructura, manejadas eficientemente, mejoran la competitividad de la economía, crean empleo y permiten el acceso a zonas aisladas y pobres, facilitando su desarrollo económico y social.

Esta es quizás una de las tareas más sencillas del nuevo gobierno. Perú ha desarrollado una institucionalidad respetada internacionalmente para el desarrollo de infraestructura bajo sistemas de APP. Cuenta además con recursos para financiar la parte estatal de estos planes. Y el ministro de transportes y comunicaciones y vicepresidente de la República, Martín Vizcarra, trae buenos antecedentes de su gestión como presidente regional de Moquegua, pequeña región ubicada en el sur del país.

Los planes de formalización de la economía, en cambio, se ven más complicados. Se estima que un 70% de los empleos en Perú caen en la categoría de informales. El centro de su estrategia está en reducir impuestos y en facilitar el crédito a las pequeñas y medianas empresas. La estrategia impositiva comenzará con una reducción del IVA del 18% actual al 15% a partir de 2017 a un ritmo de un punto porcentual por año hasta el 15% si la recaudación no se ve afectada al compensarse por un aumento de la actividad y por el efecto de la gradual formalización de empresas y trabajadores. En su plan de gobierno establece además un régimen impositivo promocional para las pymes que se formalicen así como acceso a crédito.

La formalización de la economía es una tarea fundamental para la transformación del país y para el desarrollo de la sociedad peruana. Las medidas anunciadas para este fin son correctas pero claramente insuficientes. El fenómeno de la informalidad es muy complejo y abarca desde cientos de miles de autoempleados cuyos emprendimientos son ejercicios desesperados de supervivencia, hasta pequeños comerciantes y empresas manufactureras para abarcar también un amplio espectro de empresas surgidas alrededor del narcotráfico.

Como muestran los estudios realizados por Hernando de Soto y sus investigadores, la gente no es informal porque quiere. De hecho, la informalidad es cara e insegura, pero a muchos nos les queda otra salida debido a los laberintos burocráticos que deben enfrentar para operar legalmente. Si bien Perú ha mejorado mucho en ese aspecto respecto a sus pares de América Latina en áreas clave para la informalidad, como el tiempo y el costo para abrir una empresa, todavía se ubica lejos de los países de la OCDE. Según el estudio “Doing business”, del Banco Mundial, para abrir una empresa en Perú se requieren 6 procedimientos, frente a 4,7 en la OCDE, toma 26 días (frente a 8,3 en la OCDE) y tiene un costo equivalente al 9,8% del ingreso per cápita del país (3,2% en la OCDE). En todo caso, en el ranking general Perú se ubicó en el puesto 50 entre las 189 economías incluidas en el estudio del 2016, cinco puestos por debajo del 2015, pero en el apartado “Apertura de una empresa”, se ubicó en el puesto 97, con una caída de 8 puestos frente al 2015.

Profundizar las reformas que simplifiquen la creación de empresas y su funcionamiento es una medida tan urgente y necesaria como los estímulos tributarios y crediticios.

Otro aspecto que ha impulsado históricamente la informalidad, y que está muy ligado con las trabas burocráticas mencionadas líneas arriba, ha sido la corrupción, que se ensaña con los más débiles y que protege intereses creados de todo tipo. La corrupción, derivada en abuso, ha creado justificadamente una cultura de desconfianza y recelo frente al aparato estatal y al poder establecido que ha alimentado la informalidad de la economía.

En ese sentido, el plan de reformar el aparato judicial y policial va en la dirección correcta para favorecer la formalidad. Igualmente, aunque a más largo plazo, la meta de lograr una mejor educación ayudará, si se cumple, a empoderar a los ciudadanos que por vocación o necesidad se embarcan en emprendimientos económicos.

Pese a la baja popularidad del presidente anterior, Ollanta Humala, y a las críticas a su capacidad de gestión, PPK y el Perú enfrentan una transición sin contratiempos. A diferencia de otros gobernantes en la región, como Mauricio Macri o Michel Temer, no necesita tomar complejas medidas correctivas en sus primeros meses de gobierno. Incluso la caída de los precios de las materias primas se ve compensada en el caso peruano por la entrada en producción de nuevos proyectos con costos competitivos que compensarán en volumen los menores precios.

El desafío de corto plazo de PPK estará en asegurar una buena relación con el Congreso, donde el fujimorismo cuenta con mayoría. Por lo demás, con una economía bien encarrilada y un buen equipo de gobierno, PPK tiene la oportunidad histórica de ir más allá de sólo garantizar el dinamismo de la economía y sentar las bases para algunas de las transformaciones que el país necesita.

 
Acerca del autor
Raúl Ferro
Raúl Ferro
Director del Consejo Consultivo del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).
Analista de economía y negocios especializado en América Latina. Fue director editorial de la revista AméricaEconomía y actualmente es director de Industry Exchange LLC.