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Patricio Navia

Administrando el modelo de Bachelet

(El Líbero) Si La Moneda no pone el pie en el acelerador para implementar reformas que logren volver a poner al país en el sendero de desarrollo con políticas procompetencia y promercado, entonces los cuatro años de Sebastián Piñera habrán permitido que las reformas de la ex Presidenta echen raíces profundas.

Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
5 de febrero de 2019
 

(El Líbero) Así como los primeros gobiernos en democracia se dedicaron a administrar y corregir gradualmente el modelo económico implementado por Pinochet, el gobierno de Sebastián Piñera ha intentado hacer lo propio con las reformas impulsadas por Michelle Bachelet (2014-2018). Pero, a diferencia de la Concertación que tuvo 16 años el poder para dejar su huella en las instituciones políticas y democráticas, la segunda administración de Piñera deberá demostrar en cuatro años que ha sido capaz de cambiar la hoja de ruta que dibujó la ex Presidenta en su segundo mandato. Si solo se dedica a administrar el modelo de Bachelet o sus reformas son demasiado tímidas e insuficientemente ambiciosas, el Mandatario no solo hipotecará la posibilidad de que la derecha siga en el poder después de 2021, sino que también ayudará a que las reformas de Bachelet profundicen sus raíces y hagan más difíciles los cambios en el futuro.

En 1990, la Concertacion llegó al poder con el ímpetu por modificar el legado de la dictadura. Pero fue la combinación del pragmatismo de Patricio Aylwin junto a la estructura de enclaves autoritarios (incluyendo nueve senadores designados que dieron mayoría a la derecha en esa cámara) lo que terminó por frenar su intención. En sus cuatro años de gobierno —y en los sexenios de Eduardo Frei y Ricardo Lagos— la coalición trabajó laboriosamente para ir reformando de manera gradual y pragmática el modelo de libre mercado; el modelo social de mercado terminó siendo una mejora, con un énfasis en el gasto social, en la inclusión y en la reducción de la pobreza, del prototipo de la dictadura. Esa mejora ayudó a legitimar y consolidar el modelo. Chile es, gracias a eso, un mejor país.

En su segundo gobierno, la Presidenta Bachelet mostró ambiciones refundacionales similares a las que tuvo la dictadura militar. Ella quería cambiar el modelo. Desde su promesa por promulgar una nueva constitución hasta su esfuerzo por reformar el modelo educacional, Bachelet quería dar un golpe de timón que cambiara sustancialmente la dirección en la que avanzaba el país. Si bien ella tuvo solo cuatro años—no los 17 de la dictadura—para hacer sus reformas, no trepidó en avanzar con la mayor velocidad posible para forjar una nueva hoja de ruta en el desarrollo del país. Es verdad que la dictadura no tenía un parlamento que frenara y obstaculizara sus reformas, pero Bachelet tuvo —a diferencia de todos sus predecesores democráticos— una mayoría absoluta en el Congreso que estaba dispuesta a votar por sus reformas sin mostrar demasiada resistencia. Eso fue lo que le permitió cambiar desde el sistema electoral hasta el sistema educacional —eliminando el copago, el lucro y la selección en la educación primaria y secundaria y estableciendo la gratuidad como un derecho en la educación superior. Desde el retorno de la democracia, no hubo presidente que hiciera reformas tan profundas en un sentido tan distinto a las que habían hecho sus predecesores.

En la campaña de 2017, precisamente como reacción al ímpetu refundacional que había mostrado Bachelet II, Sebastián Piñera prometió reencausar al país en la hoja de ruta de reformas pro-mercado que habían caracterizado a todos los gobiernos democráticos desde 1990. Prometiendo tiempos mejores, lo que en realidad quería decir era que volverían los tiempos en que las reformas buscaran mejorar y profundizar la competencia, no fortalecer al Estado.

En el año que lleva en el poder, el Presidente Piñera ha mostrado menos urgencia en cambiar la hoja de ruta por la que avanza el país. Si bien ya envió sus propuestas de reformas tributaria, de pensiones y educacional, el Congreso ha retrasado, con una clara intención de bloqueo, la tramitación de esas reformas. Es verdad que Chile Vamos es minoría en el Congreso, por lo que deberá negociar con algunos de los partidos de oposición para aprobar las reformas, pero el sentido de urgencia que tenía Chile Vamos en la campaña de 2017 no se ha visto en La Moneda desde que Sebastián Piñera asumió la presidencia el 11 de marzo de 2018.

Hay un riesgo real de que el gobierno de Chile Vamos termine administrando el modelo implementado parcialmente por Bachelet. Si La Moneda no pone el pie en el acelerador para implementar reformas que logren volver a poner al país en el sendero de desarrollo con políticas procompetencia y promercado, entonces los cuatro años de Piñera habrán permitido que las reformas de Bachelet echen raíces profundas que hagan más difíciles los cambios en el futuro. A diferencia de lo que ocurrió con los gobiernos de la Concertación, cuyas reformas moderadas y pragmáticas ayudaron a que el país progresara, si el segundo gobierno de Piñera solo se dedica a administrar las reformas de Bachelet, difícilmente llegarán los tiempos mejores que prometió.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

 
Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
Twitter: @patricionavia