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Artículos / Opinión
Carlos Gervasoni
LAS COMPLEJAS ELECCIONES PRESIDENCIALES ARGENTINAS
Por Carlos Gervasoni
28 de junio de 2003
Las primeras elecciones presidenciales posteriores a la caída de Fernando De la Rúa, la devaluación, el default y la agudísima crisis económica de 2001-2002 fueron, como era de esperar, muy diferentes a las anteriores. La golpeada ciudadanía argentina, y también su clase política, se comportaron de forma tal de convertir el tradicional bipartidismo presidencial en una carrera de 5 fuerzas significativas y más de una decena de pequeñas agrupaciones. ¿Qué ocurrió?
 

Las primeras elecciones presidenciales posteriores a la caída de Fernando De la Rúa, la devaluación, el default y la agudísima crisis económica de 2001-2002 fueron, como era de esperar, muy diferentes a las anteriores. La golpeada ciudadanía argentina, y también su clase política, se comportaron de forma tal de convertir el tradicional bipartidismo presidencial en una carrera de 5 fuerzas significativas y más de una decena de pequeñas agrupaciones. ¿Qué ocurrió?

Empecemos con el partido dominante, el Justicialista. La ya larga disputa entre Menem (PJ, La Rioja) y Duhalde (PJ, Buenos Aires) impidió la elección de un candidato único: luego de la renuncia del actual presidente a presentarse nuevamente, se vio en la necesidad de encontrar un sucesor “amigable” capaz de competir con Menem, y también con el carismático caudillo provincial Adolfo Rodríguez Saá (gobernador de la pequeña provincia de San Luis entre 1983 y su breve paso por la presidencia a fines de 2001). Hacia fines de 2002 se le hizo claro a Duhalde que Menem tenía todas las chances de ganar una elección interna cerrada, y razonables chances en una abierta. Decidió entonces, mediante procedimientos de dudosa legalidad, imponer su dominio en el peronismo para cancelar las internas y permitir que los diversos precandidatos se presentaran en forma independiente (técnicamente hablando, el peronismo no tuvo candidato). Duhalde, luego de intentos fallidos con los gobernadores Reutemann (PJ, Santa Fe) y De la Sota (PJ, Córdoba), volcó su apoyo al siempre antimenemista gobernador Kirchner (de la escasamente habitada provincia patagónica de Santa Cruz). Así, hubo tres candidatos de origen peronista: Kirchner, Menem y Rodríguez Saá.

La UCR, el partido de los ex presidentes Raúl Alfonsín (UCR, Buenos Aires) y Fernando De la Rúa (UCR, Capital Federal), no logró recuperarse de su último fracaso. Realizó unas escandalosamente fraudulentas elecciones internas que consagraron candidato a presidente a una de sus figuras más desprestigiadas, Leopoldo Moreau (UCR, Buenos Aires). Antes de esto, sin embargo, el partido había sufrido dos deserciones muy significativas: la de la popular diputada Elisa Carrió (Chaco) que formó el centroizquierdista ARI (una mezcla de ex radicales, ex frepasistas, socialistas y otros sectores de centroizquierda), y la del prestigioso economista Ricardo López Murphy (Buenos Aires), que fundó el partido Recrear y formalizó una alianza con varios partidos provinciales (los más importantes el Renovador de Salta y el Demócrata de Mendoza). Así, en interesante simetría, hubo también tres candidatos de origen radical: Carrió, López Murphy y Moreau.

La política electoral argentina, entonces, todavía puede ser interpretada en términos del tradicional eje peronismo-no peronismo, pero sin duda que la elección del 2003 introduce novedades. Por lo menos dos otros ejes pasan a tener más relevancia que en el pasado: nueva política-vieja política e izquierda-derecha. El siguiente gráfico resume aproximadamente el espacio electoral argentino tal como lo perciben los votantes

Nota: se subrayan los candidatos de origen peronista.

Así, dos candidatos estaban claramente identificados con la vieja clase política, el peronista Menem, ubicado ideológicamente en la derecha, y el radical Moreau, posicionado en la centroizquierda. La “nueva política” estuvo representada por dos políticos que en realidad tuvieron una larga militancia en el radicalismo, pero que decidieron abandonarlo en los últimos años: Elisa Carrió y Ricardo López Murphy, enfrentados entre ellos en lo ideológico pero cercanos en su énfasis ético-institucional y en su común origen radical. Kirchner y Rodríguez Saá son en un sentido importante “vieja política”, pues han sido durante muchos años gobernadores peronistas de estilo personalista, hegemónico y clientelar. En otro sentido, sin embargo, son nuevos, ya que no habían ocupado cargos a nivel nacional y la mayoría de la gente no los conocía hasta esta campaña. Es más, ambos tienen reputación de administradores eficientes de sus provincias, aunque en el caso de Saá hay serias dudas sobre la honestidad de su gobierno provincial. La “novedad” de estos candidatos fue en buena medida limitada por sus alianzas: Kirchner llegó a la presidencia con el apoyo de Duhalde y su potente aparato partidario en la provincia de Buenos Aires, mientras que Saá incorporó a su fuerza algunos de los elementos más desprestigiados de la vieja clase política (como el ex militar golpista Aldo Rico, el sindicalista Hugo Moyano y el ex dirigente radical bonaerense Melchor Posse).

La campaña fue intensa y cambiante. Varios candidatos relevantes, como el empresario Mauricio Macri (independiente, Capital Federal), los gobernadores peronistas De la Sota y Romero (PJ, Salta), la ex ministra delaruista Patricia Bullrich (Unión por Todos, Capital Federal) y el dirigente izquierdista Luis Zamora (independiente, Capital Federal), decidieron apartarse de la competencia. Los que quedaron registraron importantes cambios en su suerte electoral: a mediados de 2002 Carrió y Rodríguez Saá se disputaban el liderazgo mientras que Kichner y López Murphy no superaban el 5% de intención de voto. Los dos primeros se estancaron y/o perdieron apoyo, mientras que los dos segundos ganaron posiciones, especialmente a partir de enero. En ese mes Kirchner recibió el apoyo de Duhalde y registró un fuerte ascenso en las encuestas, mientras que López Murphy comenzó a acelerar su ya ascendente tendencia que lo llevaría a estar disputando, de acuerdo a varias encuestas el segundo lugar en el ballottage (en los últimos días sufrió ataques del gobierno y del resto de los candidatos que lo hicieron perder unos 3 o 4 puntos de intención de voto y que lo terminaron ubicando en el tercer lugar). Menem, por su parte, siempre tuvo un nivel de apoyo relevante y fue ascendiendo poco a poco hasta ocupar un precario primer lugar. Así las cosas, nunca hubo seguridad sobre quienes serían los dos contendientes en segunda vuelta; la segunda vuelta, en cambio, sí estaba asegurada: ningún candidato superaba en ninguna encuesta el 25% de los votos. La campaña fue, entonces, muy dinámica y competitiva. Varios candidatos con chances y de diferentes características conformaron una oferta electoral atractiva. En consecuencia, luego de las atípicas elecciones legislativas de 2001, en las que hubo niveles récord de abstención y votos nulos y blancos, esta vez los votantes concurrieron masivamente a las urnas y votaron por alguno de los candidatos. No menos importante, la retórica preelectoral sobre posible fraude a favor del candidato oficialista no se transformó en hechos: todos los candidatos aceptaron, más allá de la denuncia de alguna irregularidad menor, los resultados. La siguiente tabla presenta los números del escrutinio provisional:


Resultados de las elecciones presidenciales del 27 de abril
(primera vuelta)

Fórmula
Votos
%*
Menem-Romero

4.686.675

24,4%

Kirchner-Scioli

4.232.188

22,0%

López Murphy-Gómez Diez

3.144.532

16,3%

Rodríguez Saá-Posse

2.715.822

14,1%

Carrió-Gutierrez

2.720.696

14,1%

Moreau-Losada

450.546

2,3%

Pequeños partidos de izquierda (1)

856.208

4,5%

Pequeños partidos de derecha (2)

225.917

1,2%

Otros partidos

207.090

1,1%

Total de votos válidos

19.239.674

100%

Votos blancos y nulos

489.661

2,5%**

Total votos

19.729.335

 

Fuente: Ministerio del Interior, sobre el 99.25% de las urnas.
1. Izquierda Unida, Partido Socialista, Partido Obrero, Partido Humanista y Partido Socialista Auténtico.
2. Tres partidos liderados por ex seguidores de los militares golpistas Rico y Seineldín: Enrique Venturino, Gustavo Breide Obeid y Ricardo Terán.
* De los votos positivos (emitidos por algún candidato).
** De todos los votos (incluyendo blancos y nulos).

Como se ve, los resultados muestran un escenario de gran fragmentación, con apenas 10% de diferencia entre el primero y el quinto. Los tres candidatos peronistas reunieron el 60% de los votos, mientras que los 3 de origen radical se alzaron con casi el 33%. Es de destacar que la mayoría de estos últimos fueron a los radicales disidentes, López Murphy y Carrió: el candidato oficial de la UCR, Moreau, apenas superó el 2%. Las dos principales novedades de esta elección, entonces, fueron la fragmentación de los dos principales partidos y la casi desaparición de la UCR oficial, que luego de más de 100 años de historia en la que ocupó 7 veces la presidencia, se vio relegada a un muy lejano sexto lugar.

Debe destacarse que la fragmentación del peronismo y el radicalismo son de diferente naturaleza. La presentación de 3 candidatos peronistas se originó en la estrategia de Duhalde para evitar elecciones internas que podrían haberle dado el triunfo a su enemigo Menem. Pasadas estas elecciones, lo más probable es que el peronismo se reunifique. El caso del radicalismo es diferente: su decadencia comenzó con el fracaso del Alfonsín a fines de los 80, se acentuó con el pacto de Olivos (entre Menem y Alfonsín, para permitirle al primero ser reelecto) y alcanzó su punto máximo con el fracaso y renuncia anticipada de De la Rúa. Aunque todavía cuenta con una robusta estructura de gobernadores e intendentes que podrían dar nueva vida al partido, parece claro que por un tiempo el radicalismo sufrirá el castigo de su tradicional base de clase media, que seguramente seguirá más inclinada a apoyar fuerzas como las de López Murphy y Carrió.

Al momento de escribirse estas líneas (principios de mayo) está claro que Kirchner será el ganador de la segunda ronda (los números de las encuestas son tan contundentes que hasta se especula con un retiro de la candidatura de Menem). Esto tiene varias implicancias para la política argentina de los próximos años: 1) Duhalde se convertirá en el más importante líder del peronismo, 2) Kirchner gobernará en alianza con Duhalde (o enfrentará serios problemas de gobernabilidad), 3) concluye una etapa de la vida política argentina marcada por la figura de Menem y por otras también en su ocaso como Alfonsín, Cavallo y De la Rúa, y 4) se inicia una etapa marcada por nuevos líderes (de alrededor de 50 años) como Kirchner, López Murphy, Carrió y Rodríguez Saá. La bisagra entre la vieja política argentina de los 80 y 90 y la nueva política post-crisis es Eduardo Duhalde. El futuro dirá si su papel será el de último defensor de un viejo orden o el de aggiornado impulsor de uno nuevo.

 
Acerca del autor
Carlos Gervasoni
Carlos Gervasoni
Profesor-Investigador en el departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella y miembro del proyecto Varieties of Democracy. Obtuvo una maestría en ciencia política en la Universidad de Stanford, y el doctorado en la universidad de Notre Dame. Se especializa en estudios sobre la democracia, política provincial, opinión pública y metodología de la investigación. Sus artículos han aparecido en América Latina Hoy, Comparative Political Studies, Democratization, Journal of Democracy en Español, Journal of Politics in Latin America, y World Politics. Miembro fundador y presidente de CADAL entre 2003 y 2004.