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Adolfo Garcé
Al otro lado del río
Por Adolfo Garcé
29 de octubre de 2015
(El Observador) Sabemos, hace rato, que los vaivenes de la economía argentina tiene una fuerte incidencia, para bien y para mal, en la nuestra. Pero habrá que estar muy atentos también al eventual impacto del balotaje entre Scioli y Macri, y de los movimientos de Massa, sobre la estrategia política futura de la oposición uruguaya.
 

(El Observador) Cuando todo parecía indicar que Daniel Scioli se alzaría sin problemas con otra victoria electoral, entre Mauricio Macri y Sergio Massa se las ingeniaron para abrir un enorme signo de interrogación. Habrá balotaje. Y nadie sabe quién terminará ganando. No soy un experto en la política argentina. Por eso, no voy a entrar en detalles y, mucho menos, a arriesgar un pronóstico. En cambio, me propongo mirar hacia el otro lado del río pensando en Uruguay.

Los dilemas estratégicos de la oposición, en ambos orillas, tienen grandes puntos de contacto. En Argentina hace muchos años que diversos actores y partidos (desde Carrió hasta Macri, pasando por Massa) están “unidos en la crítica”. Pero no han podido conformar un proyecto alternativo al del gobierno. Las dos principales figuras de la oposición, en ese sentido, convergen casi perfectamente. Sin embargo, no han construido un proyecto común. Tampoco está claro, todavía, si lo harán en el contexto del inminente balotaje. ¿Qué harán, durante los próximos días, Macri y Massa? ¿Construirán o no una coalición formal? ¿Acaso Macri puede vencer a Scioli sin un apoyo decidido, abierto, explícito, militante, de Massa? ¿Aprovechará su gran oportunidad la oposición o la dejará pasar? ¿Por qué el tercero no sale más decididamente a auxiliar al segundo? ¿Qué hay por detrás de esta reticencia?

La respuesta es sencilla. Detrás de la cautela de Massa hay, en esencia, cálculos de mediano plazo. Parece claro que no se resigna a ser solamente rueda de auxilio del rival de Scioli. Ahora mismo, aunque la elección la decidirán los casi 5 millones de argentinos que lo votaron en la primera vuelta, se las ingenia para no dar señales claras. Es que la estrategia de Massa, dicen al otro lado del río, va mucho más allá de esta elección. Ahora prefiere que el kirchnerismo caiga derrotado. Pero esto sería, apenas, un paso que le permitiría avanzar más rápidamente hacia su objetivo más anhelado: convertirse en el líder de la renovación peronista1.

Massa quiere que gane Macri pero sin pagar el precio de asociar demasiado estrechamente su imagen al discurso liberal y gerencialista del líder del PRO. Apuesta a que gane Macri, agrego yo, sin comprometerse demasiado públicamente a apoyar su gestión de gobierno. Prefiere que gane Macri. Pero sospecho que ya está pensando en cómo derrotarlo dentro de cuatro años (me lo imagino parado en la vereda de enfrente, señalando fracasos del líder del PRO, y argumentando que a Argentina solamente la puede gobernar el peronismo).

En Uruguay hace diez años que blancos y colorados coinciden en la crítica a los gobiernos del Frente Amplio pero sin articular un proyecto alternativo común. Aunque vienen de trayectorias distintas y cultivaron, históricamente, tradiciones ideológicas diferentes, los dirigentes colorados y blancos coinciden mucho más entre sí, en términos programáticos, que Massa y Macri. Desde luego, como siempre, colorados y blancos compiten ardorosamente entre sí. Y esta competencia por el segundo lugar en el ranking es un obstáculo serio para cualquier estrategia que les permita sumar esfuerzos para desplazar al FA.

De todos modos, empiezan a aparecer algunas señales orientadas a avanzar en la dirección de una mayor cooperación interpartidaria. Remito al lector, en ese sentido, a las manifestaciones recientes del líder nacionalista Jorge Larrañaga: “Para sustituir el proyecto frentista –publicó en la página de Alianza Nacional– se necesita otro proyecto. Y ese proyecto requiere que iniciemos un relevamiento de coincidencias, que superemos diferencias, que transitemos caminos de diálogo y de cooperación”2. Esta definición política es muy novedosa. Hasta ahora ningún líder de la oposición había esbozado este camino de búsqueda de “coincidencias”, de “diálogo y cooperación”. ¿En qué está pensando concretamente Larrañaga? ¿Qué piensan los demás líderes de la oposición de un planteo como éste?

Me pregunto, también, cómo impactará en la suerte de esta iniciativa tanto el resultado del balotaje del 22 de noviembre como las estrategias que desplieguen, durante estas cuatro semanas, Macri y Massa.

Si el líder del PRO le termina ganando al candidato del oficialismo sin construir una coalición electoral formal con Massa, le resultará más difícil a Larrañaga convencer a los demás dirigentes colorados y blancos de la necesidad de construir, desde ya, pensando en el 2019, una alternativa al FA. Pero si los partidos de oposición en Argentina, por priorizar la competencia entre sí, terminaran desperdiciando la oportunidad de desplazar al kirchnerismo, la convocatoria del líder blanco podría llegar a tener un impacto muy importante sobre los demás dirigentes opositores.

Sabemos, hace rato, que los vaivenes de la economía argentina tiene una fuerte incidencia, para bien y para mal, en la nuestra. Pero habrá que estar muy atentos también al eventual impacto del balotaje entre Scioli y Macri, y de los movimientos de Massa, sobre la estrategia política futura de la oposición uruguaya.

1- En esto parecen coincidir los analistas argentinos. Ver, por ejemplo, la columna de Joaquín Morales Solá:

2- Columna de Jorge Larrañaga, publicada el 25/10: “El Uruguay dividido”.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

 
Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.