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Horacio Fernández
Los Subsidios son adictivos y otras cosas mas...
Por Horacio Fernández
2 de septiembre de 2016
El hecho que un Estado deba otorgar subsidios a la energía refleja un serio defecto institucional y regulatorio. La energía no es un bien público que no pueda transarse en mercados competitivos. Si estos mercados están bien regulados no debería haber necesidad de subsidios salvo para los mas pobres.
 

La discusión actual sobre los subsidios omite en general ciertas características de los mismos que se deberían considerar para diseñar cualquier política energética futura. Hay que reconocer la necesidad de otorgar subsidios en situaciones especiales, a las personas correctas y por tiempos limitados, pero hay que ser muy preciso y cauteloso en su otorgamiento. Esto no ha pasado en la Argentina en los últimos años y debe corregirse.

En principio los subsidios son adictivos y de allí que cuesta tanto eliminarlos. Lo que comienza como un subsidio se transforma lentamente en un “derecho” para quien lo recibe y cuanto mas tiempo pasa, más “adquirido” es este derecho para los subsidiados. La Suprema Corte debería aclarar bien su reciente fallo respecto a este punto y a lo que significa un precio “razonable”. También los subsidios son adictivos para el gobierno que los decide ya que la práctica de otorgarlos supone un poder adicional para políticos y funcionarios con todas las posibilidades de corrupción que implica todo aumento de discrecionalidad.

En segundo lugar, los subsidios mal diseñados son también perversos ya que generan conductas antisociales. Como se ha probado en Argentina, los subsidios a la energía indujeron un consumo poco eficiente y simultáneamente condujeron a la falta de inversión por parte de los productores. Debe aclararse que el subsidio al consumo no fue solamente fiscal sino económico a través de los precios congelados para los productores. Este juego de pinzas nos llevó a la actual crisis energética de la cual no será ni fácil ni rápido salir.

En tercer lugar, los subsidios prolongados e indiscriminados son insostenibles. La Argentina pese a contar con abundantes recursos energéticos convencionales y renovables  padece de un raquitismo institucional que nos ha llevado a sucesivos ciclos de autoabastecimiento energético y ciclos de importaciones crecientes de energía. No somos Arabia Saudita o similares que se permiten el lujo de subsidiar su energía por décadas sin consecuencias inmediatas. Parafraseando a Lincoln: se puede subsidiar a algunos por mucho tiempo, a muchos por algún tiempo pero no a todos todo el tiempo.

Finalmente tal vez lo mas importante, el hecho que un Estado deba otorgar subsidios a la energía refleja un serio defecto institucional y regulatorio. La energía no es un bien público que no pueda transarse en mercados competitivos. Si estos mercados están bien regulados no debería haber necesidad de subsidios salvo para los mas pobres. Pero el que haya muchos pobres para subsidiar es mas grave y signo de serios errores en las políticas de estado. Charles Darwin que era un agudo observador de la naturaleza, incluyendo la humana, dijo en el Siglo XIX: “Si la miseria de nuestros pobres no se debe a leyes de la naturaleza sino a nuestras instituciones; cuan grande es nuestro pecado!!”

Horacio Fernández es Coordinador del Consejo Empresario del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

 
Acerca del autor
Horacio Fernández
Horacio Fernández
Abogado y Master Comparative Law. Trabajó en Argentina como director de asuntos legales y públicos para Occidental Petroleum, Shell CA PSA y Total Austral. Integró las comisiones directivas del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas, de la Cámara de la Industria del Petróleo, de la Cámara de Empresas Productoras de Hidrocarburos y de la Unión Industrial Argentina. Ha sido durante 10 años profesor titular de Derecho para Ingenieros en el ITBA y actualmente lo es en el posgrado sobre Economía del Petróleo y del Gas de la misma institución. Es Secretario del Comité Argentino del Consejo Mundial de la Energía.