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Leandro Querido

Colombia: la elección de la paz

(Telam) La ciudadanía debe saber qué está votando, debe saber cuáles serán las condiciones de la entrega de las armas por parte de las FARC y qué impacto tendrán en el sistema político y en el sistema representativo. El plebiscito que podría llevarse a cabo este año debería estar a la altura del primer plebiscito que se realizó en Colombia, cuando en 1957, el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, debió convocarlo a efectos de realizar una salida democrática a la crisis.

Por Leandro Querido
Twitter: @leandroquerido
28 de julio de 2016
 

(Telam) Todo el proceso de paz que hasta ahora lleva alrededor de 45 meses de intenso trabajo culminará en una histórica elección. Un plebiscito le pondrá la rúbrica de la voluntad popular.

Después de más de medio siglo, el Estado de Colombia podría volver a tener el control total de su territorio. Esas zonas marrones (tal como las describiera el politólogo Guillermo O'Donnell) podrían dejar de serlo debido al avance que registran las negociaciones de paz. Con la entrega de las armas por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Estado vuelve a recuperar el monopolio de la fuerza física.

El tiempo ha pasado y aquel contexto latinoamericano signado por la emergencia de los movimientos revolucionarios que le dio razón de ser a las FARC concluyó definitivamente en el caos autoritario de Nicolás Maduro, etapa superior de la revolución bolivariana. A la izquierda latinoamericana le costará décadas sobreponerse al desastre chavista. Así lo entendió la conducción de las FARC. La cercanía con Venezuela no le traía buenas noticias. Una crisis de escasez se apoderó del país vecino y en consecuencia el financiamiento empezó a flaquear. Ante este escenario se debió tomar una decisión: negociar.

Enfrente estaba Juan Manuel Santos y su afán reeleccionista. Gracias a una estrategia que quedará grabada a fuego en el mundillo de la comunicación política pudo sobreponerse en un proceso electoral al que debió enfrentar con una de las imágenes más negativas de las que haya registro. La mayoría de los analistas con esas encuestas en la mano aseguraban que no podía reelegir. Sin embargo, en aquellas elecciones de 2014 el colombiano no elegía Santos o Zuluaga sino paz o guerra.

El elector estaba contra la pared y debió votar en consecuencia.

Las negociaciones avanzaron en un marco de profundo hermetismo. La sede de estas tratativas no por casualidad fue Cuba, el banco genético de Chávez, Maduro y las FARC.

Ahora la Corte Constitucional respaldó el pedido del presidente Santos de realizar un plebiscito para legitimar el proceso; sin embargo, dos problemas pueden empañar este suceso histórico. Por un lado, el vínculo estrecho entre las FARC, el narcotráfico y la minería ilegal. Desconociendo la autoridad "revolucionaria", algunas facciones de esta organización han informado que no se acogerán a lo negociado por miedo a perder sus "negocios".

La ausencia de una cultura electoral participativa representa el otro escollo a sortear. Colombia tiene voto no obligatorio y en las elecciones vota menos de la mitad del registro electoral. Si bien las encuestas le dan al "SÍ" una ventaja considerable ¿qué lectura deberá hacerse si más de la mitad de los colombianos no participa de esta elección? Los requisitos legales para que el instrumento electoral haga su efecto establece un módico piso del 13% del registro, es decir, alrededor de 4 millones y medio de votantes.

Este aspecto central depende mucho de la letra chica del contrato de paz. Hasta ahora no se conoce nada. ¿Tendrán las FARC o el movimiento político que las exprese curules o bancas pre asignadas? ¿Tendrán zonas electorales "garantizadas"? (algo que poco se relaciona con la democracia electoral). O por el contrario, se prestarán al juego de final abierto que implica todo proceso eleccionario competitivo.

Esto no está claro aún y nada dice que lo esté en el marco de la realización de la elección. Cabe destacar que la tasa de aprobación de plebiscitos en América latina está apenas por arriba del 50%.

Esta falta de información por parte de la ciudadanía puede llevar a todo el proceso electoral a una encrucijada: una plancha electoral con un "SÍ" y un "NO" a la "PAZ" a secas, sin detalles, debilitaría la legitimidad del resultado y podría afectar el nivel de participación.

Para que este proceso tenga un final feliz requiere de parte de los negociadores información. La ciudadanía debe saber qué está votando, debe saber cuáles serán las condiciones de la entrega de las armas por parte de las FARC y qué impacto tendrán en el sistema político y en el sistema representativo.

El plebiscito que podría llevarse a cabo este año debería estar a la altura del primer plebiscito que se realizó en Colombia, cuando en 1957, el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, debió convocarlo a efectos de realizar una salida democrática a la crisis. Allí se conformó el Frente Nacional en donde los partidos tradicionales, el Liberal y el Conservador acordaron terminar con las hostilidades y concertaron reglas de alternancia en el poder. Su carácter aún fue más trascendente cuando consagró el voto femenino.

¿Estará el plebiscito de la paz a la altura de las circunstancias? De los aspectos planteados en este artículo en parte depende.

Fuente: Télam (Buenos Aires, Argentina

 
Acerca del autor
Leandro Querido
Leandro Querido
Politólogo especializado en observación electoral y director ejecutivo de Transparencia Electoral.
Twitter: @leandroquerido