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Carlos Malamud

Aerolíneas Argentinas, proteccionismo e integración regional

(Infolatam) Lo que se está viendo en América Latina tras años de un discurso integracionista refractario al libre comercio y a la economía, es que ni la política de forma aislada, ni la homogeneidad política o ideológica, son garantía alguna para avanzar de forma decidida en la integración regional.

Por Carlos Malamud
Twitter: @CarlosMalamud
5 de septiembre de 2013
 

(Infolatam) En los últimos 15 años la idea de la integración regional se sumó de forma decidida al discurso oficial de la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos. La idea de la Patria Grande, bolivariana para algunos, se convirtió en una poderosa palanca de progreso y de bienestar para el futuro del continente.

Sin embargo, más allá de las enormes ventajas teóricas enunciadas, los intereses nacionales y las malas prácticas gubernamentales asoman continuamente, poniendo zancadillas a las iniciativas más imaginativas. El gobierno de Cristina Fernández ha decidido nuevamente asestar un duro golpe a la integración regional, como se ha podido observar a partir del frustrado intento de desalojar a la empresa aeronáutica LAN del aeropuerto metropolitano de Buenos Aires. Se trataba de una medida destinada a lograr el abandono de todas sus rutas interiores (vuelos domésticos o de cabotaje).

Desde hace varios meses, LAN sufre un hostigamiento constante en sus operaciones, especialmente en Aeroparque pero también en Ezeiza. Después de que se materializara el pedido de un organismo oficial para el desalojo de un hangar en Aeroparque, la tensión entre LAN y el gobierno argentino se intensificó. Sindicatos y trabajadores comenzaron a hacerse oír ante el riesgo de perder sus empleos.

En este contexto se difundió en You Tube un video en el que aparecía el presidente de la estatizada Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde, militante del movimiento kirchnerista La Cámpora, confesando a un grupo de seguidores que le había solicitado a la presidente Fernández la expulsión de LAN de la mayoría de las rutas internas que opera en la actualidad. Si bien las cosas no llegaron a mayores, la preocupación por el deterioro de la relación bilateral argentino-chilena ha ido en aumento.

El precedente no tan lejano del enfrentamiento entre Argentina y Uruguay por la construcción de dos fábricas de pasta de celulosa estaba en el ambiente. De todos modos, lo que evidenció de forma clara el conflicto en torno a LAN fue la escasa o nula importancia que para las autoridades argentinas tiene la integración regional. Una cosa es llenarse la boca de altisonantes discursos de corte nacionalista y antiimperialista sobre las virtudes de la integración regional y otra trabajar de forma consecuente para impulsar el proceso. En la última década había sido relativamente sencillo reunir a las instancias multilaterales, como Unasur o la CELAC, cuando había un conflicto político que resolver o se trataba de condenar las trabas puestas por países europeos para que el avión de Evo Morales retornara sin complicaciones de Moscú a La Paz.

Otra cosa muy distinta es resolver problemas concretos que afectan intereses económicos tangibles. Cuando ocurrió el mencionado diferendo entre Argentina y Uruguay, tanto Brasil como el Mercosur sólo supieron mirar para otro lado en vez de intentar resolver el conflicto. Resulta lamentable que un país latinoamericano, en aras de proteger su economía, levante constantemente barreras que limiten el protagonismo económico de sus vecinos y que el objetivo de cielos abiertos diste mucho de ser alcanzado a escala regional.

En el caso de Aerolíneas Argentinas nos enfrentamos a una compañía fuertemente deficitaria y que recibe subsidios millonarios del gobierno nacional para poder subsistir. A este hecho se une otra cuestión no menor y es que Aerolíneas Argentinas pierde más dinero en las rutas internacionales y gana más en las internas, especialmente en aquellas donde no tiene competencia y puede fijar los precios sin problemas de ningún tipo. De ahí el interés de los gestores de la compañía de bandera por recuperar un monopolio perdido años atrás.

A esto se suma otra cuestión importante y es la lucha por la conquista de mercados entre una empresa privada y otra de ámbito estatal. En esta lucha es obvio que no rigen los principios de libre competencia y que el aparato del estado, según la lógica de algunos gobernantes, especialmente aquellos que más desprecian las leyes y las instituciones, está para proteger únicamente a sus empresas. Y aquí los prejuicios gubernamentales sobre el papel de la empresa privada, no sólo como fuente de riqueza sino también como factor de integración, son elevados.

En América Latina el nacionalismo sigue siendo una lacra peligrosa y uno de los enemigos más conspicuos de la integración. De ahí que resulte aleccionador lo que está ocurriendo entre Chile y Perú, que están a la espera de recibir el fallo de la Corte Internacional de La Haya sobre el conflicto por el límite marítimo que los enfrenta. A diferencia de lo ocurrido en numerosas ocasiones anteriores, en esta oportunidad los dos gobiernos se han mostrado sumamente cuidadosos en no azuzar las pasiones nacionalistas contra el vecino.

La importancia de las inversiones chilenas en Perú y de las peruanas en Chile, con un notable aumento de los flujos de personas, capitales y mercancías, ha mejorado la percepción del otro y ha propiciado un mayor conocimiento de las ventajas de la integración. Lo que se está viendo en América Latina tras años de un discurso integracionista refractario al libre comercio y a la economía, es que ni la política de forma aislada, ni la homogeneidad política o ideológica, son garantía alguna para avanzar de forma decidida en la integración regional.

Fuente: (Infolatam)

 
Acerca del autor
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Carlos Malamud
Carlos Malamud es Investigador Principal para América Latina en el Instituto Real Elcano.
Twitter: @CarlosMalamud