23.9.2018
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
Durísima contra el Gobierno, la Iglesia abraza la doctrina del Padre Pepe
Por Marcos Novaro
25 de junio de 2018
(TN) La Pastoral Social profundiza su cruzada contra la interrupción del embarazo y el acuerdo con el FMI. Todo en línea con las polémicas declaraciones del cura, que semanas atrás dijo que la legalización del aborto "es sinónimo" del organismo internacional.
 

(TN) La Pastoral Social critica por la pobreza y alienta el paro de la CGT, pero en verdad lo que más le molesta es el "ataque a la familia". Invita así a que "progresistas" y conservadores se den la mano en nombre de la doctrina del Padre Pepe, "Aborto y FMI, el enemigo es uno solo", para frenar cambios que considera solo pueden servir a una sociedad de liberales y de ricos.

Así, la doctrina que expresó muy burdamente Pepe hace algunas semanas en el Congreso, y que a muchos entonces movió a risa, se está convirtiendo sutilmente en la línea argumental que organiza toda la estrategia eclesiástica: el Gobierno encarna ya sin ningún disimulo, a partir del acuerdo con el FMI, el odiado "capitalismo salvaje", y al mismo tiempo y a pesar de que sí en esto disimula, promueve la ley del aborto, contra la salud de la familia argentina. Así, que de lo que se trata es de unir los dos polos de resistencia contra él, sólo separados uno del otro por una falta de comprensión de la raíz de la amenaza que se enfrenta: hay que frenar el ajuste y hay que frenar el aborto.

Para esta visión de las cosas, los "progresistas" opositores que apoyan la ley de despenalización son un problema. Ellos no entienden que las dos cosas que hace el Gobierno van de la mano y se alimentan entre sí, exclusión social y control legalizado de la natalidad de los pobres son como cara y contracara de una misma estrategia de destrucción de la familia argentina.

Claro que esto que describe la curia como la suma de todos los males bien puede ser visto también como los cambios que los tiempos que corren reclaman a nuestra sociedad y nuestra economía. Y su actitud en contrario como el non plus ultra de una reacción sin destino: negarse a cambiar el esquema económico heredado del kirchnerismo es garantizar que se siga reproduciendo la pobreza y el atraso de nuestro país; negarse a aceptar la despenalización del aborto, dejar bajo la alfombra y empeorar el drama que viven las miles de mujeres que no quieren o no pueden continuar un embarazo no buscado.

Pero para la Iglesia católica argentina de hoy en día parece no ser un problema que la tachen de reaccionaria: tal vez lo podía ser cuando todavía tenía lazos más o menos firmes con el mundo empresario, con el mundo de las ideas y el periodismo, con los líderes políticos del país. Pero el Papa Francisco se ha encargado de cortar o al menos reducir al mínimo esos lazos.

Acaba de cortarle todo apoyo y expulsar del reino de los justos a la Revista Criterio, la más respetada tribuna de pensamiento católico en estas tierras, y el Santo Padre se abrazó algo tardíamente a la tesis de Gabriel Mariotto y Martín Sabbatella, según la cual los grandes medios son instrumentos del demonio. A los miembros de la Asociación Cristina de Dirigentes de Empresa (ACDE) no les presta la menor atención y al resto de las entidades del mundo de los negocios los tiene en la picota. Y no confía, no habla ni escucha a las principales figuras políticas, ni siquiera a la única fanática opositora al aborto que queda en las primeras líneas, Lilita Carrió.

En este marco, el disgusto al que la Pastoral Social acaba de someter a María Eugenia Vidal, a quien le negó incluso la mínima cortesía de dejarla cerrar el encuentro de Mar del Plata, y a Carolina Stanley, dos de sus interlocutoras remanentes en la elite política, habla por sí sola.

En dicha reunión Oscar Ojea, presidente del Episcopado, en línea con los argumentos del Papa Francisco, abogó por la reforma del sistema financiero internacional "ante las consecuencias desastrosas del capitalismo salvaje" advirtiendo que en el país "el nivel de inequidad es enorme y se acentúa cada vez más". No mencionó al FMI, pero no hacía falta.

Y el presidente de la Pastoral, Jorge Lugones, afirmó que vivimos en un país de "despidos y suspensiones" y que no puede ser que a algunos trabajadores se les concedan aumentos de 25% y a otros, refiriéndose a los docentes bonaerenses, se le ofrezca la miseria de 15% en tres pagos. Vidal siguió esas palabras inmutable.

Lugones defendió también el derecho de huelga, "expresión de la doctrina social de la Iglesia", y repudió que no se construyan hospitales pero sí cárceles. Pero lo esencial de su intervención fue lo que sostuvo sobre el aborto: según él se usa ese debate para ocultar otras cuestiones más preocupantes como la pobreza y la desocupación (a veces la Curia hace pensar en un troskismo de derecha), y se atenta así contra la familia. "Primero con el divorcio, ahora con el aborto y de eso la tenemos que defender". No habló del matrimonio igualitario, tal vez porque había muchos votantes de esa ley en tiempos de los Kirchner sentados aplaudiendo en el sector peronista del auditorio.

Adolfo Pérez Esquivel estaba entre los que aplaudía. ¿Por qué no le hace ruido a gente como él el ánimo reaccionario del discurso eclesiástico? Tal vez sea porque viene practicando la hipocresía desde hace mucho tiempo: esto de embanderarse en causas nobles y hablar en nombre de los humildes para justificar cualquier macana lo tienen bien ensayado muchos referentes de derechos humanos. Tal vez porque cree que el premio que lo espera lo justifica: es la oportunidad de acorralar a Mauricio Macri y liquidar su proyecto político; y además a él personalmente el aborto no le gusta nada.

Y también es evidente que Esquivel comparte a pie juntillas los principios ideológicos del Padre Pepe. Que son los de una izquierda reaccionaria que defiende a rajatabla el statu quo porque piensa que los cambios solo pueden empeorar las cosas, así que conviene seguir como estamos. Sin el menor atisbo de racionalidad, claro, dado que no hay chance alguna de que haciendo lo mismo vayamos a obtener mejores resultados que en el pasado. ¿Pero cómo ir en contra de la fe, cuando la fe nos dice que es al mismo demonio al que enfrentamos?

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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