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Camden Luxford

Indicadores sobre la violencia en América Latina

(Análisis Latino) El Indice de la Paz del Instituto para la Economía y la Paz , que brinda un ranking de 153 países según una amplia gama de indicadores de paz interna y externa, y el informe de Latinobarómetro ''La Seguridad Ciudadana: El problema principal de América Latina '', recientemente publicados, ofrecen una amplia perspectiva sobre la violencia en latinoamericana.

Por Camden Luxford
25 de mayo de 2012
 

(Análisis Latino) En el mundo hay dos regiones que son, en promedio, menos pacíficas que América Latina. Una es Medio Oriente y África del Norte, atravesados por las revueltas de la Primavera Árabe y, en muchos países, las reacciones desmedidas de gobiernos autoritarios desesperados por mantenerse en el poder. La otra, el África subsahariana con su aun vigente legado de violencia tribal, genocidio y abusos contra los derechos humanos. Al respecto, dos informes recientemente publicados ofrecen una amplia perspectiva sobre la violencia en América Latina.

El Índice de la Pa z del Instituto para la Economía y la Paz (IEP, por sus siglas en inglés), fuente de la información arriba presentada, da un ranking de 153 países según una amplia gama de indicadores de paz interna y externa, y busca identificar las estructuras e instituciones que ayudan a construir y mantener sociedades pacíficas.

Por su parte, el informe del Latinobarómetro (LB), La Seguridad Ciudadana: El problema principal de América Latina , reúne todos los datos relevantes recogidos por dicho observatorio de la opinión pública durante los últimos años, para entender mejor las percepciones y realidades de un problema que, a medida que mengua el desempleo y se aceleran las economías regionales, se va convirtiendo en la situación más acuciante para los latinoamericanos.

La construcción de sociedades pacíficas es un gran desafío para las democracias jóvenes de la región. Peor todavía: según LB, en toda la región sólo el 30% de los ciudadanos cree que la democracia garantiza la protección contra el crimen y sólo el 33% expresa confianza en la policía. Una región propensa al militarismo y captada por un temor – a veces exagerado – de victimización puede verse vulnerable a retrocesos en los procesos de democratización.

A su vez, las investigaciones llevadas a cabo por IEP durante los últimos cinco años indican que los países pacíficos también gozan de “mayores ingresos per cápita, mayores niveles de bienestar, más libertad, mayor sostenibilidad, y parecen tener una distribución más equitativa de gasto social. Lo importante no es si la paz lleva a dichas abundancias, sino la comprensión de que lo que lleva a una sociedad pacífica también abre paso a una expresión más plena del potencial humano en sus diversas formas”. Sobre todo, son países durables (“sostenibles socialmente”, según el informe) como Islandia, que en 2011 volvió a ocupar la primera posición en el Índice de la Paz después de su caída a causa del choque financiero que sacudió el país en septiembre y octubre de 2008. Lo impresionante es que no obstante la severidad de la crisis que vivió el país, Islandia no cayó más de una sola posición en el ranking, al segundo lugar. Japón, en el tercer puesto, ha mantenido una sociedad pacífica pese a la tragedia del tsunami y el desastre nuclear, y Nueva Zelandia, segundo en el ranking, sostiene una sociedad pacífica y cohesionada a pesar de la diversidad étnica de la población.

¿Cómo han podido estos países construir sociedades tan durables? El IEP identifica algunas Estructuras de Paz que a la vez contribuyen a y se benefician de la construcción de sociedades pacíficas. Son: gobierno de buen funcionamiento, entorno empresarial sólido, distribución equitativa de recursos, reconocimiento de los derechos de los demás, buenas relaciones con los países vecinos, libre flujo de información, altos niveles de educación, bajos niveles de corrupción. Son interdependientes y van reforzándose uno al otro. “La ausencia de cualquiera arriesga la creación de una sociedad más pacífica”.

Son, a la vista, estructuras que se crean mediante la democracia justa, instituciones buenas y sólidas, un marco legal estable y alta transparencia en la gestión del país.

El Índice de la Paz en América Latina

Uruguay se coloca por segundo año en el primer lugar de América Latina del Índice de la Paz y el 21 ° en el global , con un puntaje de 1.521 (la escala para cada indicador y para el puntaje total es de 1 a 5, siendo 1 más pacífico). Costa Rica se ubica en el segundo lugar gracias a sus bajísimos niveles de militarización. Chile, líder de la región durante los primeros tres años del Índice sigue en tercera posición por segundo año a causa del continuo aumento de excesos por parte de las fuerzas de seguridad interna y la policía, y un incremento en la tasa de homicidios. Colombia ha disfrutado del mayor progreso en puntaje este año, de 2.787 en 2010 a 2.7 en 2011, no obstante lo cual el país no se ha movido en el ranking, quedándose en el último lugar gracias a los altos niveles de homicidio, desplazamiento interno, falta de respeto de los derechos humanos, conflicto interno organizado y criminalidad percibida.

México y Guatemala tuvieron fuertes bajas de puntaje y se colocan en el 20 ° y el 22 ° lugar respectivamente. Ambas declinaciones reflejan el empeoramiento de los niveles del conflicto interno y el crimen organizado vinculados al comercio de drogas ilegales.

La percepción de la criminalidad es alta y embarca toda la región: Uruguay (2.5) es el único país que obtiene menos de 3 en este indicador, y la percepción llega a su pico en Venezuela (4.5) y Guatemala (5). Los niveles de homicidio son altos: una friolera de nueve países recibe puntos de 5: Brasil, Trinidad y Tobago, Guyana, República Dominicana, El Salvador, Honduras, Venezuela, Guatemala y Colombia.

La región tiene un promedio de 3.07 en la probabilidad de manifestaciones violentas: mala señal para la sana representación democrática y la participación cívica. El puntaje promedio de la facilidad de acceso a armas pequeñas y ligeras es 3.57: sólo Argentina (2) lleva un puntaje menor de 3.

El Latinobarómetro y las percepciones de la violencia

¿Cómo ven los ciudadanos latinoamericanos el cuadro preocupante presentado por el Índice de la Paz, y cómo puede la sociedad enfrentar a este problema?

En primer lugar, el temor es desproporcionado y amenaza con llevar a la exigencia de soluciones militaristas y cortoplacistas. Según LB, “se trata de una región ‘capturada' por el clima de opinión de que el crimen, la delincuencia, se ha tomado la agenda informativa y domina las comunicaciones sociales”. En Costa Rica, por ejemplo, el 50% de la población teme ser víctima de un delito todo o casi todo el tiempo y un 66% dice que vivir en el país es cada día más inseguro. Esto, en un país que disfruta de uno de los mayores niveles de paz de la región. En Uruguay, también, los ciudadanos identifican la delincuencia, la violencia y las pandillas como problema más importante, y el 44% de ellos cree que vivir en el país es cada día más inseguro.

Como ya vimos, pocos latinoamericanos creen que la democracia es garantía de la seguridad. Sin embargo, sí creen que el estado puede resolver el problema de la delincuencia (61% en promedio), y esto debe preocuparle a los demócratas de la región: los cantos de sirena de un estado fuerte con tendencias antidemocráticas podría volverse tentador.

Un detalle revelador: sólo en Uruguay más de un 50% de la población cree que los ciudadanos cumplen con la ley (54%) y en varios países los resultados son pésimos: Guatemala (19%), Colombia (19%), Bolivia (16%) y Perú (12%). ¿Acaso no tiene algo que ver? Si en promedio el 31% de los latinoamericanos cree que los ciudadanos no cumplen con la ley, ¿cómo puede creer el 61% de ellos que el estado pueda resolver el problema de la delincuencia? Si el estado no puede hacer cumplir las leyes, ¿cómo pueden pensar los ciudadanos que tal estado pueda combatir la violencia y la inseguridad generalizada?

Como ya se ha preguntado José Ignacio García Hamilton, ¿cómo pueden construirse las Estructuras de Paz sobre una base social en que es aceptable el incumplimiento de la ley, en que las leyes no son vistas como restricciones autoimpuestas para el bien de la sociedad? Según Latinobarómetro, es importantísimo mantener un diálogo razonable, realista y de largo plazo sobre el problema de la inseguridad ciudadana en América Latina, en que tanto los líderes como los ciudadanos se involucren en la construcción de una sociedad pacífica.