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Carlos Malamud

Mercosur: entre la bronca del discurso antiimperialista y el proteccionismo nacional-bolivariano

(Infolatam) En la Cumbre de Montevideo se prestó más atención al azaroso vuelo de Evo Morales, a las desventuras de Edward Snowden o al espionaje masivo de EEUU en América Latina que a los problemas reales del bloque. El ingreso de Venezuela en Mercosur ha tornado en inevitable lo que era previsible, el predominio de la política sobre la economía y el comercio. Si bien sin política no se puede avanzar en la integración regional, tampoco se irá muy lejos sólo con declaraciones altisonantes de corte imperialista.

Por Carlos Malamud
Twitter: @CarlosMalamud
15 de julio de 2013
 

(Infolatam) Mercosur está atravesando uno de los momentos más críticos de su historia y ni la reciente Cumbre celebrada en Montevideo pudo acallar los problemas de fondo que se arrastran de una Cumbre a otra. Ya no se trata sólo de aquellos que enfrentaban (y lo siguen haciendo) a los países pequeños con los grandes (Uruguay y Paraguay versus Argentina y Brasil). Ahora han emergido cuestiones mucho más serias que amenazan la pervivencia del otrora modélico proceso de integración subregional de América Latina.

Hoy hay en juego temas mucho más serios, como el proteccionismo a ultranza de Argentina, considerablemente reforzado tras el ingreso de Venezuela, que amenaza la inserción internacional de Mercosur. Y no es que Brasil o Uruguay no sean proteccionistas, pero las diferencias con los otros son abismales. Estas pulsiones contrarias a la libertad de los intercambios comerciales se reflejan en el breve listado de tratados de libre comercio (TLC) firmados por Mercosur: Israel, Palestina y Egipto. Con la UE la negociación está en un limbo de muy difícil retorno y con EEUU no hay noticias de pre-conversaciones de ningún tipo.

Para hacer más difíciles las cosas los países del Mercosur no pueden negociar tratados de forma individual sino colectivamente. Uruguay quiso abrirse camino con un acuerdo de inversiones con EEUU y fue severamente reprimido y reconducido disciplinadamente al redil. Ahora le ha llegado el turno a Brasil, que ve con una preocupación en aumento como el crecimiento económico basado en el desarrollo del mercado interior ha tocado techo y es necesaria una nueva oleada aperturista. Pese al coqueteo europeo, o proveniente de otras latitudes, Brasil no puede dar pasos en solitario salvo que esté dispuesto a acabar con Mercosur.

Hasta ahora, los gobiernos de Brasilia han apostado por la “paciencia estratégica” con Argentina, aguantando todo, y más, en aras de la supervivencia del bloque, considerado un proyecto estratégico. Sin embargo, ante los nuevos aires que invaden la economía global, con macro TLC en discusión, como el TPP (Trans Pascific Partnership) o el TAFTA (Trans Atlantic Free Trade Agreement), son cada vez más las voces brasileñas que claman por que Brasilia negocie por su cuenta y luego que se sume el que quiera, o por enterrar a Mercosur y dejar librada a Argentina (y al kirchnerismo) a su suerte. Entre las voces más poderosas destacan la de los industriales paulistas de la FIESP (Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo) o los grandes agricultores, que ven que de mantenerse el actual rumbo comercial y el aislamiento global el futuro del país estaría condenado.

En la Cumbre de Montevideo se prestó más atención al azaroso vuelo de Evo Morales, a las desventuras de Edward Snowden o al espionaje masivo de EEUU en América Latina que a los problemas reales del bloque. Es más, estaba prevista una reunión bilateral a “agenda abierta” entre Dilma Rousseff y Cristina Fernández, al margen del programa oficial, pero por determinados problemas no suficientemente aclarados debió cancelarse. Después del último encuentro de ambas presidentes, que según fuentes brasileñas terminó fatal, era necesario aquietar las desavenencias mutuas, pero mal debían estar las cosas para que ni siquiera pudieran reunirse y conversar amigablemente.

Tampoco hubo una discusión profunda y al más alto nivel sobre los impactos económicos que para la región supondrían el TPP y el TAFTA. Para algunos gobiernos del Mercosur el libre comercio sigue siendo un tabú. En su momento Venezuela impulsó el ALBA (inicialmente Alternativa Bolivariana de las Américas) frente al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), el proyecto estadounidense de crear un gran mercado desde Alaska a Tierra del Fuego. La Venezuela de Hugo Chávez impulsó en su momento, junto a Cuba y Bolivia, el TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos), en un documento que literalmente satanizaba al libre comercio como herramienta imperialista de dominación y explotación de los pueblos latinoamericanos.

Es verdad que Rousseff señaló en la Cumbre que: “Mercosur debe tener una política externa que refleje todas nuestras potencialidades. En este espíritu creo que una nueva agenda de inserción externa para el Mercosur podría contemplar cronogramas más acelerados para la negociación comercial entre el Mercosur y otros países de América del Sur y también con la Unión Europea”. Pese a ello, las respuestas no fueron demasiado ilusionantes y no permiten pensar, a corto plazo, en un cambio de tendencia.

El otro problema al que no se dio solución ninguna, ni se profundizó en la discusión de cómo debían hacerse las cosas para hacerlas bien, fue el retorno de Paraguay. Tanto el presidente saliente como el entrante han coincidido en que para facilitar el regreso de su país a Mercosur el gobierno de Asunción debería ostentar la presidencia pro témpore rotatoria en lugar de Venezuela. En lugar de dar una respuesta adecuada, todos los presidentes presentes en Montevideo invocaron nuevamente su profundo amor por Paraguay pero ninguno quiso reconocer el error cometido al apartarlo de la disciplina del Mercosur. Es más, dando una clara idea de por dónde iban a ir las cosas en un contexto de creciente autoritarismo, el ministro argentino de Exteriores, Héctor Timerman dijo: “Paraguay va a volver al Mercosur… [pero] la vuelta implica la aceptación de todo lo que hemos hecho hasta ahora”, comenzando por la incorporación de Venezuela.

El ingreso de Venezuela en Mercosur ha tornado en inevitable lo que era previsible, el predominio de la política sobre la economía y el comercio. Si bien sin política no se puede avanzar en la integración regional, tampoco se irá muy lejos sólo con declaraciones altisonantes de corte imperialista. La presencia de Evo Morales en la cita de Montevideo dotó al encuentro de una gran carga emotiva y sirvió de cauce a los retóricos discursos presidenciales. A su vez, y esto es lo grave, fue la gran excusa para no hablar de los graves problemas, como el proteccionismo nacional-bolivariano, que están hipotecando gravemente el futuro del bloque.

Fuente: (Infolatam)

 
Acerca del autor
Carlos Malamud
Carlos Malamud
Carlos Malamud es Investigador Principal para América Latina en el Instituto Real Elcano.
Twitter: @CarlosMalamud