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Andrés Cañizález

El mensaje de Lula

De forma lamentable, Lula ha enviado un claro mensaje a la comunidad internacional. Su visión de la democracia tiene un doble estándar, una doble medida, de acuerdo con el lugar en el que esté y a quién tenga de compañía.

Por Andrés Cañizález
Twitter: @infocracia
10 de marzo de 2010
 

En otras oportunidades hemos hecho mención, con justicia, al valor democrático del presidente de Brasil Lula da Silva. Hemos sostenido que resultaba meritorio que siendo un hombre forjado en la izquierda lograse hacer un gobierno plural, democrático, con una dosis importante de gobierno hacia la acción social, dentro de Brasil, y con una agenda diplomática propia, lo cual ha llevado a su país a tener un peso específico en la agenda internacional de los últimos años. Lula, además, se encuentra en la fase final de su segundo mandato, y pese a tener un nivel de popularidad muy alto, un hecho sin precedentes en Brasil tras siete años en el poder, optó por no presentarse a un tercer mandato. Su mensaje ha sido muy claro en torno a la perpetuidad en el poder: no es sano para la democracia.

La reciente visita de Lula a Cuba, sin embargo, le acarreará un peso importante en su gestión internacional. El presidente brasileño estaba de visita en la isla caribeña, días atrás, cuando justamente falleció después de una huelga de hambre Orlando Zapata Tamayo, un albañil opositor y pacifista de 42 años. Zapata Tamayo estuvo largamente en huelga de hambre básicamente para que se le reconociera su condición de preso político. Este hombre fue detenido junto a otros 75 disidentes en la primavera de 2003, procesado en un juicio sin derecho a la defensa y de forma sumaria, fue condenado largamente a prisión. De forma pacífica, Zapata Tamayo se plantó para exigir su derecho a ser considerado un preso de conciencia. Es decir, que se reconociera que estaba preso por sus ideas.

Lula, con todo el historial democrático que describimos antes, no hizo mención alguna al caso de este preso, fallecido justamente cuando el presidente brasileño se fotografiaba junto a los hermanos Castro en La Habana. Tampoco cuestionó Lula el hecho de que se desató una nueva ola represiva en la isla, precisamente cuando él firmaba acuerdos comerciales con Cuba. El gobierno cubano hizo todo lo posible por frenar que el velorio y sepelio de Zapata Tamayo se convirtiese en un acto político y en tal sentido impidió que muchos opositores pudiesen desplazarse libremente.

Lula no se pronunció sobre la muerte del humilde albañil que murió tan dignamente, ni tampoco opinó sobre la nueva ola represiva que le siguió. De acuerdo con el encendido debate que se ha abierto en Brasil, sobre este rol político del carismático presidente, pues eludir un tema tan notorio es otra forma de hacer política, tampoco accedió Lula a reunirse con un grupo de disidentes que querían aprovechar su visita para, sencillamente, exponer los puntos de vista diferentes que tienen sobre la realidad cubana.

De forma lamentable, Lula ha enviado un claro mensaje a la comunidad internacional. Su visión de la democracia tiene un doble estándar, una doble medida, de acuerdo con el lugar en el que esté y a quién tenga de compañía. Si el lugar es Cuba, y está junto a los hermanos Castro, charlando animadamente –como lo mostraron las imágenes que dieron la vuelta al mundo-, entonces no hay libertades, ni dignidad humana que defender. La democracia por la que ha luchado Lula para su país, Brasil, no parece ser posible para la nación caribeña.

 

 
Acerca del autor
Andrés Cañizález
Andrés Cañizález
Investigador Titular de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB, Venezuela) y profesor del postgrado en Comunicación Social de dicha universidad. Coordinador de extensión de la UCAB en el Estado Lara. Directivo de la Asociación Civil Medianálisis y Consejero Académico de CADAL. Escribe regularmente en los diarios venezolanos El Nacional, El Impulso, El Tiempo, La Verdad, El Carabobeño y en el portal El Estímulo.
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