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Carlos Malamud

Las FARC y el reconocimiento del daño social

(Infolatam) Por primera vez en su dilatada historia las FARC han reconocido que sus acciones armadas han afectado a la población civil y no sólo a los militares. Como buenos jugadores de ventaja pretenden que cualquier concesión, incluyendo la más mínima, sea seguida por una ganancia mayor. Por eso, sólo 48 horas después de su anterior declaración negaron haber cometido “crímenes de lesa humanidad”.

Por Carlos Malamud
Twitter: @CarlosMalamud
3 de noviembre de 2014
 

(Infolatam) Las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC han cumplido dos años. El plazo ha resultado claramente insuficiente para concluir un acuerdo definitivo, más allá del inicial optimismo gubernamental que confiaba alcanzarlo en poco menos de seis meses. Sin embargo, la buena noticia es que la guerrilla colombiana, una de las más longevas y sanguinarias de América Latina, sigue negociando y sentada a la mesa.

Pese a ello, buena parte de los colombianos descree de posibles avances concretos o de un cierre positivo de las conversaciones. Una encuesta reciente muestra que si bien aumentó el respaldo al proceso de paz (pasó del 33% de hace un año al 41% actual), disminuyó la percepción sobre un acuerdo final (52% respecto al 61% en octubre de 2013). Por eso, un 77% está de acuerdo con que las FARC dejen las armas y un 71% rechaza la participación electoral de los más altos dirigentes guerrilleros.

Tanto escepticismo descansa en la escasa credibilidad de las FARC entre los colombianos. El dolor y el sacrificio al que sometieron a la población condicionan la valoración de la opinión pública. Un 85% de los encuestados rechaza una condena sin cárcel para los jefes guerrilleros y un 69% es contrario a eximir de prisión a los combatientes rasos y condenar a entre cinco y ocho años a los dirigentes, como ocurrió con los paramilitares de extrema derecha desmovilizados entre 2003 y 2006.

Este estado de opinión está condicionado por la conducta y las declaraciones de los dirigentes terroristas. Pese a algunos avances en el reconocimiento de sus responsabilidades, también encontramos una fuerte resistencia a asumir el daño inflingido a miles de víctimas inocentes y un uso permanente del doble lenguaje. La propaganda de las FARC sigue manejando un discurso victorioso y guerrerista que no sólo descarga la suma de todos los males en el imperialismo y un estado al servicio de la oligarquía, sino también pretende eximir de responsabilidad a la organización, sus cuadros y combatientes.

Por primera vez en su dilatada historia las FARC han reconocido que sus acciones armadas han afectado a la población civil y no sólo a los militares. Según el jefe guerrillero Pablo Atrato: “Reconocemos explícitamente que nuestro accionar ha afectado a civiles en diferentes momentos y circunstancias a lo largo de la contienda, que al prolongarse ha generado mayores y múltiples impactos, pero jamás como parte de nuestra razón de ser”. En su combate al enemigo han afectado “de alguna manera” “a la población que ha vivido inmersa en la guerra”. Obviamente que esas “afectaciones” fueron errores involuntarios o “consecuencias no previstas en circunstancias de guerra”.La salvedad es importante por cuanto parece un atajo para intentar asumir la menor responsabilidad posible.

Como buenos jugadores de ventaja pretenden que cualquier concesión, incluyendo la más mínima, sea seguida por una ganancia mayor. Por eso, sólo 48 horas después de su anterior declaración negaron haber cometido “crímenes de lesa humanidad”. Pablo Catatumbo, uno de sus comandantes presentes en La Habana, dijo: “Nuestras responsabilidades no son en ningún caso por la comisión de crímenes de guerra o de lesa humanidad”, ya que “cuando en algunas de nuestras acciones militares realizadas durante el conflicto se han causado víctimas no combatientes, ello nunca se ha debido a la perpetración de ataques intencionados contra la población civil”.

En realidad todo se basaría, según su interpretación, en el accionar de quienes buscan “confundir al pueblo colombiano y a la comunidad internacional al presentar a la guerrilla… como una organización que habría venido cometiendo crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra durante el largo conflicto armado”. Por eso, en el caso de haber cometido “las supuestas estrategias criminales de las que se nos acusa”, habrían perdido “todo el apoyo de amplios sectores populares que sustentan nuestra lucha”.

Como muestran las encuestas ese apoyo estaría definitivamente perdido. Sin embargo, el gobierno colombiano insiste en seguir negociando ya que la capacidad de daño de las FARC sigue siendo alta. Pensando ya en el postconflicto el presidente Juan Manuel Santos ha iniciado esta semana una gira que lo lleva por seis capitales europeas: Madrid, Bruselas, Paris, Berlín, Lisboa y Londres. Más allá de su búsqueda de apoyos políticos y financieros para una posible construcción de la paz, a Santos le queda la difícil tarea de convencer a sus conciudadanos de las bondades del proceso. Como las FARC no se lo ponen ni se lo pondrán fácil su labor pedagógica deberá ser intensa, aunque de momento no se contemplan demasiados frutos.

Fuente: Infolatam (Madrid, España)

 
Acerca del autor
Carlos Malamud
Carlos Malamud
Carlos Malamud es Investigador Principal para América Latina en el Instituto Real Elcano.
Twitter: @CarlosMalamud