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Carlos Malamud

La reelección en Ecuador: el culebrón inacabado

(Infolatam) Sería la primera vez en la historia reciente de América Latina en que una reforma constitucional realizada para introducir alguna variante reeleccionista no se hace en beneficio directo del presidente en ejercicio.

Por Carlos Malamud
Twitter: @CarlosMalamud
16 de noviembre de 2015
 

(Infolatam) A finales de la semana pasada Rafael Correa hizo un importante anuncio vinculado a la tramitación de la reforma constitucional que habilitaría la reelección indefinida en Ecuador. Se trataba, en sus palabras, de introducir una cláusula transitoria para impedir que el presidente y otros cargos con dos mandatos en ejercicio se presentaran a las elecciones de 2017. De este modo la reforma sólo entraría en vigor en 2021. Su explicación fue muy sencilla y contundente: “Lo importante no es que se reelija [a] Rafael Correa, es que se reelija [a] la Revolución Ciudadana”.

La trascendencia de sus palabras es enorme y de grandes implicaciones futuras. De cumplirse lo señalado sería la primera vez en la historia reciente de América Latina en que una reforma constitucional realizada para introducir alguna variante reeleccionista no se hace en beneficio directo del presidente en ejercicio. Y esto es algo que sin duda alguna habría que apuntar indudablemente en el haber de Correa.

Entre los distintos argumentos esgrimidos alude a que ha llegado el momento de retirarse, al cansancio tras un tiempo prolongado en el ejercicio del poder (casi nueve años), a obligaciones familiares y a su escasa vanidad. En relación con esto último citó a Juan Manuel Serrat, queriendo mencionar a Antonio Machado, por aquello de que nunca persiguió la gloria. “Uno tiene su vanidad también, legítima vanidad, yo en esto estoy arriesgando mi reputación, porque ya hay una campaña y puede quedar para la historia, que yo busqué esto (la reelección) por propio beneficio, porque me quiero perennizar en el poder y créanme que nada más alejado de la verdad. Estaba dispuesto a sacrificar incluso esa saludable vanidad, por estar donde me necesite el proceso histórico de la Revolución Ciudadana”.

Igualmente mostró su convencimiento de que su partido, Alianza País, se impondría en las próximas elecciones: “como van las cosas, no es arrogancia, no es soberbia, con un adecuado trabajo, venceremos con otro candidato en el 2017”. El triunfo se produciría frente a una oposición fragmentada y sin discurso, que termina conformando alianzas entre una derecha partidaria de medidas “neoliberales, Tratados de Libre Comercio” y una izquierda incapaz de presentar propuestas constructivas. Tras señalar con ánimo triunfalista que “si hacemos bien las cosas y no caemos en la arrogancia y la soberbia, tenemos extraordinarios candidatos”, mencionó entre ellos al ex vicepresidente Lenin Moreno, al vicepresidente Jorge Glas y al ministro del Interior José Serrano.

Sin embargo, fiel a su estilo de permanente confrontación, Correa amenazó a la oposición si ésta no cumplía con lo que él entiende debe ser su papel político, un ente subordinado a la voluntad presidencial y no una alternativa de gobierno. Precisamente, al día siguiente de su trascendental anuncio afirmó tajante: “Si la oposición nos quiere volver al viejo país de la ingobernabilidad, del chantaje, del sometimiento, pues hay muerte cruzada o esperamos al 2021, y ahí nos vemos nuevamente en la urnas, el terror de que vuelva Correa va a hacer que se porten algo bien, algo decentemente”.

La amenaza es doble en caso de que las cosas no salgan convenientemente. En primer lugar se saca a relucir la posibilidad de que el ejecutivo disuelva el parlamento y se convoquen simultáneamente elecciones presidenciales y legislativas (muerte cruzada). Pero también la opción no descartada totalmente de un regreso triunfal de Correa tras un período con uno de sus seguidores al frente del gobierno.

¿Cómo interpretar las palabras de Correa? ¿Tacticismo? ¿Prudencia frente a una coyuntura marcada por el descenso del precio de las materias primas que amenaza graves complicaciones para su gobierno y el futuro? ¿Deseo legítimo de dar un paso al costado y retirarse definitivamente de la vida política? Dada la naturaleza del personaje esta última opción es prácticamente descartable. Correa considera la “revolución ciudadana” su creación más preciada como para dejarla en otras manos. Lamentablemente, más allá de las expectativas generadas por su anuncio, todo indica que nuevamente prevalecerán el personalismo y el caudillismo por encima de las instituciones y de la democracia.

Fuente: Infolatam (Madrid, España)

 
Acerca del autor
Carlos Malamud
Carlos Malamud
Carlos Malamud es Investigador Principal para América Latina en el Instituto Real Elcano.
Twitter: @CarlosMalamud